CUESTIÓN DE SOBREVIVENCIA Y NO DE VOLUNTAD

A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JOSÉ RAMÓN VALENTE, CONSEJERO DE LYD, PUBLICADA EN LA TERCERA.

Las lindas y coloridas vías exclusivas del Transantiago esconden un secreto no tan lindo. Los 25 centímetros de espesor del hormigón con que están construidas también son de color, aunque nadie los ve ni los puede apreciar. A algún funcionario público en algún momento del tiempo se le ocurrió que era necesario que así fuese,aunque dicha especificación hizo que el hormigonado le costara decenas de millones de dólares adicionales a los contribuyentes chilenos.

Por contraste, cuando pensaba en el tema de esta columna, recordé una presentación del gerente comercial de Lan. En ella el ejecutivo explicaba el proceso de decisión para dotar de pantallas individuales a los nuevos aviones de la flota de la aerolínea.  La compra o no de las benditas pantallas representaba un costo de US$ 50 millones de dólares de diferencia. Ponerlas le daría más beneficios a sus viajeros hoy, pero si la tecnología evolucionaba rápido y los viajeros dejaban de utilizarlas porque preferían sus propios teléfonos o tablets, la decisión podría  dejar a la aerolínea con costos más altos que su competencia y por lo tanto vulnerable a ser desplazada por ella.

El ejecutivo de Lan estaba obligado a hacer todo su esfuerzo por utilizar bien el capital de la compañía porque de no hacerlo, en el extremo la compañía podría desaparecer del mapa. El funcionario público estaba preocupado de que las nuevas vías se vieran bonitas. Si esto era un buen uso para los recursos públicos es harina de otro costal.

El proceso de destrucción creativa no existe al interior de la administración pública. Un porcentaje significativo de los programas públicos pueden permanecer mal evaluados por años sin que sean eliminados mientras cuenten con un padrino político que los defienda. En el sector privado, la competencia interna y externa, y los nuevos emprendedores, se encargan de sacar del mercado a las empresas, los productos y los servicios donde el capital, siempre escaso, está siendo mal utilizado.

Esta es una de las principales razones de que muchos como yo seamos reacios a traspasar muchos recursos desde los ciudadanos al Estado. Chile no puede darse el lujo, que sí se dan países ricos como los de Europa occidental o Japón, de que la aún escasa riqueza con que se cuenta sea mal utilizada en programas públicos como la pigmentación de 25 centímetros de hormigón que nadie va a ver nunca, y tantos otros que como ese abundan en la administración pública. ¡Las salas cuna y los jardines infantiles de la fundación Integra cuestan mucho más caros que el mejor jardín infantil que alguien pueda pagar en el sector privado!

No hay duda de que el Estado juega muchos roles muy importantes en la sociedad. Pero tampoco hay duda alguna que hay muchos otros en que los ciudadanos pueden organizar sus actividades con la prescindencia del sector público de una manera muchísimo más eficiente y efectiva. Por lo mismo si se impone la visión de quienes argumentan que a Chile lo que le hace falta es más Estado y menos sector privado, prometiendo que el  bienestar de las familias chilenas aumentará cuando el régimen de lo público se imponga sobre la tiranía del mercado, es muy probable que parte de la riqueza que ha logrado generar nuestro país en los últimos 40 años y que ha permitido aumentar el estándar de vida de todos los chilenos en una magnitud jamás imaginada por nuestros padres, se pierda a manos de funcionarios públicos que no tienen los incentivos para cuidarla e invertirla de la mejor forma posible.

Este no es un problema de izquierda o derecha. En el sector público el uso adecuado de los recursos es un problema de buena voluntad,  mientras que en el sector privado es un problema de sobrevivencia. El sector público simplemente no tiene la tensión competitiva del sector privado y por lo mismo muchas veces, no siempre, la plata termina siendo mal utilizada o simplemente malgastada.

Si la bullada disputa que ha enfrentado a Andres Velasco con el senador Girardi, en que el primero acusa al segundo de malas prácticas que originan malas decisiones y desperdicio de recursos del Estado fuese entre dos empresas o gerentes de empresas del sector privado, entonces sería Girardi y no Velasco el que estaría fuera del sector público. En el sector público las malas prácticas así como la mala asignación de los recursos pueden permanecer por años y décadas, mientras que en el sector privado las malas prácticas hacen quebrar a las empresas y dan paso a nuevas empresas.