LA NUEVA MAYORÍA Y LA VIEJA HEGEMONÍA

Reproducimos la columna de Jorge Ramírez, Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, publicada en Chile B.

Una sobreabundancia de encuestas de opinión publicadas durante esta semana (Adimark, Plaza Pública Cadem y UDP) permiten visualizar en perspectiva la evaluación ciudadana respecto de la conducción política y las expectativas generadas por el gobierno de la Nueva Mayoría.

El principal golpe externo al que ha visto expuesto la coalición de gobierno —como si las rencillas internas entre sus actores constitutivos, acaso no fueran suficientes— es el de sentir que ya no se gobierna a la comparsa de una hegemonía que propiciaba un clima de opinión favorable a sus reformas estructurales. Los datos permiten plantear la hipótesis de que dicha hegemonía se debilita paulatinamente.

En efecto, un 50% de la población rechaza la reforma educacional según cifras de Adimark, y quienes colman los calles, ya no son los estudiantes, sino que los padres y apoderados motivados por la incertidumbre frente al eventual cierre de colegios. La perspectiva en el tiempo de esta reforma en otras de las encuestas, como es Plaza Pública Cadem, permite constatar que desde abril a la fecha, su rechazo ha aumentado en 20 puntos porcentuales. Y si bien corresponde a otro ámbito, no deja de ser sintomático que el gremialismo haya obtenido un triunfo aplastante en la última elección de la FEUC con un discurso crítico de la reforma educacional, en una de las cunas del movimiento estudiantil, cuyos ex dirigentes y hoy parlamentarios, dicho sea de paso, son desaprobados por el 52% de la ciudadanía.

En otro aspecto, a partir de una apuesta de politización de la desigualdad, la reforma tributaria se presentaba como una pócima a la inalterable distribución del ingreso. Sin embargo, el escepticismo y el juicio crítico para con esta reforma también se hizo patente, un 48% de los encuestados por Adimark la desaprueba, siendo incluso más categóricos al mencionar que consideran que afectará negativamente a la clase media (65%) y disminuirá la oferta de empleos (57%).

Así las cosas, la desaprobación del Gobierno en torno al 50% según la última encuesta UDP, y niveles discretos de aprobación presidencial, en torno a un 43%, sólo son el correlato de una situación en la cual la Nueva Mayoría se encuentra algo desconcertada frente a una ciudadanía crítica y recelosa de un mandato que se erigió sobre una hegemonía que hoy está abierta a ser cuestionada.

Una de las reacciones más espontáneas frente al sentimiento de pérdida, es la negación. Y al respecto, basta interpretar la lectura de algunos personeros de gobierno, que de cara a la pérdida de respaldo popular señalan: “la gente no entiende los beneficios de las reformas”. Más que negarse a asumir las falencias de sus reformas,  sería mejor que los dirigentes oficialistas adquieran conciencia de que poco a poco, y en tiempos de una política caracterizada por la identidades blandas,el fervor por sus reformas, al parecer, está pasando a ser parte de una vieja hegemonía.