Advierte que el único margen real de los parlamentarios para corregir los ingresos sobreestimados por Dipres será a través del espacio de deuda aprobado para 2026.
Juan Ignacio Gómez, coordinador del Congreso Nacional de LyD, sabe de lo que habla cuando se trata de Presupuesto. Incluyendo la discusión que partió estas semanas, ya ha sido parte de cuatro debates legislativos de la Ley del erario nacional. Junto a los investigadores del centro de pensamiento, genera informes y asesora a los parlamentarios de derecha. También le ha tocado jugar al otro lado de la cancha: durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, del que formó parte, le correspondió defender los presupuestos de Energía e Interior en el Congreso.
Gómez, en base a su experiencia, analiza la discusión de la Ley de Presupuestos 2026 —que se inició estas semanas— y adelanta cuáles podrían ser las principales peleas que se den en el Congreso.
—¿Cómo ve esto de que no haya la llamada “glosa republicana”, que son fondos de libre disposición que un gobierno saliente deja a uno entrante en el presupuesto?
—Lo que está ocurriendo es que este gobierno está, implícitamente, diciéndole al próximo: “Te voy a dejar menos espacio de libertad, y vas a tener que seguir mi agenda”.
—El diputado Mellado le preguntó la semana pasada al ministro Nicolás Grau si se podía reponer, si es que “encontraban dónde cortar y sacar esos recursos”. ¿Se podría dar ese debate en el contexto de esta discusión presupuestaria?
—El Presupuesto de la Nación tiene gastos permanentes y transitorios, y la discusión de la ley, evidentemente, está en los gastos transitorios. Uno podría plantear la pregunta: ¿cuáles de esos gastos transitorios podrían quedar abiertos para la próxima administración o no? No se trata de recortar como si algo se dejara de hacer. Esas cosas eventualmente se harían, pero de manera distinta.
—¿Cuáles serían ejemplos de gastos transitorios?
—Cultura, por ejemplo, son casi todos gastos variables. El Pase Cultural es una política que se implementa en una glosa: es un gasto anual no establecido en una ley permanente. Los aportes a los museos, a todas estas fundaciones relacionadas con las artes, también son transitorios. Las dotaciones de los servicios públicos —los funcionarios a contrata— son esencialmente gastos transitorios. Los aportes a las fundaciones de expresidentes también. O el Plan de Búsqueda, que ha estado bien en la polémica hoy día. Otro plan así es el Buen Vivir, que se ha cuestionado harto.
Endeudamiento, la batalla madre
—¿Cuáles piensa que serán las principales peleas que vendrán en esta discusión del Presupuesto 2026?
—En general, siempre hay peleas sectoriales: más o menos obras públicas, ejecución de programas de inversión, gasto en atención primaria de salud, etc. Son temas recurrentes. Pero ahora creo que sí habrá una discusión que marcará transversalmente el presupuesto: la discusión por los ingresos.
—El senador Coloma (UDI) dijo que esperarían un informe del CFA la próxima semana sobre este tema antes de aprobar las partidas, si no me equivoco.
—Estará esta discusión sobre ingresos sobreestimados y gastos subestimados. Fíjate en la reforma de pensiones: se estableció que los recursos de mayores cotizaciones en diversas áreas —como salud y educación— se integrarán en la Ley de Reajuste del Sector Público (que comienza en diciembre, una vez finalizado el Presupuesto). Eso significa que, pese a que el Gobierno sabe cuál será el mayor gasto por eso, esto no está reflejado en los gastos del Presupuesto.
—¿Es lo mismo que ha pasado con la polémica del reajuste del sector público?
—Es lo mismo. Te dicen (el Ejecutivo) que los salarios se mantendrán nominales, pero el problema radica en que el Gobierno no ha dicho que no habrá reajuste del sector público. Si no hubiera, eso implicaría que les bajarán el sueldo a todos los funcionarios públicos en la práctica, al menos si el reajuste no va en línea con la inflación. Y estos gastos siempre han estado en el presupuesto, y hoy día no están.
Extracto de la entrevista en La Segunda