- Realizando estimaciones conservadoras basadas en los datos disponibles y en décadas de evidencia internacional, un INIT reduciría la pobreza de 22,2% a 16,4%, podría beneficiar directamente a más de un millón de trabajadores, incorporar unas 300 mil personas al mercado laboral formal y reducir la brecha de pobreza en 35%.
- Para funcionar, necesita de ciertas condiciones habilitantes: un mercado laboral que cree empleos formales, condiciones que permitan trabajar (especialmente para mujeres), un sistema tributario eficiente que pueda pagar beneficios sociales, complementariedad con otras políticas sociales, espacio fiscal y voluntad política.
En el capítulo 6 del libro “De la medición a la acción. A 50 años del mapa de la extrema pobreza”, de Libertad y Desarrollo y la Fundación Miguel Kast, Andrés Hernando presenta una explicación de cómo funcionan los sistemas de Impuesto Negativo al Ingreso (INIT) y las ventajas y desventajas que la herramienta posee para la superación de la pobreza.
Así, en “Lo que un Impuesto Negativo al Ingreso puede y no puede hacer”, Hernando explica que un INIT consiste en una política redistributiva de ingresos que opera a través del sistema de impuesto a la renta. Su estructura corresponde a un crédito de impuestos, calculado en proporción a los ingresos del trabajo de las personas para ingresos suficientemente bajos. Cuando la diferencia entre el crédito y el monto de impuesto a la renta que la persona debe pagar es positiva, este monto se entrega en la forma de una transferencia monetaria. De esto deriva su nombre: las familias beneficiarias experimentan un impuesto negativo a sus ingresos del trabajo.
Este diseño del instrumento garantiza que el beneficiario nunca experimenta desincentivos a generar más ingresos, ya que sus ingresos totales siempre aumentan cuando su ingreso del trabajo crece. De esta forma, se preservan los incentivos a que las personas busquen mejores oportunidades laborales, estén dispuestas a tomar más responsabilidades que aumenten su salario o, en caso de trabajo parcial, busquen incrementar las horas que trabajan.
Los esquemas de Impuesto Negativo al Ingreso resultan atractivos porque combinan apoyo directo a los hogares de menores ingresos con incentivos al trabajo. Al complementar los ingresos laborales, contribuyen a reducir la pobreza y, al mismo tiempo, fomentan la incorporación y permanencia en el mercado laboral. A diferencia de otras transferencias, estos mecanismos reducen el “estigma” asociado a recibir ayudas estatales, ya que el beneficio depende del esfuerzo laboral del beneficiario y no de una condición pasiva. Además, suelen generar mayor respaldo político al vincularse al empleo y aprovechar la estructura tributaria existente, lo que los vuelve más eficientes de implementar. En conjunto, los INIT permiten aumentar los ingresos familiares sin promover la dependencia de los beneficios sociales.
En Chile, este tipo de esquemas han sido propuestos en diversas ocasiones, respaldados por evidencia internacional que muestra su efectividad para reducir la pobreza monetaria e incentivar el empleo. Sin embargo, estas políticas presentan limitaciones importantes y no pueden sustituir de manera integral a la política social existente.
Entre sus principales restricciones, señala el autor, está que no benefician a personas que no pueden trabajar y que, al operar generalmente mediante pagos anuales, no siempre responden a las necesidades más urgentes de los hogares. Más relevante aún, el aumento de ingresos que generan no resuelve necesariamente otras carencias persistentes, lo que vuelve problemático reemplazar programas sociales específicos solo por créditos tributarios al trabajo.
Si bien experiencias internacionales han tenido efectos positivos, estos instrumentos no abordan otras dimensiones clave de la pobreza multidimensional. Tampoco garantizan empleos de mejor calidad ni alivian problemas como la pobreza de tiempo. Por ello, los créditos tributarios al ingreso laboral deben entenderse como un complemento —y no un reemplazo— de políticas públicas más amplias orientadas al bienestar social.
Explicado lo anterior, Hernando simula el impacto que un INIT tendría sobre la pobreza en el país, a través de una metodología que considera los resultados de la encuesta CASEN 2022 y poniendo foco en el impacto de la pobreza. Se simularon varios escenarios que consideran distintos valores de los parámetros que definen los pagos del INIT y para cada uno de ellos se calculó el impacto sobre la pobreza, el costo del programa y los siguientes indicadores: (i) focalización efectiva, definida como el porcentaje del gasto en el programa que es recibido por personas en situación de pobreza; (ii) proporción entre el gasto en el programa y la brecha de pobreza; (iii) reducción en la brecha de pobreza; y (iv) reducción de la brecha de la pobreza como fracción del gasto.
De lo anterior se concluye que un impuesto negativo al ingreso del trabajo bien diseñado podría sacar de la pobreza a más de un millón de chilenos, incorporar cientos de miles de personas al mercado laboral formal y hacerlo con una eficiencia que pocas políticas sociales pueden igualar.
En efecto, realizando simulaciones conservadoras basadas en los datos disponibles y en décadas de evidencia internacional, reduciría la pobreza de 22,2% a 16,4%. Lo cual podría beneficiar directamente a más de un millón de trabajadores, incorporar unas 300 mil personas al mercado laboral formal y reducir la brecha de pobreza en 35%.
Sin embargo, para funcionar, un INIT necesita de ciertas condiciones habilitantes en las que se debe comenzar a trabajar hoy. Estas incluyen: un mercado laboral que cree empleos formales, condiciones que permitan trabajar (especialmente para mujeres), un sistema tributario eficiente que pueda pagar beneficios sociales, complementariedad con otras políticas sociales, espacio fiscal y voluntad política.