Entrevista a Carlos F. Cáceres en La Segunda a 27 años de la creación de LyD

Desde 1991 es Presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo, centro de estudios que hoy cumple 27 años y desde donde está dispuesto a poner los puntos sobre las íes de lo que preocupa al sector que cree representar: la derecha. Así, sin apellidos, porque a diferencia de lo que podría exhibir hoy el muestrario de precandidatos
presidenciales, no cree que existan varias derechas: "la derecha es una sola", asegura.

Asertivo en sus respuestas, pero siempre compuesto. Incluso en sus énfasis, no se despeina, ni se le mueve la corbata, ni menos sus colleras doradas con el signo del euro. Es sumamente crítico de la actual administración, pero al referirse a él nunca se sale del molde: "el Gobierno de la Presidenta Bachelet". Y es reiterativo —y ahí se le sale el economista de la UCV y master de Cornell University que lleva dentro— en la necesidad de que Chile vuelva a poner en el centro de la discusión el crecimiento, "que ha estado aparte del programa del Gobierno de la Presidenta Bachelet".

—Crecimiento, ¿a todo evento?

—A todo evento. Y eso implica un cambio de actitud, y ahí el tema de las confianzas es esencial, porque eso es lo que permite mirar a largo plazo. Y los procesos de inversión requieren una mirada de largo plazo.

—El hoy candidato Sebastián Piñera plantea subir al triple el crecimiento económico. ¿Es posible?

—Siempre está el problema de la escasez de recursos. Y evidentemente que la herencia que dejará el Gobierno de la Presidenta Bachelet va a ser negativa desde el punto de vista de los recursos fiscales. Por lo tanto, esa meta que ha colocado el presidente Piñera parece una meta a lo mejor pequeña con tasas que experimentamos en el pasado, pero acorde a los recursos disponibles para destinar al crecimiento de la economía.

—O sea, ¿sí es posible?

—Sí, porque hay voluntad e inteligencia para aplicar las políticas requeridas.

—¿Cuáles serían en concreto esas políticas requeridas?

—Voy a decir una sola: crear las condiciones... para que los individuos tomen las decisiones que correspondan, colocando los acentos fundamentales en productividad y competitividad.

—Pero vamos a las políticas específicas. En impuestos, por ejemplo.

—No me cabe duda de que la carga tributaria ha quedado por encima de la normal de un país que tiene el ingreso per cápita de Chile. Una medida específica sería reformar la reforma tributaria, pues su complejidad ha colocado una serie de barreras para motivar la inversión.

—Pero una cosa es reformar la reforma como lo plantea el ex Presidente Piñera volviendo a un sistema integrado, y otra es reducir la carga fiscal.

—Hay que bajar el impuesto a las empresas. El impuesto del 27% es alto si se compara con países con el crecimiento y el ingreso de la economía chilena.

—Esto de bajar impuestos me recordó a Trump; es una política "trumpista".

—Yo no diría "trumpista", porque puede parecer tramposa. No me quiero comparar con el Presidente Trump, pero creo francamente que como requerimiento de la economía chilena, cuando la tasa de inversión ha caído al 20% del PIB y estamos conscientes de que la tasa de inversión, para crecer al 6-7%, tiene que nuevamente subir al 27%, ¿qué nos queda por hacer? Pagar un costo, y ese costo, entre comillas, es bajar los impuestos.

—Pese a que el fisco no tiene plata.

—La economía, cuando usted baja impuestos, genera incentivo, y ese incentivo va a generar crecimiento y ese crecimiento significa a la vez mayor recaudación tributaria. Esa fue la política del Presidente Reagan cuando bajó los impuestos y también se le acusó de que iba a generar mayores déficits fiscales. No tengo dudas de que el Gobierno de la Presidenta Bachelet deja extremadamente restringida la variable del gasto público.

Valdés ha dado rigurosidad

—En las últimas semanas hubo una polémica entre el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, y el ex presidente del Banco Central Rodrigo Vergara respecto a las razones de este bajo crecimiento. ¿Cuánto pesan los factores estructurales y la economía externa vs. las reformas?

—Cuando el ministro Valdés y el ministro (secretario general de la Presidencia, Nicolás) Eyzaguirre cambian el foco y culpan de la baja tasa de crecimiento a lo que ha pasado con la estructura de las exportaciones y el comercio internacional, y luego a un tema de capacidad empresarial de innovación, yo tiendo a participar de que hay un problema estructural. Pero un problema estructural no en ese sentido, sino en el sentido de que las modificaciones estructurales que hizo el Gobierno de la Presidenta Bachelet son las que están afectando el crecimiento. No tengo duda de que la reforma tributaria, educacional, laboral, han incidido en la caída de la tasa de crecimiento. ¿Por qué razón? Porque en el fondo lo que se ha afectado es la tasa de inversión. Y cuando no hay inversión, no hay crecimiento.

—¿No hay factores exógenos?

—No puedo ser tan categórico de decir que no. Hay que reconocer que la realidad externa cambió. Este ciclo positivo de los commodities se alteró hace tres o cuatro años. Y por eso no podríamos exigirle al Gobierno de la Presidenta Bachelet un crecimiento del 6 o 7%, pero haber bajado a tasas de menos del 2% por 4 años consecutivos no me parece que pueda ser culpa del exterior, sino a un ingrediente interno al cual le atribuyo la mayor ponderación.

—En una entrevista de 2015, a usted se le veía bastante escéptico respecto a cuánta influencia podría tener el ministro Valdés en el gobierno, cuando el mercado lo veía como un salvador...

—Rodrigo Valdés ha colocado rigurosidad a la política económica. Ha hecho ese intento; hay que reconocerlo.

—¿Qué nota le pondría a Valdés?

—Yo diría un 5.

—O sea, aprueba.

—Sí, aprueba.

—¿Pero qué le falta?

—Le faltó apoyo, haber intentado establecer mayores grados de consenso.

—El lunes se conoce el nuevo IPOM, con las proyecciones de crecimiento del país. ¿Coincide con algunos expertos en que el próximo gobierno recibirá una economía más en vuelo que en caída, con una bolsa que lo anticipa y un precio del cobre en alza?

—Cuando uno revisa la realidad externa, el panorama económico internacional es bastante más positivo de lo que había en 2016. Uno ve a Estados Unidos con más fuerza, Europa ha consolidado el proceso de recuperación, China no baja su crecimiento, Japón estabilizado. En la economía interna hay que tener cuidado, porque vamos a compararnos con trimestres de crecimiento muy bajo y por lo tanto el piso está bajo. Que eso muestre que hay un auge en la economía chilena, evidentemente sería demasiado optimista. Pero aún cuando la tasa de crecimiento de este año no va a ser superior al 2%, la tendencia trimestre por trimestre, dada esta realidad decreciente que tuvo el año pasado, va a ser ahora creciente.

—O sea, ¿coincide con este optimismo racional?

—Exactamente, pero derivado de que las comparaciones están hechas sobre bases de comparación muy bajas.

—Pese a que el Financial Times detecta una recesión técnica...

—Recesión técnica es cuando uno ve con parámetros estadísticos que en dos trimestres consecutivos hay caída en el PIB. Pero lo que interesa es cómo reenfocar la política económica, de manera que esta tendencia creciente, que se va a observar, ojalá pase a crecimiento efectivo en los próximos años, y eso evidentemente pasa por un cambio de política.

—¿Por un cambio de signo político?

—De signo político, sin complejos.

¿Una o más derechas?

—Y hablando de política, en su sector hay una discusión respecto al nacimiento de una nueva derecha pensada por autores como Pablo Ortúzar, Hugo Herrera o Claudio Alvarado.

—Yo me pregunto, ¿qué es la nueva derecha? Para mí, la derecha es una sola, un movimiento ideológico cuya sustancia está en reconocer el ejercicio de la responsabilidad individual en todas las materias en las cuales esa responsabilidad tiene facultades para cumplir con las finalidades específicas. Que establece una clara separación entre las tareas del Estado y las del sector privado. Pero el punto fundamental de un pensamiento de derecha es crear las condiciones para el ejercicio de la responsabilidad individual.

—Pero es distinto hablar de José Antonio Kast, que defiende a la dictadura militar, de Piñera, que habló de cómplices pasivos, o de Ossandón o de Felipe Kast, que se desliga de Pinochet.

—Son ingredientes más ideológicos que de materia política y económica. Son puntos de vista. Yo tuve una posición contraria al planteamiento de Sebastián Piñera respecto a los cómplices pasivos y tengo una posición contraria a que Felipe Kast prácticamente hoy reniegue del gran avance que hizo el gobierno de las Fuerzas Armadas. Ahí hubo un cimiento de un proceso de reforma estructural muy importante que generó grandes beneficios al país. Ese es mi punto de vista respecto del gobierno militar. Y no tengo ningún complejo de decirlo con esa claridad.

—¿Complejo que sí tienen otros?

—Probablemente, pero no es mi actitud.

 

Fuente: La Segunda.-

otras publicaciones