
Esto, sin embargo, es en parte contrarrestado por un comercio minorista que en línea con los sorprendentes resultados de enero y febrero, se expandió 7,9% en 12 meses (y que de acuerdo a la CNC, un 8,4% en Santiago).
En concreto, la expansión de 0,7 en 12 meses es 1,5 puntos porcentuales menor al registro el mes anterior, con el cual el primer trimestre cerró con un aumento del PIB de 2,0%, y está 1,8 puntos por debajo de lo experimentado el mismo período un año atrás. La serie desestacionalizada retrocedió un 1,3% respecto al mes anterior, y avanza un 0,6% respecto a igual mes de 2015.
"Esta nueva cifra tiende a confirma que nuestra economía sigue bastante estancada, e incluso excluyendo los adversos resultados de la minería, se obtendría una pobre expansión del producto de 1,2%. Con este 0,7% se acumula en el primer tercio del año una expansión de 1,7%, respecto a igual periodo del año anterior, algo muy similar a lo que los agentes privados nacionales proyectan para el año completo, pero aún levemente por encima del pronóstico del FMI de 1,5%", comenta Francisco Klapp, investigador del Programa Económico de Libertad y Desarrollo.
Para el economista esta tendencia no se revertiría en el segundo semestre "mirando ya hacía el resto del 2016, el panorama no es demasiado auspicioso y resulta difícil ver señales que sugieran que la actividad se dinamizaría hacia el segundo semestre, sin embargo, el mal resultado para abril no cambia demasiado el panorama. Y los datos de mayor frecuencia como el IMACEC, están sujetos a una relativa alta volatilidad y en éste, también parecen estar afectados por factores climáticos".
Un elemento a considerar en el análisis es la velocidad del IMACEC (comparación de promedios trimestrales consecutivos desestacionalizados y anualizados), el cual suele aportar antecedentes adicionales acerca del estancamiento de la economía y/o una potencial desaceleración adicional. Esta medida con un 2,3%, puede interpretarse como un elemento más que apunta hacia el estancamiento, o la que parece ser la nueva realidad del dinamismo chileno: crecimiento anual del PIB en torno al 2%.
