REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE FRANCISCO KLAPP, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA ECONÓMICO DE LYD, PUBLICADA EN DIARIO FINANCIERO.

La última encarnación de estos mecanismos, a ser discutido esta semana en la Comisión de Hacienda del Senado, es el MEPCO, que si bien tiene bastante en común con el actual SIPCO, ya que mantiene bandas a partir de un precio de referencia que determinan si el Impuesto Específico (IE) se disminuye (o aumenta), de manera que alzas (o bajas) pronunciadas no lleven el precio de paridad fuera de dicha banda, también introduce al menos tres grandes innovaciones. La primera busca solucionar una de las grandes limitaciones de los sistemas de bandas de precio: si el alza repentina se produce cuando el precio de paridad está en la parte baja de la banda el mecanismo simplemente no actúa. El proyecto del MEPCO enfrenta esto introduciendo un ajuste en el IE de forma que el precio sólo pueda variar en $5 por litro a la semana, mecanismo menos discrecional que las bandas y que, con modificadores, podría considerarse por sí mismo como una buena alternativa en remplazo del actual SIPCO.
La segunda innovación es una cláusula de escape que limita la menor recaudación fiscal, restituyendo el impuesto, cuando se estime que el MEPCO llevaría a que las rebajas superen los US$ 500 millones. Esto de realmente respetarse sería muy valorado, considerando que en general los mecanismos han sido usados de manera asimétrica, buscando limitar más las alzas que las bajas bruscas, con lo que no se compensan los subsidios. Pero más importante aún, limita la deslocalización, los mayores consumidores de combustible vehicular, que más se benefician de la estabilización, son las personas de altos ingresos. De acuerdo a la CASEN 2011 sólo un 33,91% de los hogares posee un automóvil y en el 40% de menores recursos esta cifra no supera el 17%, mientras que en el 20% más rico es sobre el 66%.
