A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DEL COORDINADOR DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE LYD, JOSÉ FRANCISCO GARCÍA, PUBLICADA HOY EN LA TERCERA.
Una de las cuestiones que deberá enfrentar Bachelet desde el 11 de marzo será definir su relación con la oposición de centroderecha. Ello tendrá especial impacto respecto de la estrategia que adopte ella y la Nueva Mayoría en materia de acuerdos en el Congreso: ¿ir buscando votos marginales por temas particulares, o buscar acuerdos amplios con líderes institucionales que puedan alinear a los partidos y a la coalición en su conjunto? Si bien es probable que el resultado final se ubique en punto intermedio, lo relevante del dilema no es tanto la preferencia de Bachelet respecto de alguna de éstas, sino que paradójicamente dependerá de cómo la centroderecha enfrenta el proceso de reconstrucción de su identidad opositora, no sólo en términos programáticos, sino en su proyección futura como coalición política que aspira a gobernar nuevamente.
La UDI, tras su consejo directivo ampliado de la primera quincena de enero, ha actuado de manera mucho más cohesionada de lo anticipado. Así, por ejemplo, los anunciados planteamientos críticos de figuras como Hernán Larraín o Iván Moreira fueron adecuadamente canalizados y debatidos. Incluso la competencia interna por la presidencia, marcada por la renovación, se está dando bajo un marco de disciplina partidaria. Ello entrega un capital político sólido para buscar acuerdos.
RN sigue marcada por la renuncia de diversos parlamentarios -y eventualmente de algunos dirigentes relevantes, hoy en el gobierno o a nivel regional- que están configurando el movimiento Amplitud. Más allá de las causas de la crisis -mucho menos vinculadas a una pugna doctrinaria entre liberales y conservadores, que la reelección del Presidente Piñera en 2017-, es interesante el surgimiento de Cristián Monckeberg como un posible candidato de consenso a la presidencia de RN, un liberal institucional, que no sólo es relevante para aplacar el debate interno y evitar la fuga de otros liberales, sino que es una señal de renovación relevante y sinónimo de búsqueda de acuerdos.
Amplitud y Evópoli, al tener un número relevante de escaños en el Congreso, los vuelve potencialmente decisivos. De hecho, podría ser parte de su posicionamiento estratégico lograr acuerdos con la Nueva Mayoría. Win-win para ambas partes: la Nueva Mayoría consiguiendo los votos que necesita con un sello de transversalidad, y el nuevo referente marcando distancia de su propio sector -lo que hoy sólo queda en el plano discursivo y simbólico-.
Si bien están los elementos para que Bachelet pueda dividir para gobernar, cualquier proyección de mediano plazo de la centroderecha descansa en la fuerza que le entrega en el corto plazo la unidad, y el actuar cohesionado como oposición en el Congreso. Será relevante el tono y la forma de ejercer oposición, pero más aún es si se mantendrá la unidad o existirán comportamientos oportunistas. La desunión podría conducir a la fragmentación y de ésta a la irrelevancia hay un pequeño paso. Paradójicamente, quien debiese estar más preocupado en solidificar la unidad de la centroderecha es el Presidente Piñera -quien ha sido el eje sobre el cual se han basado las discusiones y posiciones al interior de los tres grupos políticos-, pues sin ésta, y bajo el actual marco de coaliciones e incentivos, es casi imposible materializar su potencial aspiración de volver a La Moneda en 2018.
