MODIFICACIONES AL SAE: MAYOR AUTONOMÍA PARA LAS ESCUELAS Y MÁS ESPACIO PARA LAS FAMILIAS

El Ejecutivo ingresó ayer, un proyecto de ley que modifica el Sistema de Admisión Escolar (SAE), manteniendo la plataforma centralizada de postulación y los principios de transparencia y no discriminación, pero incorporando mayores grados de flexibilidad para los establecimientos educacionales. El objetivo es reducir la dependencia del azar en la asignación de vacantes y permitir que las escuelas puedan considerar elementos vinculados a sus proyectos educativos.

La propuesta crea un mecanismo de “elección mutua” para establecimientos con sobredemanda, permitiendo que estos consideren criterios como la adhesión al proyecto educativo, la participación en actividades informativas, la comuna de residencia, la distancia al establecimiento, la continuidad de trayectorias educativas y, desde séptimo básico, el desempeño académico. Asimismo, autoriza entrevistas con padres y apoderados, establece cuotas mínimas para estudiantes prioritarios y con necesidades educativas especiales permanentes, y entrega a los directores una facultad acotada para asignar sobrecupos en casos excepcionales.

Estas modificaciones evidentemente no solucionan todos los problemas. No hay balas de plata. Pero si son cambios que avanzan en una dirección correcta. Durante la última década, el SAE contribuyó a transparentar los procesos de admisión y eliminar arbitrariedades, pero también redujo la capacidad de los establecimientos para desarrollar proyectos educativos propios y construir comunidades escolares cohesionadas. La evidencia muestra que una parte importante de las asignaciones en establecimientos sobredemandados termina dependiendo del azar, mientras que aspectos como el mérito académico, las trayectorias educativas y la adhesión al proyecto educativo quedaron excluidos del proceso.

La reforma no elimina el SAE ni retorna al sistema anterior como se ha dicho en la prensa. Mantiene una plataforma única de postulación, pero reconoce que la educación es mucho más que un mecanismo de asignación de vacantes. Fortalecer la autonomía de las escuelas, reconocer la diversidad de proyectos educativos y devolver a las familias un rol más activo en la elección de la educación de sus hijos son cambios que pueden contribuir a mejorar la convivencia escolar, fortalecer las comunidades educativas y recuperar la confianza de las familias en el sistema.

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