A continuación reproducimos la columna de HernÔn Büchi, consejero de LyD, en El Mercurio:
La pobreza y la desigualdad son temas recurrentes del discurso polĆtico, pero los avances han sido inferiores a los deseos. Mientras menos realismo y mĆ”s ideologĆa, peores los resultados. La Educación es un elemento clave para avanzar en ambas materias. El crecimiento es indispensable para superar la pobreza y para sostenerlo en el largo plazo los niveles de educación deben mejorar; a su vez cuando Ć©stos aumentan se avanza en capital humano y la igualdad de oportunidades se hace real.
El debate sobre Educación tiene hoy un fuerte componente ideológico y voluntarista. La preocupación por la calidad y los costos que muestran los estudiantes es correcta. Pero sus propuestas son inadecuadas y sus métodos reprochables.
Un joven que conoció el inicio de los movimientos sociales en la plaza Tahrir del Cairo, se molestaba cuando su Ć©pica se pretendĆa comparar a la de los que han aparecido despuĆ©s en Occidente. āEs insultante.Ā Es una falta de respeto a los miles brutalmente asesinados en Medio Oriente y Norte de Ćfrica en su verdadera lucha por libertadā.
En realidad los actos y propuestas de nuestros estudiantes buscan cercenar la libertad de otros. Se dejan acompaƱar por la violencia con daƱo a muchos. Usando la fuerza y sin un razonable proceso democrƔtico, se toman escuelas e impiden que quienes lo desean terminen el aƱo.
Pero mÔs grave es que buscan reestructurar el sistema educacional, estatizÔndolo aún mÔs. Millones que hoy eligen escuelas privadas o educación terciaria distinta de la tradicional serÔn perjudicados. La municipalización, con sus defectos, fue una mejora sobre un sistema central ineficiente. Las escuelas privadas subvencionadas, con sus distintas organizaciones son hoy en promedio mejores que las estatales y reciben menos aportes. Las cifras de la OECD muestran el avance que Chile estÔ haciendo. Mientras en EEUU por muchos años el número de personas con educación terciaria es de 40 por cada cien, en Chile ha pasado de 17 cada cien para los que tienen 54 a 65 años a 35 cada cien entre 24 a 35 años.
Es por ello que cuando miramos con detalle la desigualdad en el paĆs ella mejora en las nuevas generaciones. Curiosamente otros paĆses sudamericanos que nos superaban por lejos, estĆ”n estancados y ello con supuesto acceso libre y gratuito a la universidad.
Lo anterior no significa que no se pueda hacer nada. Si la preocupación es la calidad debiera retomarse para la educación primaria y bÔsica las propuestas que facilitaban la evaluación de profesores y directores dando incentivos para que mejoren. En vez de mÔs aportes sin rendición de cuentas a las universidades tradicionales, se debe avanzar en que compitan por ellos.
El problema del costo de la Educación Superior es el que mĆ”s simpatĆa logra en la opinión pĆŗblica. Educar a los hijos es una de las responsabilidades mĆ”s grandes que se asume. Pero la educación no es gratis:Ā tiene un costo. Hay que pagar profesores, funcionarios, costear infraestructura y servicios. La pregunta no es si debe ser gratuita o no, sino que quien la paga. Un mĆnimo de equidad dice que los que la reciben tienen responsabilidad en ello y un buen sistema de becas y crĆ©ditos lo hace posible.Ā Los cambios que el Gobierno propone en estas materias mejoran lo que hoy existe.
No es cierto que para bajar los costos basta eliminar la posibilidad de ganancias. Si fuera tan fĆ”cil Āæpor quĆ© no hacerlo en comida, techo, abrigo, salud? Los totalitarismos marxistas intentaron eliminarlas, con consecuencias desastrosas. La realidad es que las ganancias, o posibles pĆ©rdidas, son un costo mĆ”s e indispensable. Lo que si ayudarĆa es ampliar el tipo y nĆŗmero de instituciones que pueden competir, no reducirlo, ademĆ”s de ofrecer un buen sistema de información para facilitar la decisión de los alumnos.
Es mal presagio que discutiendo de calidad y costos, cientos de miles terminen con un pĆ©simo aƱo escolar o lo pierdan. Los costos serĆ”n enormes y los pagarĆ”n toda la vida. Nuestros lĆderes polĆticos no debieran amedrentarse o caer en el oportunismo. Desgraciadamente algunas propuestas y proyectos muestran que lo estĆ”n haciendo. Si prosperan, el costo para los jóvenes serĆ” aĆŗn mayor.