EL OLMO NO DA PERAS

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JOSÉ RAMÓN VALENTE, CONSEJERO DE LYD, PUBLICADA EN LA TERCERA.

El vocero de Gobierno, Alvaro Elizalde, fue enfático en señalar, el lunes pasado, que el proyecto de reforma tributaria presentado por el gobierno y su tramitación en el Parlamento, nada tenían que ver con la desaceleración de la economía. Por su parte, el ministro de Economía se refirió a los magros resultados de crecimiento como “una desaceleración cíclica”, es decir, algo que es inevitable y totalmente ajeno a la gestión del gobierno.

Consecuentemente con los comentarios anteriores, el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, reiteró que el gobierno estaba tomando las medidas necesarias para revertir la alicaída marcha de nuestra economíay que dichas medidas consistían en aumentar el gasto público y el capital de las empresas públicas.

Los comentarios anteriores surgen como reacción a la presentación de las cuentas nacionales de los dos primeros trimestres realizada por el Banco Central, el lunes pasado. En ella se confirma una marcada desaceleración de nuestra economía. En efecto, durante el segundo trimestre de este año, la economía chilena creció sólo 1,9%, y al comparar el segundo trimestre con el primer trimestre de este año, el crecimiento fue de sólo 0,2% anualizado. Seguido de la presentación de las cifras del Banco Central, una serie de bancos y analistas privados se apresuraron a corregir las proyecciones de crecimiento de nuestra economía para el presente año a un nivel cercano al 2%. De ser este el guarismo final, el crecimiento del 2014 será el más bajo desde el retorno a la democracia, con la sola excepción de 1999 y 2009, cuando la economía chilena fue azotada por la crisis asiática y la crisis financiera internacional, respectivamente.

Las declaraciones de los personeros de gobierno parecen totalmente desconectadas de la realidad. De hecho, las expectativas empresariales como de los consumidores están en terreno negativo y disminuyendo. Por su parte, el dólar está en su cotización más alta desde el 2009. Estos son signos inequívocos de desconfianza en el futuro económico de nuestro país, a menos que los ministros piensen que todos los chilenos están equivocados, menos ellos. Prácticamente, no existe ningún analista privado -local o internacional- que no le asigne parte de la responsabilidad del bajo crecimiento a las propuestas programáticas del actual gobierno. El cóctel de reforma tributaria, reforma laboral, reforma educacional, nueva Constitución y sobre todo el relato antiempresa privada del actual gobierno, sin duda, son una parte significativa del motivo por el que la inversión ha caído durante los cuatro últimos trimestres, el empleo dejó de crecer y la economía está prácticamente estancada.

Si confundimos un olmo con un peral, por más que le pongamos abono y reguemos el olmo, éste no nos va a dar peras. De la misma forma, si no hacemos un diagnóstico adecuado de las razones que originan la fuerte desaceleración de la economía chilena, por más que aumentemos el gasto público, no vamos a cosechar más empleo, más inversión y mayor crecimiento económico.