LOS 100 PRIMEROS DÍAS

A CONTINUACIÓN REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN CHILE B.

Jorge Ramírez

Contraproducente ha resultado la decisión del Ejecutivo de someter al test del control de gestión su performance gubernamental durante los primeros 100 días. En primer lugar, habría que consignar que es positivo que las autoridades se orienten hacia la lógica de la eficiencia, y aunque la práctica del establecimiento de métricas en la ejecución de las acciones gubernamentales fue sistemáticamente criticada por parte del mundo de la Nueva Mayoría cuando Sebastián Piñera elevó a un sitial privilegiado de su diseño político y comunicacional a la gestión del cumplimiento —recordemos las declaraciones donde se establecía que no se gobernaba con “listas de lavandería” para relucir en los medios de comunicación—, hoy parece ser una estrategia que finalmente parece incorporada.

Para ser consistente con lo anterior, sería deseable que el Gobierno también someta al test de la eficacia bajo métricas al producto de sus mega reformas. Compromisos en términos de reducción del índice de Gini que mide la desigualdad de ingresos post reforma tributaria,disminución de la brecha de rendimiento entre colegios municipales y particulares post reforma educacional, porcentaje de aumento real de las pensiones con una AFP estatal, etc., serían interesantes de conocer y develarían un compromiso genuino con la eficacia gubernamental. Pero de eso, por el momento poco y nada.

Uno de los principales riesgos de la lógica de la gobernanza en modalidad check in es que los tiempos comunicacionales son distintos de los tiempos políticos, y la auto exigencia en términos de impulso transformador, pareciera estar pasando la cuenta en la Nueva Mayoría.

El fetiche de la transformación acelerada también llegó a la discusión legislativa en materia educacional —como si no hubiera sido suficiente el fasttrack legislativo de la Reforma Tributaria en la Cámara de Diputados— develando la fractura en estado de latencia que se genera entre el eje PS PPD bajo la óptica de la “doctrina Rossi-Quintana” y el incipiente espíritu de contención que el mundo moderado de la DC bajo el liderazgo de Ignacio Walker está haciendo notar. El modus operandi de la “legislación a la rápida” para la aprobación de un proyecto de educación parvularia desató una disputa interna que también se hace presente en otras áreas de reforma.

Por supuesto que traducir la cohesión electoral de la época de campaña en coherencia gubernamental al mando del ejecutivo es un desafío para las coaliciones amplias, pero el ruido interno generado en tan sólo los primeros 100 días de gobierno de la Nueva Mayoría, del cual el episodio Walker vs Rossi es expresión, no parece una señal auspiciosa para la nueva coalición.

Más que un logro cuantitativo que se traducirá en una cifra en torno al 80% de cumplimiento de las medidas comprometidas para los 100 primeros días, quedarán en la retina las tensiones, aprensiones y contradicciones de un gobierno que por mirar los números de cumplimiento desnudó las diferencias en formas y fondo que necesariamente en algún minuto saldrían a relucir.