MAL FUTURO

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JUAN ANDRÉS FONTAINE, CONSEJERO DE LYD, PUBLICADA EN EL MERCURIO.

El poder destructivo de una mala idea puede ser mayor que el de un tsunami. Ya lo vimos con el fatídico Transantiago, tal vez la verdadera raíz del malestar que se ha instalado en Chile.  La reforma tributaria del gobierno nos puede hacer tropezar de nuevo.

Cuando, dos años atrás, empezó a ventilarse en círculos académicos la idea de elevar fuertemente la tributación a las empresas y acabar con el FUT  -un poderoso incentivo al ahorro y la inversión- pensé que sólo se trataba de una divagación intelectual. Luego, cuando esa propuesta –y la amplia batería de otras alzas tributarias que la acompaña- pasó rápidamente a ser una audaz promesa de campaña, confié en que, ya en el gobierno, la conocida habilidad política de los equipos de la Presidenta Bachelet encontraría cómo hacerla aterrizar en una fórmula pragmática. Por desgracia, la reforma planteada por el gobierno, mantiene -en lo esencial-  la totalidad del amenazante “impuestazo” anticipado en la campaña, hace caso omiso de sus fallas, las que expuestas en diversos foros, y agrega otras vueltas más a la tuerca tributaria.

Es preocupante que el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, suponga que elevar la tasa de impuestos sobre la utilidades reinvertidas desde 20 a hasta 35% no daña la capacidad económica de todas las empresas, grandes y chicas; que no afecta su capacidad para seguir invirtiendo y creando empleos, como lo han hecho con tanto brío en los últimos años. Es preocupante que parta de la base que para un emprendedor –y sus banqueros- es indiferente que un proyecto se financie con capital propio o con deuda. Es preocupante que deseche los regímenes especiales para las pyme –por ejemplo, el llamado 14quáter, instituido en el gobierno pasado- porque para ellas incluso la tasa del 20% actual es demasiado onerosa. Es preocupante la plétora de otras alzas tributarias y facultades discrecionales que, con el explicable propósito de recaudar y combatir la evasión, trae el proyecto. Es preocupante que la ideología igualitarista imperante lleve al gobierno a estar dispuesto a poner en riesgo el mayor logro social de los últimos años, la multiplicación de las oportunidades de trabajo. “Cuiden lo que tienen”, nos recomendó el presidente del Uruguay, José Mujica. Hay que hacerle caso.

El debate tributario es crucial no sólo por su impacto fiscal y económico, sino porque los impuestos pueden moldear el tipo de sociedad que queremos. Ojalá en el debate parlamentario prime la visión de una sociedad dinámica, que da oportunidades, que premia el esfuerzo y la creatividad, la inversión y el ahorro, que favorece la producción de bienes y castiga la producción de “males”, que dispersa el poder central hacia las regiones, que ayuda en forma inteligente a los que menos tienen.