REALISMO MÁGICO Y DEFAULT EN ARGENTINA

A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE FRANCISCO GARCÉS, DIRECTOR DEL CENTRO DE ECONOMÍA INTERNACIONAL DE LYD, PUBLICADA EN PULSO.

Tal como se suponía, la economía argentina tuvo el “colapso financiero anunciado” y cerró un ciclo de 13 años después del gran default de más de US$ 100.000 millones del 2001, con otro default. Los defaults de Argentina, desde 1828, llegan a ocho.

Algunos analistas argentinos, como Felipe Noguera, sostienen que las crisis financieras recientes siguen ciclos equidistantes, cercanos a los diez años, como los movimientos telúricos en el lado del Pacífico. Cabe señalar, sin embargo, que los dos últimos defaults son diferentes en  intensidad y magnitud. El que corresponde al 2001 fue un cataclismo sólo inferior al de Grecia, por su dimensión cercana a US$ 120 mil millones. La crisis o default actual afecta a cerca de US$ 30 mil millones y el Banco Central de la República Argentina tiene reservas internacionales cercanas a los US$ 29 mil millones y cuenta también con un swap de pesos por remimbi de aproximadamente US$ 11 mil millones, obtenido recientemente en la visita del Presidente Xi Jin Pin a Argentina en junio.

La economía argentina, como se sabe, es proverbialmente rica y cuenta con activos que puede licuar para hacer frente a obligaciones. Estos activos están en el área de la energía y de la agricultura, de gran demanda en las economías de Asia, cuyo dinamismo económico contrasta con la recesión en que ha caído la actividad económica argentina, en el primer semestre de este año. En el primer trimestre hubo una caída del 0,2% y en el segundo trimestre del presente año la declinación fue de -3,2%.

Se estima que en todo el 2014 la economía se contraerá en 1,2%, mientras la inflación estará en un rango de 35 a 40%.

Argentina tiene, además, los dos déficit “mellizos”: fiscal cercano al 2% y de balanza de pagos en cuenta corriente de 1,1% para el 2014. El desempleo está en un rango de 7 a 8% y la producción industrial caía a una tasa porcentual de 5% en mayo. La tasa de cambio en el curso de un año a fines de julio había pasado de 5,46 por dólar a 8,26 pesos por dólar (oficial) y el informal está a 12,77. En otros términos, pese al enorme potencial de la economía argentina, el país se encuentra en una fase cíclica de gran debilidad y en “default selectivo”.

El monto que los “bonistas de buena fe” de la reestructuración del 2002 debían haber cobrado el 30 de julio, asciende a US$ 539 millones, monto depositado por Argentina en el banco New York Mellon. Pero el Juez Griesa impidió el pago, hasta que no pague US$ 1.500 milllones, que reclaman judicialmente los hedge funds Aurelius y el NML Capital, ambos parte del 7% de acreedores que no aceptó ninguna quita en las reestructuraciones del 2005 y 2010. El resto de 93% aceptó un descuento de 75%.

Si se paga a los fondos especulativos los US$ 1.500 millones de dólares, podría provocar demandas de otros acreedores de los US$ 120 mil millones originales.

Argentina, por otra parte, ha continuado sus pagos de deuda al “Club de Paris” y a Repsol.

Las consecuencias económicas del default son significativas, aún cuando las autoridades políticas y económicas no quisieran reconocerlo, adormecidas en un largo sueño mágico y enarbolando el dilema de “Patria o buitres”.

En primer lugar, hay un efecto expectativas interno y externo y luego Argentina interrumpe su esfuerzo y objetivos de volver a los mercados internacionales de crédito, sin lo cual es imposible el desarrollo económico sostenido, por el alto costo del crédito y la escasa disponibilidad. La clasificación de riesgo de Argentina queda en D.

Un segundo aspecto es el impacto del default sobre la economía y la inversión, que se estima en un rango de 1 a 2% de mayor contracción del PIB. La bolsa argentina cayó 7,6% y el riesgo subió en 13,9% en 622 puntos básicos. Se han activado 744 millones de euros de seguros impagos.

El menor crecimiento económico y la menor disponibilidad de recursos financieros reducirán la disponibilidad de bienes en la economía y afectarán  el curso de la inflación, que se acentuaría por efecto de lo anterior y de la eventual devaluación del peso ante la escasez de moneda extranjera convertible.

Las presiones contractivas sobre la economía generarán mayor desocupación y la inflación afectaría los ingresos disponibles, que a su turno debilitarán la demanda y el consumo, todo lo cual llevará a mayor malestar y volatilidad social, aún cuando inicialmente encuentren algún eco las consignas nacionalistas y la caricaturización de los Hedge Funds acreedores (Holdouts) como “Fondos Buitres”. No parece, sin embargo, riesgosa la emergencia de un contagio internacional en América Latina.

El origen último de esta ruidosa y lamentable comedia de errores no es otro que las malas políticas públicas y el mal manejo de la deuda externa, basado en consignas políticas, en que además se han incluido irresponsablemente cláusulas excesivas de deuda con tal de obtener apresuradamente recursos que con la misma premura se malgastan, sin provecho económico y social.  Pero la mágica riqueza de Argentina ya está nuevamente operando y  dando indicaciones de resurgir, a través de los flujos netos de comercio que en el inicio del segundo trimestre ya insinúan mágicos “brotes verdes” de auxilio a las reservas internacionales.