LOS PROGRESISTAS Y EL FUTURO DE LA DC

Chile B

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN CHILE B.

Mucho se ha escrito sobre las dos almas de la Nueva Mayoría. Sin embargo, los protagonistas del reparto siguen dando material para profundizar en la administración y proyección de estas diferencias. Que en coaliciones amplias se generen discrepancias es normal, pero que éstas se produzcan en el que es, sin lugar a dudas, el motor del impulso que dio forma y sentido a la existencia de este nuevo acuerdo político programático, como es la reforma educacional, configura un escenario bastante desolador para quienes veían en este pacto político —tal y como está— una empresa política sustentable en el tiempo.

El veto ideológico al que se ha visto expuesto el mundo de la Democracia Cristiana por plantear ciertas objeciones completamente atendibles a una reforma educacional improvisada y con nulo apego a la realidad y necesidades de nuestro sistema educativo, tendrá consecuencias, pero no desde el mundo socialcristiano. Porque, seamos sinceros, el apego al poder puede más que la molestia ante un par de ácidas declaraciones de Rossi, Andrade, Quintana y compañía. Es decir, la hipótesis del descuelgue de la DC de la Nueva Mayoría parece completamente inverosímil. Sin embargo, una tesis que sí parece más realista es la del aislamiento por parte del mundo progresista hacia la DC; una suerte de “hacer vivir para dejar morir“.

Para avanzar en el aislamiento hacia la DC, la Nueva Mayoría ya ha tomado cartas en el asunto, y un actor que estaría dispuesto a protagonizar este nuevo capítulo sería nadie más ni nadie menos que Marco Enriquez Ominami. MEO es una carta segura de proyección presidencial, y los dirigentes del bloque progresista de la Nueva Mayoría lo saben, de ahí el repentino coqueteo con el líder del PRO. Por otra parte, condicionar la proyección del ciclo político transformador en un liderazgo de las características de MEO forzará necesariamente a la DC a adoptar posiciones aún más minoritarias dentro del bloque. La coyuntura crítica que marque el desenlace podría ser perfectamente la demanda por una Asamblea Constituyente. La configuración de un subpacto electoral pro AC de cara a las elecciones municipales aparecería como un intento de dinamitar el muro de contención que Walker solitariamente ha intentado construir, de ahí el temor de la DC a que este diseño electoral se permita en la reforma electoral.

Por si fuera poco, a la presión desde la izquierda se suma la competencia por el centro que representa la propuesta de Andrés Velasco para el mundo DC. Entonces, la decisión de Ignacio Walker en ningún caso es sencilla y, en este complejo escenario, cualquier movimiento —hacia la derecha o hacia la izquierda del espectro político— antes de llegar a una posición de jaque mate, parece ser vital para la supervivencia de la falange.

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Juan Ignacio Gómez