LA NUEVA CORTE SUPREMA

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JOSÉ FRANCISCO GARCÍA, COORDINADOR DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE LYD, Y SERGIO VERDUGO, ACADÉMICO DE LA UDD, PUBLICADA EN LA TERCERA.

¿Es previsible algún impacto en la Corte Suprema, su labor y su autocomprensión al interior de nuestra democracia con la llegada del ministro Carlos Cerda? Algunos podrían pensar que se trata de una influencia de tipo político (estamos ante probablemente una de las figuras intelectuales más relevantes del progresismo jurídico). Nosotros creemos algo diferente.

Para algunos, el nombramiento del ministro Cerda obedece a una lógica política simple. Así, para “destrabar” el nombramiento del juez Aránguiz -se escribió profusamente en diversos medios- se habría levantado “el veto de la derecha” sobre el ministro Cerda. En este sentido, a ministros progresistas como el presidente de la Corte Suprema, Sergio Muñoz, o el ministro Haroldo Brito, la llegada del ministro Cerda permitiría al progresismo contar con un aliado de gran respeto intelectual entre sus pares. En particular, respetado por los jueces jóvenes que han ingresado a la judicatura con las reformas procesales de la última década, formándose con él al alero de la Academia Judicial o el Instituto de Estudios Judiciales.

La pregunta acerca de cuál es la simpatía política dominante de la Corte Suprema es difícil de contestar, ya que existe poca evidencia respecto de los equilibrios al interior de dicha corte -muchas discusiones internas son secretas-, y sus nombramientos suelen ser fruto de acuerdos políticos transversales. En otros países, como EE.UU., se han escrito cientos de libros y artículos académicos buscando establecer las posiciones políticas de los jueces, sea por su nombramiento, declaraciones públicas -siempre escasas- o su jurisprudencia. Un ejercicio así no se ha realizado en Chile respecto de la Corte Suprema.

La especulación de que la Corte Suprema estaría girando hacia posiciones más progresistas tiene cierto sentido. Un primer antecedente a estudiar es su jurisprudencia, la que podría ser calificada de progresista en materias de salud, energía, del consumidor y ambientales, aunque es probablemente conservadora en otras áreas (laboral y algunos ámbitos penales). Un segundo antecedente son los nombramientos que ella ha hecho respecto de los ministros del Tribunal Constitucional. De los tres ministros actuales que ella ha designado, dos suelen votar alineadamente con los jueces nombrados por autoridades de la Concertación.

Con todo, a nuestro juicio, la mayor influencia del ministro Cerda estará dada por el avance de su particular filosofía judicial entre sus pares, una que descansa en la visión de un juez, como sostuviera recientemente ante la Comisión de Constitución del Senado, donde las “… valoraciones (que realiza el juez) portan la manera de ser (psicología) y de pensar (ideología) del juzgador”; y que en la estructura de la sentencia el juez debe estar convencido éticamente de que “es la mejor solución posible”, atendida “mi manera (psicológica) de ser” y “mi manera (ideológica) de entender”, entre otras conceptualizaciones.

El que el principal exponente del realismo jurídico chileno llegue a la Corte Suprema no debe ser considerado irrelevante, sino, más bien, signo de los nuevos tiempos y una alerta a la comunidad jurídica.