
Entre los lineamientos que se fueron señalados como prioritarios, están los siguientes:
- Fortalecimiento y apoyo a la familia y la comunidad.
- Acciones concretas hacia la erradicación de la violencia hacia los niños.
- Establecimiento de garantías de derechos para la niñez, que permitan articular a distintos órganos del Estado hacia ese propósito.
- Articulación territorial para promover y proteger el cumplimiento de los derechos de los niños.
- Medidas en materia de Educación y Salud que aseguren la atención adecuada de los niños.
- Creación de un sistema de monitoreo que desde diversos sectores permita alertar, detectar y prevenir eventuales vulneraciones a niños y adolescentes.

En línea con ese hecho, y en lo que dice relación con la protección de los niños y adolescentes vulnerados, de acuerdo a lo señalado en el libro “La Infancia Vulnerada” (Ediciones LyD, año 2018), hasta hace un tiempo se ha observado una lamentable “autocomplacencia institucional”[i], en tanto los programas del Sename “no han sido evaluados, ni se ha medido su impacto o eficiencia de manera objetiva y vinculante”. En cambio, sólo existen estudios realizados por el mismo Sename o Ministerio de Justicia, “ninguno de los cuales reúne el requisito de imparcialidad”[ii]. En este sentido, y dados los antecedentes disponibles, es clara la necesidad de avanzar en el fortalecimiento del rol del Estado en el monitoreo, fiscalización y coordinación del sistema de atención[iii].
En ese contexto, la semana pasada se informó sobre algunos de los resultados de una auditoría realizada a los Centros de Reparación Especializada de Administración Directa (CREAD) del Sename. Estos son los centros que el Estado administra directamente y si bien en el papel, una de sus principales funciones es “asegurar una adecuada calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes atendidos (…), con el fin de promover su desarrollo integral y minimizar el impacto de la internación”[iv], los resultados que se dieron a conocer dan cuenta de una situación de precariedad: un 27% de los centros tienen una ambientación inadecuada y 54,5% muestran problemas respecto a ciertas normativas. Adicionalmente, se encontraron deficiencias en la elaboración de los planes individuales para los niños tratados y se reporta que 45% de los niños atendidos se encuentran fuera del sistema escolar y un 41,7% presenta consumo problemático de drogas y alcohol[v].
Existen aproximadamente 280 centros residenciales que atienden a más de 13 mil niños al año. De estos, sólo 11 corresponden a CREAD, mientras que la mayor parte corresponde a Organismos Colaboradores Acreditados (OCAS), que son instituciones administradas por privados que se financian a través de una subvención. Considerando la totalidad de programas relativos a la protección de niños y adolescentes vulnerados, los CREAD realizan el 96% de las atenciones del sistema. Mientras el número de atenciones realizadas por los CREAD ha ido cayendo en los últimos años (caída de -27% anual promedio entre 2008 y 2015) y las atenciones de los OCAS han experimentado un aumento sostenido (de 13% promedio), paradojalmente un 35% del presupuesto del Sename se asigna a la operación de los CREAD, versus un 60% que se dirige al funcionamiento de los OCAS[vi].
En este sentido, si bien aún falta conocer el detalle de la auditoría a los CREAD –y la que se llevará a cabo en los OCAS-, estos resultados preliminares vienen a ratificar la información que se ha conocido en los últimos años –y que hoy confirman quienes participaron en la mesa de trabajo- respecto a la insuficiencia con que el Estado ha cumplido su labor de proteger a los niños y adolescentes vulnerados, tanto en la administración directa de atenciones como su rol de supervisión y coordinación. "Cabe esperar que pronto comencemos a ver avances en funciones en las cuales el Estado es el único capaz de actuar", sentencia Arzola. Uno, en la realización de un sistema de monitoreo y evaluación, en que se mantenga un seguimiento de los niños atendidos, incluso una vez que egresan del sistema, de tal forma de anticiparse –y prevenir- eventuales reingresos. Dos, en la realización de una evaluación continua e imparcial de los programas de atención, orientada al cumplimiento de los estándares esperados. Y tres, en la coordinación con otros organismos del Estado, con el fin de generar espacios para que en cada uno de sus ámbitos se tenga a estos niños y adolescentes en el lugar de prioridad que debiesen tener.
[i] En “La Infancia Vulnerada” (2018), Ediciones LyD, pp. 132.
[ii] En “La Infancia Vulnerada” (2018), Ediciones LyD, pp. 139.
[iii] Ver “La Infancia Vulnerada” (2018), Ediciones LyD, pp.158.
[iv] Fuente: página web Sename: http://www.sename.cl/web/oferta-de-proteccion/
[v] Fuente: http://www.emol.com/noticias/Nacional/2018/05/24/907329/Pinera-recibe-primera-auditoria-a-centros-del-Sename-Las-conclusiones-son-tristes-y-a-veces-dramaticas.html
[vi] Fuente: “La Infancia Vulnerada” (2018), Ediciones LyD, pp.118. El 5% restante del presupuesto se destina a gastos operacionales y administrativos del servicio.