El paro de taxistas contra Uber y Cabify tiene como objetivo presionar a las autoridades para que les eliminen la amenaza de tener que competir. Los principales perjudicados son, desde luego, los usuarios y el resto de los habitantes de la ciudad que necesitan desplazarse.
En la actualidad, los taxistas constituyen un cartel de pequeƱos empresarios, que se coordina a travĆ©s del Estado. Esta estructura de mercado ha sido usada en distintas ciudades congestionadas del mundo debido a que la libre entrada llevarĆa al uso excesivo de las vĆas pĆŗblicas por parte de vehĆculos que estĆ”n circulando constantemente en la bĆŗsqueda de pasajeros.
Como se trata de un mercado con poder monopólico y en el que el usuario que detiene un taxi en la calle no tiene la posibilidad de evaluar ex ante el servicio que va a contratar, también las autoridades suelen regular la calidad del servicio prestado.
Con las tecnologĆas como Uber y Cabify, estos problemas se resuelven en buena medida. Por un lado, ya no es necesario que los vehĆculos estĆ©n recorriendo la ciudad sin pasajeros, ya que los socios conductores atienden un llamado georreferenciado a un usuario cercano a su ubicación. AdemĆ”s, los usuarios cuentan con una evaluación informativa de la calidad del servicio que van a contratar.
"Como resultado, se logra un mejor servicio, menor congestión y menor costo para el usuario", señala Rodrigo Troncoso, Director del Centro de Estudios de LyD. Los taxistas alegan competencia desleal, pero en realidad lo que no quieren es competencia, de ningún tipo. "Los permisos para operar como taxis son entregados gratuitamente por la autoridad y su posterior venta es ilegal", añade el economista. AdemÔs, los taxis tradicionales tienen beneficios tributarios, y muchas de sus transacciones son irregulares, pagadas con dinero en efectivo, sin documentación.
En cambio, los servicios contratados a travĆ©s de Uber o Cabify son de mejor calidad y transparencia: mejores vehĆculos, conductores atentos y cordiales, tarifas transparentes y mĆ”s convenientes. AdemĆ”s, no hay dinero en efectivo, ya que todas las transacciones se hacen a travĆ©s del sistema bancario formal.
Hasta ahora, las reacciones de las autoridades han sido sorprendentes. El Ministro de Transportes y Telecomunicaciones calificó a estos servicios de āpiratasā e āilegalesā, lo que se interpretó como un llamado a hacer justicia por cuenta propia, con lamentables incidentes. "Ahora las autoridades cuestionan a estas empresas tecnológicas de lucrar. Un argumento insólito, cuando ha sido, precisamente, la bĆŗsqueda de ganancias el principal motor de la innovación en el mundo", asegura Troncoso.
La legislación actual no fue diseƱada tomando en cuenta esta nueva y exitosa forma de ofrecer y contratar servicios de transporte, por lo que su aplicación es interpretable. A juicio de Troncoso, "la autoridad tiene el desafĆo de actualizar la legislación, pero haciĆ©ndolo a favor de la competencia y bienestar de la población y no atendiendo los intereses económicos del cartel de taxistas".