EL SOFÁ DE DON OTTO

El humor nos hace reír recurriendo a la sorpresa. El error o las respuestas ilógicas son parte de sus recursos. En su tiempo Don Otto destacaba por su ingenuidad y respuestas inadecuadas.  Cuando se enteró que su señora lo engañaba en el living de su casa-- ¡vende el sofá!  Hoy demandaría a la empresa fabricante del mueble.

La esencia del humor está en lo absurdo de la respuesta. Pero la genialidad de los humoristas no solo es hacernos reír, sino en que sus historias  tienen una base real.

En la discusión política abundan las instancias en que en vez de enfrentar los problemas se busca un culpable fácil de atacar para descargar nuestro malestar sobre él. No importa que ello no resuelva o quizás empeore la situación.  En el intertanto el personaje público aparece como un decidido hombre de acción.

Las empresas son las preferidas para asignarles el rol de villano.  Hoy se las quiere castigar por producir alimentos que engordan, por emplear mujeres sin facilitarles el cuidado de sus hijos, por organizarse en forma muy compleja afectando la negociación de sus trabajadores, por vender medicamentos fuera del alcance de muchos, por tener planes de salud que reflejan los costos que tenemos desgraciadamente algunos o por dañar el ambiente al producir la indispensable energía.

Los problemas son reales –La obesidad crece, hay personas que pagan elevados intereses, muchos trabajadores merecen mejores condiciones y así sucesivamente.

Pero dichos problemas no son creados por las empresas. Por el contrario tendríamos algunos mucho más graves si no fuera por ellas. El avance tecnológico ha llevado a que los alimentos sean más seguros, variados y accesibles. El crédito hoy llega a millones de personas que lo necesitan. El empleo y las condiciones de trabajo son muy superiores a las de generaciones anteriores. Y este contrapunto es válido también para los demás casos.

En todos ellos se está siguiendo el camino fácil pero inefectivo. El Congreso aprobó una ley de alimentos que usa la regulación y la prohibición a las empresas para atacar la obesidad. Este es un tema complejo que requiere educación, ejemplo de líderes, acciones descentralizadas naciendo de las familias y las escuelas y que exige convencimiento. La ley que prohíbe los super8 en las Universidades no está a la altura del problema.

El presidente del Banco Central puso el costo de los créditos de consumo de vuelta en la discusión pública.  Dicho costo difícilmente afecta la política del Central pues es una porción muy pequeña del crédito total. Pero ha desviado momentáneamente de la discusión la difícil tarea de la Institución en contener expectativas inflacionarias sin impulsar una mayor apreciación cambiaria en el camino. El costo del cambio del foco de atención puede ser muy elevado si termina debilitando un sistema financiero que ha sorteado con éxito la crisis de otras latitudes.

Con el embate que trata de consensuar el ejecutivo para hacer aún más complejo emplear y producir nadie ganará a la larga. El dogma marxista que los trabajadores solo mejoran con la lucha se probó falso hasta la saciedad. ¿Por qué insistir en ello? ¿Por qué no esforzarse en su lugar en facilitarle la vida a miles de emprendedores abrumados por la burocracia? Si no fuera legítimo darle forma descentralizada a una gran organización, como lo pretende el ataque al multirut, deberíamos  permitir por ejemplo que los empleados de Correos negocien junto con Codelco y puedan paralizar a esta última si no se les satisface. Después de todo tienen un mismo empleador.

No enfrentar los problemas complejos y buscar en cambio culpables podría ser hasta simpático. Lo malo es que las consecuencias son graves.  A pesar de las turbulencias el mundo sigue favorable y la economía se recupera con fuerza.  Pero no debemos perder la perspectiva. El Imacec de marzo de 15,2%  incorpora el efecto terremoto del año pasado. Si usamos períodos más largos de tiempo, marzo 2008  o 2006, veremos que el crecimiento anual sigue estando entre un 3% y 4%, claramente insuficiente. Esperemos que la tendencia a evadirnos se modere a tiempo antes que el costo sea demasiado elevado.