REDEFINICIÓN OPOSITORA

A continuación reproducimos la columna del Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, Álvaro Bellolio, pubicada hoy en La Tercera.

Un golpe de timón dio la presidenta del Partido por la Democracia, Carolina Tohá, al declarar acabada la Concertación de Partidos por la Democracia (que contiene al PS, PPD, DC y PRSD y en la última elección había realizado un pacto por omisión con el Partido Comunista)para crear una nueva “Convergencia Opositora”.

La idea central es reencantar a la ciudadanía, definiendo derechos y deberes de las personas y el rol del Estado, estableciendo propuestas concretas para reformas políticas, tributarias, educacionales y previsionales.

Ahora bien, a pesar de que la alicaída Concertación está con un apoyo popular en sus momentos más bajos de la historia y ejerciendo un rol opositor que ha sido altamente criticado por la ciudadanía- principalmente  ataques  y apoyo poco oportuno a movimientos sociales más que de generar nuevas propuestas u oportunidades- es una decisión bastante compleja el dictaminar su defunción.

La complejidad pasa principalmente por las impresiones que ha tenido la Democracia Cristiana, donde su presidente Ignacio Walker comenta que parece más una notificación de ruptura más que invitación al diálogo. Queda en evidencia   que este movimiento opositor, más que buscar capturar la centro-izquierda política, que era la intención histórica inicial del conglomerado, trata de capturar a los llamados opositores díscolos, como lo son los movimientos de Alejandro Navarro,  Marco Enríquez-Ominami, al Partido Comunista y a los  grupos más radicalizados que se encuentran, por ejemplo, en la CONFECH.

Ahora bien, lo fundamental es ver como van a responder los nuevos actores llamados a conversar, si esta “Convergencia Opositora” significa tener los mismos rostros que actualmente dominan en los partidos de la Concertación y las mismas peleas de poder y cuoteos o si realmente se incorporarán actores de todas las esferas.

Es bastante difícil que los movimientos nacientes, como el PRO y los distintos partidos regionalistas, se sumen a esta Convergencia sin que les den un piso mínimo, de lo contrario pueden quedar prácticamente fuera de la toma de decisiones, por lo que ir por fuera y tratar de conseguir concejales y alcaldes descolgados es mucho más atractivo que una convergencia donde el PPD maneje las riendas del conglomerado.

Por su parte, la  Democracia Cristiana, para participar en este conglomerado, tendría que inclinarse aún más a la izquierda de lo que hace actualmente, generando descontento en su antigua base de electores de centro y más moderados, por lo tanto dejaría de ser un aliado potente para el resto de los partidos.

Potencialmente podrían generarse incentivos para volver a generar los tres tercios de antaño, lo que significaría un cambio transversal al remover con fuerza el ambiente político chileno, afectando  la estabilidad y generando posibilidades a líderes populistas que busquen una alternativa anti-sistema. Difícil, no obstante, mientras no cambie el sistema electoral.

Una Convergencia Opositora puede ser una interesante propuesta si se genera una mejora en el debate y propuestas de calidad, una oposición más constructiva. Pero si va a ser más de lo mismo, sólo que con un giro hacia los más radicalizados buscando aprovechar el clima de descontento de estos últimos meses, va a terminar dañando la democracia y a los ideales que siguieron los mismos rostros que hoy vemos vociferando en contra de todo lo que ellos mismos construyeron.