
A pesar de ser muy relevante esta situación, en términos reales la deuda de los últimos cuatro quintiles ha disminuido respecto a la de hace 10 años, y la diferencia de gasto entre los hogares del primer quintil y el último se ha reducido sostenidamente (de 7,82 a 5,73 veces). Posiblemente, esta brecha sería aún menor si se consideran las prestaciones no monetarias entregadas por el Estado.
Lo anterior es sumamente importante, pues el gasto ha mostrado tener una mejor correlación con la calidad de vida que el ingreso, por lo que un gasto menos desigual entre quintiles supone una menor desigualdad en el bienestar de las personas.
Carta de Guillermo Irarrázaval, investigador del Programa Social de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-