REFORMA TRIBUTARIA, DUDAS PENDIENTES

REPRODUCIMOS A CONTINUACIÓN LA CARTA DE CECILIA CIFUENTES, ECONOMISTA SENIOR DE LYD, PUBLICADA HOY EN EL MERCURIO.

El Subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco, intentó en una columna publicada derribar lo que para él constituyen mitos en la discusión tributaria. Aunque parece valiosa y necesaria su intención de aclarar los fuertes cuestionamientos que han surgido sobre la propuesta,  lo cierto es quedan aún importantes dudas pendientes.

Lo primero se refiere a que la reforma educacional aumentaría el potencial de crecimiento de la economía. Eso sería correcto si las propuestas en educación mejoraran y aumentaran el stock de capital humano. Sin embargo, el fin del copago y la gratuidad en la educación superior para el 70% de los estudiantes constituyen solamente transferencias de ingresos a sectores medios, y no mejoras en calidad. Por otra parte, el fin del lucro y de la selección tampoco se traducen en mejoramiento de calidad, y en el caso del fin de la selección por mérito académico el resultado es probablemente el inverso, haciendo de paso aún más difícil la movilidad social. Sería  interesante entonces conocer en qué forma el gobierno busca lograr una real mejoría en la calidad de la educación.

Una segunda duda se refiere al impacto de la reforma en los fondos de pensiones. El subsecretario plantea que el 10% de retención será reembolsado a los fondos de pensiones. Sin embargo, ni el proyecto de ley ni las indicaciones posteriores incorporan este punto, por lo que hasta ahora eso es sólo una declaración. Las dudas son entonces, ¿se hará una indicación al respecto?, y por otra parte, ¿se podrá terminar con la discriminación de los fondos de pensiones, restituyendo el derecho a crédito por el impuesto que pagan las compañías donde estos invierten, avanzando efectivamente en equidad tributaria?

Por último, se plantea en la columna que el mayor impuesto a la renta, que se explica por el aumento de tasa de Primera Categoría y por el cambio de base en el Global Complementario, recaería casi íntegramente en el 10% más rico. Eso sería cierto si el impuesto a la empresa lo pagaran sólo sus dueños, con una incidencia nula en sus consumidores y trabajadores, lo que no parece razonable. Pero además se estaría planteando que la caída del ahorro y la inversión producto del término del FUT sólo perjudica a los ricos, cuando está más que demostrado que la inversión y el crecimiento son la mejor herramienta para generar empleo y mejoras salariales.

Por ahora, los verdaderos mitos parecieran ser los beneficios de la reforma.