EL QUE SE MUEVE NO SALE EN LA FOTO

A continuación reproducimos la columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, publicada en El Mercurio:

Por qué la Concertación se expone, de la forma como lo ha hecho, al acusar constitucionalmente al Ministro de Educación Harald Beyer?

Es tan reconocida su buena gestión, es tan extendida la opinión de que es un servidor público de lujo, que varios de los que lo antecedieron en ese cargo durante los gobiernos de la Concertación han manifestado públicamente que no están de acuerdo con la acusación. Los precandidatos Andrés Velasco y Claudio Orrego expresaron también su discrepancia, aunque este último, en una vuelta de carnero inexplicable, dijo después que luego de leer el texto se había convencido que sí había fundamentos.

Harald Beyer ha concitado, en el país y fuera de él, numerosas muestras de adhesión de destacadas personalidades por lo injusta que resulta la acción emprendida por la Cámara de Diputados. Nada menos, que el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa encabeza esas manifestaciones.

Es que cualquiera que algo la labor del Ministro de Educación y su trayectoria previa como académico, tendrá que convenir en que ha sido uno de los mejores ministros de la cartera en nuestra historia republicana y un intelectual respetado transversalmente, al punto que la propia Michelle Bachelet lo convocó en varias oportunidades a Comisiones Presidenciales para estudiar temas tan relevantes para el país como la Seguridad Social o la propia Educación.

¿Qué puede entonces explicar una acción tan atrabiliaria? ¿Por qué se envía, en medio de un ambiente de descrédito de la clase política, la señal de que la excelencia no tiene cabida en la política chilena?

Debe haber razones poderosas tras una decisión que lesiona de esa manera la calidad de nuestras instituciones, considerando que la Concertación es una coalición que aspira seriamente a gobernar.

Y a la hora de analizar cuáles podrían ser esas razones, puedo discernir dos. La primera, es que el Partido Socialista y los comunistas empiezan a imponer sus términos frente a sus aliados ante un eventual gobierno de Michelle Bachelet. Cuando el Presidente del PS Osvaldo Andrade dice que ya mataron a uno, está poniéndole el pie encima a la Democracia Cristiana, varios de cuyos diputados han tenido que sumar sus votos a la acusación pese a no estar de acuerdo con ella. Esto, representa una claudicación anticipada de la DC frente a un posible gobierno de Bachelet, al cual llegaría disminuida y entregada. Una prueba más de la falta de liderazgos al interior de ese partido, que le ha significado una progresiva pérdida de poder frente a sus aliados de la izquierda.

La segunda razón, es que la Concertación le tiene pánico al movimiento estudiantil. Las movilizaciones, que comenzaron durante el gobierno de Michelle Bachelet causan una verdadera parálisis al interior de ese conglomerado, que teme que los estudiantes le pasen la cuenta a la precandidata del Partido Socialista. No es casualidad que, luego de muchos silencios, las primeras palabras de Bachelet fueran para anunciar que terminaría con el lucro en la educación y que avanzaría gradualmente hacia la gratuidad, promesas que posteriormente ha relativizado.

Y lo más preocupante de todo, es que no es creíble que una decisión de esta importancia, de estas repercusiones para la Concertación y para un eventual gobierno de ese conglomerado, no haya sido consultada por quienes la idearon con la propia Michelle Bachelet. “El que se mueve no sale en la foto”, es la célebre frase con que Alfonso Guerra, presidente de los socialistas españoles, ordenó a sus filas y evitó cualquier disidencia. ¿Empezamos a vivir acá algo parecido?

Así las cosas, las tesis que nos hablan de que no hay tal cosa como una izquierdización de la Concertación, sostenidas entre otros por Enrique Correa, no pasan de ser intentos por apaciguar a quienes miran con inquietud que los consensos logrados en Chile durante los últimos veinticinco años se empiezan a romper.

El nuevo orden que se postula es por ahora incierto, pero su aspecto no es para nada tranquilizador.