EL IMPACTO DE LA POLÍTICA DE TIERRAS

La Tercera

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE CLAUDIA HERNÁNDEZ, INVESTIGADORA DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN LA TERCERA.

La estrategia de contenciĂłn ha demostrado ser la mĂĄs utilizada por la clase polĂ­tica en los asuntos indĂ­genas, por eso la alta expectaciĂłn que generaron los anuncios presidenciales. Positivo serĂ­a que ĂŠstos se centraran en los necesarios cambios institucionales y en la profundizaciĂłn de la agenda de desarrollo indĂ­gena, sin embargo, el ĂŠnfasis nuevamente es la entrega de tierras, polĂ­tica que ha sido cuestionada desde su creaciĂłn.

La Ley 19.253, que fija el marco legal e institucional para los pueblos indĂ­genas, tiene como elemento central la relevancia que tendrĂ­an estas tierras. Si bien esta legislaciĂłn ha significado avances, como el fortalecimiento de las organizaciones indĂ­genas, en la prĂĄctica es una polĂ­tica pĂşblica que no ha generado buenos resultados , y por el contrario, hemos visto con el paso del tiempo la emergencia de agrupaciones con discursos cada vez mĂĄs radicalizados que han hecho un uso sistemĂĄtico de la violencia en la regiĂłn.

De hecho, conforme al estudio "Catastro de violencia de connotaciĂłn indĂ­gena" realizado por LyD, al contabilizar los casos cubiertos en la prensa desde 1990 a junio de 2014 se produjeron 1.701 hechos de violencia de connotaciĂłn indĂ­gena, los que han aumentado en intensidad y se han concentrado principalmente en la zona de La AraucanĂ­a.

Desde su aplicaciĂłn en 1993, el Estado ha entregado 163 mil hectĂĄreas a travĂŠs de la Conadi, destinando mĂĄs de 800 millones de dĂłlares en los Ăşltimos catorce aĂąos. Pero seguimos frente a una situaciĂłn de demandas crecientes y de violencia en la que no se vislumbra un punto de inflexiĂłn.

A su vez, aĂşn cuando fue creada para proteger a los indĂ­genas, esta polĂ­tica de tierras no ha tenido un impacto positivo en la mejora de su calidad de vida. De acuerdo a la Encuesta CASEN 2011, un importante porcentaje de la poblaciĂłn indĂ­gena vive en situaciĂłn de pobreza y exclusiĂłn social, superando en 5 puntos porcentuales a los niveles de pobreza de la poblaciĂłn no indĂ­gena (19,2% y 14,1% respectivamente).

Estamos entonces frente a una polĂ­tica que va en la direcciĂłn equivocada. Lejos de fomentar el desarrollo de los pueblos, lo frena, estableciendo limitaciones al disminuir el valor alternativo de esas tierras, con la imposibilidad de enajenar u arrendarla, lo cual impacta en la productividad al carecer de un marco legal adecuado para que la entrega de tierras sea un proceso racional y no estĂŠ sujeto a la discrecionalidad ni a medidas de presiĂłn. Lamentablemente, no existe en la Ley IndĂ­gena un impedimento legal para que las comunidades indĂ­genas que hayan tomado algĂşn fundo o que hayan sido partĂ­cipes de una acciĂłn violenta accedan a beneficios.

En definitiva, si el cuantioso aumento de presupuesto destinado a la compra de tierras no ha tenido un impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos indígenas ni en la disminución de hechos de violencia, es un buen momento de repensar la política de tierras. De allí que los anuncios en la línea de mayores compras, sin que se acompaùe de cambios en las reglas del juego, no serå la solución. Interesante entonces es la elaboración de un nuevo catastro, pero que establezca criterios mås restrictivos en materia de límites a la compra de predios, porque en el escenario actual de escasez de oferta de tierras y de demandas crecientes, el generar mås expectativas puede ser aún mås perjudicial para la paz social, el desarrollo y el diålogo fraterno en La  Araucanía.

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