Desde 1990, Libertad y Desarrollo ha buscado promover la libertad en los campos político, económico y social. Ya son 27 años trabajando en pos de eso, y es por ello que ayer se conmemoró un nuevo aniversario con una cena ofrecida en Casapiedra para los amigos de la institución, entre ellos, embajadores, parlamentarios de la República, candidatos presidenciales, dirigentes gremiales, entre otros.

El Presidente del Consejo Asesor de LyD, Carlos F. Cáceres, realizó también un discurso en el cual criticó las reformas impulsadas por el gobierno de la Nueva Mayoría, y en especial los cambios en materia previsional.
Compartimos su discurso a continuación.
DISCURSO COMIDA ANIVERSARIO 27 DE LYD
por Carlos F. Cáceres, Presidente Consejo Asesor LyD
"Muy estimados amigos, nos reunimos esta noche para celebrar el vigésimo séptimo aniversario del Instituto Libertad y Desarrollo.
Terminaba el año 1989 y el país enfrentaba el desafío de iniciar una nueva etapa en su vida política. Las normas constitucionales, aprobadas en el año 1980, habían definido un camino de transición y se cumplían todos los requisitos para dar comienzo a un nuevo gobierno elegido democráticamente.
Fu
En el espacio de 27 años hemos cumplido rigurosamente estos propósitos. Lo hemos hecho con voluntad, con excelencia y con convicción. Ello nos ha dado un prestigio que no se cuestiona y la palabra de LyD es escuchada en el día de hoy en todos los sectores de la vida nacional. Para ello hemos contado con un activo excepcional que son nuestros consejeros, directores, investigadores y personal administrativo, todos los cuales se han entregado con notable motivación al desempeño de cada una de sus tareas. A todos ellos les agradecemos esta noche su destacada labor que ha estado siempre orientada a la finalidad que Chile alcance sostenidamente mayores grados de bienestar.
Nos encontramos en el día de hoy en una circunstancia especial. En el derrotero de los países en los cuales la historia no termina estamos nuevamente requeridos de colaborar en la permanente batalla, primero por las ideas y, luego, por su adecuada implementación.
El gobierno de la presidenta Bachelet ha intentado un cambio estructural en la sociedad chilena y en la cual prevalece ahora un creciente estatismo en todos los aspectos que hoy se consideran derechos sociales. Se ha pretendido y se ha logrado dejar de lado el principio del orden social de la subsidiariedad que establece la frontera entre la acción del Estado y la acción de los privados en la consecución de un orden social que promueve el Bien Común. Se ha confundido el concepto de bien público y se ha concluido que solo le cabe al Estado el entregarlo a la sociedad dejando aparte las competencias que le caben a las responsabilidades individuales. Es este cambio fundacional el que ha llevado al país a no alcanzar todo su potencial de crecimiento y paralelamente ha cercenado los espacios que a los individuos les corresponden en una sociedad de libertades.
Así, la reforma tributaria ha concluido y los resultados son los que se esperaban: complejidad en su implementación y significativa caída en los niveles de ahorro e inversión. La reforma educacional, por su parte, ha dejado impreso el criterio ideológico que la ha orientado impidiendo lo que le compete a la responsabilidad de padres y apoderados generando un esquema de gratuidad del cual se pretenden derivar dominios de carácter político en la enseñanza en todos sus niveles. La calidad del proceso educacional quedó definitivamente fuera de las preocupaciones. La ley laboral aprobada aparte de los pareceres de quienes desempeñan las tareas en las empresas desconoce, por lo tanto, la complejidad que ésta enfrenta, deja como resultado una legislación todavía sujeta a interpretaciones y caracterizada por su inflexibilidad y el intento de un dominio sindical.
C
a buscado el gobierno. Su propósito ha sido distinto, aumentar el tamaño del Estado en la convicción que la dependencia económica que éste origina permitirá derivar significativas dependencias políticas. Por último, la reforma a la Constitución, que hoy ha tenido novedades, sigue un proceso de experimentación que genera incertidumbre cuando se ponen en duda derechos fundamentales y se cuestiona la autonomía de instituciones que le dan estabilidad al orden de la macroeconomía. Ello aún cuando, de parte de la opinión pública, esta reforma no está considerada como de relevancia para la realidad que impera en el país. Ha pesado, sin embargo, una vez más, el voluntarismo y la ambición constructivista que caracteriza al gobierno de la Nueva Mayoría.
Observamos hoy día que en esa coalición política comienza un proceso de desmembramiento en que nadie quiere asumir la responsabilidad de un fracaso. Tal vez sólo el partido comunista puede mostrar un grado de satisfacción cuando desde la calle y desde el gobierno ha ejercido una clara influencia en los propósitos de acrecentar la acción estatal.
Sin embargo, en la vida de la democracia es posible que los votantes muestren su grado de adhesión o no a las políticas gubernamentales. En octubre pasado la ciudadanía mostró con claridad su no acuerdo con esta voluntad refundacional que impide el anhelado desarrollo del país y que genera un cercenamiento en los espacios en los cuales los individuos han mostrado toda su capacidad de creatividad.
Asistimos en estos días al debate de lo que probablemente, y así lo esperamos, será la última reforma promovida por la Nueva Mayoría. La reforma al sistema de pensiones. Hay acuerdo en todos los sectores de la necesidad de elevar las cotizaciones y de evitar las lagunas previsionales. Sin embargo, en el debate se ha puesto, una vez más, la convicción del gobierno en que debe incrementarse la participación del Estado en la entrega del importante servicio de la seguridad social. En la discusión se ha olvidado el inmenso beneficio que ha recibido el país de un régimen privado de seguridad social que tiene su fundamento en la subsidiariedad y que ha logrado en sus más de 35 años de existencia entregar recursos para hacer posible, entre otros, la modernización en la infraestructura del país como también que muchos chilenos tuvieran acceso a la vivienda. Simultáneamente quienes depositaron sus recursos se hicieron acreedores a importantes rentabilidades que son de su propiedad. Hoy se pretende que la cotización se transforme en un impuesto al trabajo y el comentario de la ministra Krauss de “ni un peso más a las AFP” fue el eco del sonido de una maquinaria que ha pasado a ser un símbolo del gobierno de la Nueva Mayoría: la retroexcavadora.
Es en estas circunstancias donde la economía chilena ha mostrado el resultado de políticas mal concebidas y mal implementadas. El crecimiento muy lejano a nuestro potencial nos ha apartado de los deseos de ingresar a la categoría de los países desarrollados y estamos pagando el gran costo de oportunidad que significa no aprovechar dicho potencial. Ha caído la tasa de inversión, ha aumentado el tamaño del Estado, ha caído el nivel de empleo, ha aumentado la deuda pública y todos los indicadores nos muestran un camino al fracaso en lo que se refiere al crecimiento. En el ámbito social nos preocupa igualmente la grave situación que impera en la Araucanía donde se perfilan acciones de carácter terrorista ante las cuales la autoridad debiera aplicar todas las normas incorporadas en nuestro Estado de Derecho. La incertidumbre y la desconfianza se han apoderado del país y de ello ha derivado que la capacidad empresarial busca horizontes distintos para llevar adelante sus iniciativas. Causa tristeza el observar como perdemos oportunidades de progreso y lo que ello implica, principalmente, en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
Es en estas circunstancias donde el país enf
Hoy en la noche nos acompaña como invitado principal el Profesor Samuel Gregg, economista y destacado académico, quien ha hecho un muy notable aporte en los estudios vinculados con la moral y el orden del capitalismo. Sentimos que el tema no puede estar más vigente. Hace muchos años expresamos, en ocasión similar a ésta, que la gran misión del país era proyectarse en la búsqueda de un bienestar para todos y ello requería moverse en la dirección de mejorar sostenidamente sus ventajas competitivas. En ello debía reconocer la realidad de cuatro condicionantes: la globalización, la innovación tecnológica, el cuidado del medio ambiente y la legitimidad ética de la economía de mercado. Hemos observado que en este último aspecto han ocurrido importantes fisuras que ponen en duda la sustentabilidad de una economía de libre mercado. Han surgido problemas de naturaleza ética en comportamientos empresariales y han ocurrido situaciones de corrupción en entidades públicas y privadas y ello ha derivado en pérdida de prestigio y en grados de alta desconfianza en la ciudadanía que exige la presencia de la efectiva competencia que debe caracterizar un régimen de economía social de mercado. Estamos conscientes que la formación ética corresponde a las personas individuales y no a los sistemas y son los actores del orden social y sus acciones específicas las que deben reflejar el sentido moral en el orden de la economía. La economía de mercado ganó con creces la legitimidad de la eficiencia. Sin embargo, ello no basta para la prosperidad sostenida de una sociedad. Al lado de la eficiencia se requiere la presencia de valores y de plena consecuencia entre los principios éticos y las acciones concretas. La armonía social la podremos encontrar cuando se den las debidas subordinaciones entre el orden de la moral, de la política y la economía.
El profesor Gregg nos ilustrará esta noche sobre la moral y el capitalismo y tengo la seguridad que en sus palabras habremos de encontrar respuesta a muchas inquietudes y por ello le agradezco su importante visita.
Agradezco la asistencia de cada uno de ustedes y los aportes que nos hacen para que podamos cumplir con nuestra importante misión. En las complejas e inciertas circunstancias en las que hoy vive el país y en las cuales se ponen en juego los valores que ilustran una sociedad de libertades debemos levantar los espíritus, alzar las miradas y hacer converger legítimas aspiraciones que son posibles de alcanzar cuando se defiende y se proyecta con coraje y convicción un régimen que abre los espacios a la iniciativa creadora de los individuos. En esa misión LyD continuará siendo una referencia que, resistiendo todas las adversidades, habrá de ilustrar permanentemente el pensamiento y la acción consecuente con un orden de libertades".