PEÑAILILLO Y EL ORDEN PÚBLICO

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN VOCES DE LA TERCERA.

El ministro del Interior, Rodrigo Peñaillilo, enfrentó la interpelación solicitada por la oposición y desarrollada por el diputado de Renovación Nacional por la Araucanía José Manuel Edwards. En primer lugar, habría que señalar que la interpelación es un dispositivo propio de los sistemas parlamentarios, de ahí que al no verse acompañada de cursos de acción concretos orientados a un cambio efectivo en la ratificación ministerial -a través de figuras tales como la censura ministerial- se deba comprender más bien como una institución con consecuencias en términos de determinación de la agenda pública y de clima de opinión, más que a nivel gubernamental.

El cuestionario presentado fue criticado en sistemáticos episodios del desarrollo de la interpelación por el ministro Peñailillo, porque en palabras del jefe de gabinete “no iba a los temas de fondo”. Curiosa percepción la del ministro. El grueso de las preguntas estuvieron vinculadas a temas centrales, tales como al manejo del orden público en La Araucanía, la fractura del estado de derecho, el desamparo de las víctimas y la impunidad de los violentistas en la región. Llamativo que un ministro del Interior, en este caso, desestime la agenda de orden público, porque durante la semana se le ha visto actuar de un modo distinto frente a la explosión de una serie de bombas en la Región Metropolitana.

Atendiendo al anterior punto, la interpelación cobra especial sentido. Mediante el contraste en la forma de hacer frente a delitos de evidente naturaleza terrorista en la Región de la Araucanía y la Región Metropolitana, el interpelador logró instalar un punto contingente y relevante no sólo para los habitantes de la Novena Región, pero las respuestas del ministro fueron más bien deficientes y confusas. Y las dudas respecto de la existencia de un doble estándar en la aplicación de la ley quedaron inevitablemente instaladas.

Peñailillo ha demostrado ser un político hábil en el plano de la negociación, sin embargo, hoy careció de sustento a la hora de enfrentar las preguntas de fondo. Por supuesto que el conflicto en La Araucanía tiene aristas históricas de larga data, pero pretender que en el hemiciclo el ministro respondiera preguntas vinculadas a la interpretación histórica de los sucesos, parece más bien ingenuo, cuando el tema apremiante está relacionado a las consecuencias del conflicto en términos de orden público.

El ministro del Interior deberá hacer frente a una agenda emergente relacionada al orden público. Los últimos acontecimientos tanto en Santiago como en la Araucanía han puesto al descubierto que el terrorismo es un flagelo del cual no estamos libres como sociedad. La experiencia muestra que el desarrollo de eventos terroristas puede marcar puntos de inflexión en el curso de los gobiernos. Es cosa de ver la experiencia norteamericana o la española, sólo por mencionar un par de casos.

Hasta el momento el ministro Peñailillo sólo había abordado temas donde él ponía los términos de la discusión. En este sentido, quizás el principal acierto de la interpelación fue que la oposición logró por esta vez marcar la agenda e imponer sus puntos, para instalar una agenda donde el ministro claramente tiene que ofrecer una explicación al país.