
Su incorporación a la legislación chilena es contraria al derecho de propiedad y la libertad constitucional de desarrollar actividades económicas y obligaría a desechar operaciones que no solo son legítimas sino que, en la mayoría de los casos, generan un círculo virtuoso de mayor inversión y crecimiento, trasferencia de conocimiento y desarrollo tecnológico. Adicionalmente, surgen múltiples interrogantes sobre lo que ocurrirá con empresas que a la fecha ya tienen participaciones minoritarias, la indemnización de quienes resulten afectados y la situación en que quedarían los inversionistas extranjeros.
Carta de Susana Jiménez, Coordinadora de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-