REFORMAS ELECTORALES MICRO

A raíz del reciente Taller Político sobre Voto Voluntario realizado en conjunto con Chile 21, José Francisco García, Coordinador de Políticas Públicas de LyD, elaboró esta columna publicada hoy en La Segunda:

No cabe duda que la implementación de la inscripción automática y el voto voluntario, a la luz de la evidencia reciente –i.e., elecciones municipales– disparó la incertidumbre electoral. Rápidamente nuestro lenguaje político –y aunque suene extraño, liderado ya no contra sino desde los partidos políticos– comenzó a incluir “primarias parlamentarias”, “movilización de bases” o “caucus”. Este verdadero big bang está generando un interesante debate respecto de dos tipos de perfeccionamientos a nuestro sistema de votaciones de cara al 2013: aquellos orientados a entregar mayores capacidades organizativas al Servel, y los que buscan reducir –aún más– los costos de participación de la ciudadanía en el proceso electoral.

En primer lugar, el gobierno ha anunciado que presentará al Congreso perfeccionamientos a las atribuciones del Servel en cuestiones vinculadas a ciertas fallas detectadas en las recientes municipales, por ejemplo, capacidad de administrar de mejor forma las mesas de votantes –fusionando algunas y evitándose tanto las mesas que podrían experimentar congestión, como aquellas en que se espera baja participación– o mejoras al sistema de registro de electores –i.e,, estableciendo reglas claras para evitar que el padrón se “ensucie” con personas fallecidas–. Ello es positivo.

En segundo lugar, cabe analizar si es posible reducir los costos de participación de los ciudadanos. Una idea interesante es la de introducir el voto anticipado (el que podría materializarse por correo o en lugares de votación ad-hoc); la otra, el voto electrónico (específicamente al interior de los actuales lugares de votación). Existe mayor consenso respecto de lo primero y el gobierno ha anunciado que presentará una propuesta. Una buena idea pareciera ser realizar pilotos en 2013 y evaluar estas experiencias antes de masificarlas.

En la misma dirección, tenemos la habilitación definitiva de los chilenos en el exterior. La controversia en torno al “vínculo” es exagerada. Efectivamente en el derecho comparado existe una serie de países que establecen restricciones, sin embargo no es ese el camino que debe seguir Chile. Apersonarse a una embajada o consulado a votar (o por correo como en los países OCDE) pareciera ser suficiente muestra de interés, a la vez que esté limitado para los casos de elecciones presidenciales (y plebiscitos).

Así, más allá de la existencia de una nutrida agenda de reformas políticas macro –i.e., nueva ley de partidos o sistema binominal– existe una agenda micro de corto plazo, necesaria, que viene a complementar la implementación del voto voluntario.