EL COSTO DE UN SALARIO MÍNIMO MUY ALTO

A continuación reproducimos columna de Cecilia Cifuentes, investigadora del Programa Económico de LyD, publicada en Pulso.

La discusión de salario mínimo se está dando este año en unos términos que no se habían verificado anteriormente. A pesar de que las peticiones de la CUT normalmente escapan de lo que se considera razonable, la clase política en general ha mostrado en este aspecto un comportamiento prudente. Sin embargo, en esta oportunidad incluso partidarios del Gobierno están postulando aumentos de 10%, que van mucho más allá de lo que sería un reajuste que compensara por aumentos de inflación y productividad. A este respecto, es bueno recordar que nunca en los veinte años de gobierno de la Concertación se dieron aumentos reales como el que hoy se solicita y sólo previo a la crisis asiática éstos fueron más significativos, lo que agravó el problema de desempleo que se tuvo en los años siguientes.

Es importante tener en cuenta que un salario mínimo muy alto termina perjudicando precisamente a los sectores más vulnerables socialmente, ya que los deja con una posibilidad reducida de encontrar empleo, por lo que pierden la posibilidad de adquirir capital humano en la práctica laboral, lo que perpetúa la situación de pobreza. Si se estableciera un salario mínimo como el solicitado por la CUT, la oposición y otros sectores, efectivamente ganaría un grupo de trabajadores que podría ver aumentada su remuneración. Pero esto sería a costa de otro grupo que perdería su trabajo o caería al sector informal. Se suman también a los perdedores aquellos trabajadores potenciales que verían restringida su posibilidad de acceder al mercado. Este último factor es muy significativo, considerando las reducidas tasas de participación de jóvenes y mujeres de menores ingresos. Es importante tener en cuenta que en el primer quintil sólo un 25% de los jóvenes entre 15 y 24 participa del mercado laboral, con un porcentaje equivalente para las mujeres de ese quintil. Más grave aún es el hecho de que de esos jóvenes, la mitad no encuentra trabajo, mientras que en el caso de las mujeres un tercio está desempleada.

Tras estas realidades está el problema central de la pobreza en Chile, por lo que un salario mínimo más alto, en vez de corregir problemas de pobreza e indigencia, corre el serio riesgo de agravarlos, haciendo a estos sectores aún más dependientes de políticas asistencialistas. La conclusión es bastante evidente: un salario mínimo muy alto genera más costos que beneficios a la sociedad.