Dado su indudable impacto cultural y socioeconómico, resulta deseable promover una estrategia para el desarrollo permanente de la ciencia, tecnología e innovación en el país. Ésta debe apuntar a lograr una mayor coherencia e integración entre los distintos programas a nivel nacional, promover la ciencia, tecnología e innovación en la cultura, la formación académica y los procesos productivos, e incentivar la iniciativa privada en esta área.
A lo largo del tiempo se han realizado esfuerzos para financiar instrumentos de fomento, los que están diseminados en distintos ministerios. Hay otros ministerios y organismos nacionales que también reciben recursos, pero no es claro el grado de coordinación existente entre ellos.
Ayer, la Presidenta Michelle Bachelet firmó en el salón Montt Varas de La Moneda el proyecto de ley que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología. El proyecto contempla una institucionalidad donde el ministerio es el eje: será el encargado de asesorar al Presidente de la República en el diseño, formulación, coordinación, implementación y evaluación de programas que tengan como fin fortalecer la ciencia. Junto con él, se establece una Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, que reemplaza al actual Conicyt, y además, un Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

“La idea, en cambio, de generar un Ministerio sólo dedicado a la Ciencia y Tecnología no parece una solución muy distinta a empoderar CONICYT, pero además asociado inevitablemente a mayores gastos y burocracia”, explica la economista. A eso se suma la inexplicable ausencia de la Innovación en la nueva institucionalidad propuesta. Finalmente, lo que se debe buscar es una mejor asignación de recursos que potencie la ciencia y su impacto en el desarrollo, y no el desvío de los mismos hacia la administración pública.