CONVERSACIÓN CONSTITUCIONAL EN LA CENTRODERECHA

LES DEJAMOS LA COLUMNA DE JOSÉ FRANCISCO GARCÍA, COORDINADOR DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE LYD, PUBLICADA EN VOCES.

En días recientes se llevó a cabo el denominado por diversos medios de comunicación cónclave constitucional entre los partidos y movimientos políticos de la centroderecha (UDI, RN, Amplitud y Evópoli) con diversos centros de estudios que han estado pensando el debate en torno al cambio/reforma constitucional, y comenzando a preparar su propio diagnóstico y propuestas (Libertad y Desarrollo, Instituto Libertad, Fundación Jaime Guzmán E., Horizontal y Fundación Avanza Chile). También estuvieron presentes algunos miembros del denominado “Grupo de los 25”, que reúne a 25 profesoras y profesores de derecho constitucional de diversas casas de estudios de Santiago  y regiones, afines a la centroderecha.

Este primer cónclave fue importante porque el debate constitucional lo es, y es bueno que la centroderecha le tome el peso. Hace no mucho tiempo líderes importantes de la centroderecha creían que el debate constitucional o era un capricho de la izquierda radical o bien un debate que podía clasificarse dentro de los “temas de los políticos”, alejados de los “problemas concretos de la gente”. Dicho espíritu incluso estuvo presente en la campaña presidencial reciente.

También fue importante porque cada una de las iniciativas en curso dio cuenta de que quiere jugar un rol relevante en este debate. Así, los diversos grupos políticos (que destacaron la importancia de bajar el debate desde los textos a la vida cotidiana de las personas, y persuadir abiertamente a la ciudadanía de las bondades de las ideas constitucionales, demostrando de paso, que estamos ante un debate que es imposible de ser llevado por las elites), centros de estudios e iniciativas como el Grupo de los 25, no sólo dieron cuenta de su visión panorámica respecto de cómo enfrentarán el debate –desde la conformación de equipos especiales (algunos estrictamente técnicos y otros técnico-políticos), la realización de seminarios o publicaciones, los temas sustantivos que quieren poner encima de la mesa, etc.–, sino que la importancia de, respetando los matices de cada iniciativa (incluso de propuestas y estrategias propias), exista una posición intelectual común ante el debate y unidad de acción.

Lo anterior me parece posible porque existe un cierto diagnóstico común, el que está dando paso a un relato propio respecto del debate constitucional. En efecto, existió consenso en torno a que la actual Constitución le ha dado estabilidad institucional al país y le ha permitido prosperar, pero que es perfectible, y por lo tanto, siempre es bueno que exista una sana evolución constitucional, la que debe recoger no sólo las instituciones existentes positivas que provienen de una larga tradición constitucional chilena, sino también considerar los avances en el derecho comparado y los aportes de la práctica constitucional de las últimas décadas del Congreso, los jueces, la Contraloría, y que han enriquecido la Constitución. En efecto, la Constitución actual es la suma de sus reglas y de aquello que los autores denominan la Constitución “no escrita”, producto de la práctica antes descrita.

El grupo valoró asimismo los grandes acuerdos de 1989 y 2005, y el que los mismos no solo han enroquecido la Constitución actual, sino que han cambiado completamente su fisonomía desde la original, siendo hoy, la original, irreconocible. Es, en suma, un grupo abierto a reformas importantes, pero no por la vía de aventuras extrainstitucionales; le resulta fundamental respetar el Congreso como el lugar central donde se deben discutir las reformas.

Todo este proceso tiene, adicionalmente, un profundo sentido político para la centroderecha, porque si bien en conversaciones como éstas al interior de la centroderecha son fácilmente observables los distintos afluentes intelectuales que nutren a los participantes (liberales, conservadores, socialcristianos, progresistas y libertarios), es también sencillo identificar el núcleo básico que los une y la belleza del arcoiris que se forma (y como se van superponiendo y mezclando los colores y matices de cada tradición intelectual). Consecuencia de lo anterior (segunda dimensión de relevancia), estamos ante un pequeño experimento de la reconstrucción de la centroderecha hacia el futuro y el mediano plazo: no hay posibilidad de alcanzar La Moneda en 2018 sino existe una cultura de coalición, con unidad de acción, pero valorando y enriqueciendo la misma desde las diversas tradiciones que la componen. Si en el debate constitucional de sus miembros no es posible observar dicho comportamiento, difícilmente podrá lograrse a gran escala, en la suma de los diferentes debates públicos que se debe enfrentar como oposición. En otras palabras, si se quiere salir del estado actual de “Alianza” y pasar a una nueva coalición más amplia, no hay mejor lugar para evaluar cómo va el proceso que hacerlo mirando el desarrollo del debate constitucional en su interior.