A la hora de analizar el panorama económico internacional y sus efectos en Chile, Sebastián Edwards es una voz más que autorizada. El economista, académico de la Universidad de California, Los Ángeles -en donde reside hace más de 40 años- no desvía la mirada de su país natal y en esta esta entrevista aborda los desafíos de la economía nacional, el desempeño del Gobierno y cómo actuar frente a la llamada “guerra arancelaria”.
¿Cómo evalúa el desempeño económico de la administración Boric hasta ahora?
La performance es, sin dudas, malita. Sin crecimiento y con un déficit fiscal rebelde. Con una informalidad laboral alta y productividad que sigue estancada. La verdad es que ni el Gobierno ni el país tiene algo que celebrar.
¿Qué medidas concretas cree que debería tomar el Gobierno para evitar convertirse en la administración con menor crecimiento desde el retorno a la democracia?
Creo que ese tren ya dejó la estación y que no hay vuelta atrás. Este cuatrienio pasará a la historia como un periodo doloroso en lo que a crecimiento, empleo, seguridad y prosperidad se refiere. Desde el Gobierno dicen que “normalizaron” el país. Esa es una falacia doble. Es verdad que no ha habido la misma violencia que en el segundo Gobierno de Piñera, pero eso es porque la violencia la difundió, empujó y valoró el Frente Amplio. Así no es, gracias. Además, la mediocridad no es lo “normal” para Chile. Hasta hace poco Chile fue un país pujante. Es menester devolverle ese Chile a los chilenos y chilenas.
¿Cuáles debieran ser las tres prioridades del próximo Gobierno para incrementar el crecimiento potencial de la economía chilena?
Creo que hay que ponerlo en simple. Hay que definir un objetivo prioritario y central, y desmadejar las políticas públicas principales a partir de ese objetivo. Y ese objetivo central debe ser crear muchos empleos buenos, con salarios altos, de alta productividad, empleos formales, con posibilidades de adquirir nuevas habilidades, que en esas labores la gente pueda entrenarse, ascender, prosperar. La consigna debiera ser ¡Buenos empleos para Chile! Y para lograr ese objetivo se requiere simplificar a fondo la maraña regulatoria. Solo ahí habrá un salto en la inversión y la productividad. Las iniciativas ahora en el Congreso son tímidas y les falta mucho. Con esa legislación no vamos a llegar lejos. Sin crecimiento no hay mejores empleos. Esa es una proposición simple que, sorpresivamente, es difícil meterle en la cabeza a algunos.
El déficit de los últimos dos años, sin mediar crisis, ha puesto sobre la mesa la importancia de retomar la disciplina fiscal ¿Cuál debería ser la prioridad para lograr un balance entre ingresos y gastos del Estado?
Chile enfrenta un dilema serio. La categoría de impuestos en la que estamos mal es el impuesto a las personas. Y en eso estamos comparativamente mal porque el tramo de exentos es demasiado grande. Rodrigo Vergara y sus colegas en el CEP calcularon que si Chile tuviera la estructura de tramos de Nueva Zelandia y España se recaudaría más de dos puntos adicionales del PIB. Pero este es el dilema: es difícil subirle los impuestos a la clase media, la que está acogotada y recibe pocos y malos servicios. Primero hay que mejorar los servicios y solo entonces subir los impuestos. Y ¿cómo se mejoran los servicios? Un gran revolcón administrativo de eficiencia, una reforma al aparato estatal de envergadura.
Con los recientes aranceles impuestos por EE.UU., ¿cuáles son los sectores económicos chilenos más vulnerables y qué medidas debiera tomar el país para proteger su posición estratégica como proveedor?
La estrategia correcta es mantener la cabeza fría y negociar con tranquilidad y aplomo. Hay que proteger las principales exportaciones.
¿Qué oportunidades podría aprovechar Chile en este contexto de guerra comercial? ¿Qué riesgos debe evitar?
Primero, lo que NO debe hacerse: usar instrumentos fiscales expansivos. El déficit se desbocó y la postergación del cumplimiento fiscal es una mala noticia. Lo que yo he recomendado –nadie me hace caso, eso sí– es declarar una emergencia económica en el Biobío y acelerar todos los permisos para el proyecto de tierras raras. Llevarlo a producción en los próximos meses y firmar contratos con compañías estadounidenses para suministro de esos minerales. Dejar a compañías chinas fuera de la ecuación.
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