Sorpresas en la primera vuelta de las Elecciones Presidenciales Argentinas 2015

Por Emilio J. Cárdenas, Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.-

 

emilioLa primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales argentinas del 2015 produjo resultados para muchos sorprendentes. En general se suponía que la distancia entre el candidato oficialista, Daniel Scioli (FPV), y el principal opositor, Mauricio Macri (CAMBIEMOS), estaría en el orden de los 8 puntos, a favor de Scioli. No obstante, los resultados finales mostraron que ella fue de apenas un poco más de 2 puntos. El tercer candidato que pujaba, Sergio Massa, cabeza del peronismo crítico y disidente con el FPV (agrupado en UNA), mantuvo su caudal de votos, en el orden del 21%. Y la consiguiente gravitación política.

Finalizados los comicios, antes de comunicar la gran sorpresa, el gobierno nacional maltrató caprichosamente a la ciudadanía argentina, demorando la publicación de los primeros resultados por espacio de 6 horas. Esto está absolutamente en línea con la falta de cortesía que han caracterizado a los gobiernos kirchneristas a lo largo de los últimos 12 años.

Era y es imposible no estar legítimamente preocupados con la posibilidad de que Scioli alcanzara la presidencia. Hablamos de un hombre sin la preparación adecuada, de conductas pusilánimes y de una evidente pequeñez intelectual. Con tal de ser candidato, aceptó ser virtualmente rodeado por personajes afines a la presidente saliente. Tanto en lo que se refiere a su vicepresidente, Carlos Zanini (hoy Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación), una suerte de comisario político del FPV con un pasado vinculado a la guerrilla del año 70, como en las listas de legisladores, en las que se enquistó “La Cámpora”. Por esto Daniel Scioli representa la continuidad. Más allá de las sospechas de que personalmente es quizás algo distinto. Macri, por su parte, postula el cambio. “Continuismo” y “cambio” conforman entonces la alternativa que deberá dilucidarse en la segunda vuelta.

Otra inmensa sorpresa fue la generada por María Eugenia Vidal, que se consagró gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Será la primera mujer en ese cargo, e interrumpirá tres décadas de gobiernos peronistas continuados. María Eugenia Vidal tiene 42 años, estudios en ciencias políticas y relaciones internacionales y, pese a su juventud, tiene una notable experiencia política, desde que integró la “Fundación Crecer”, fue legisladora, ministro de desarrollo social y vice jefa de gobierno. De personalidad firme y a la vez dulce, tiene una cuota interesante de carisma personal. Deberá lidiar con los pocos caudillos peronistas del conurbano que sobrevivieron y –ciertamente- con los sindicatos. En su favor está el hecho de que realmente arrasó en la provincia de Buenos Aires.

“Cambiemos”, en rigor, se impuso en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que generan algo más del 70% de la producción agrícola argentina. Hubo –queda visto- claramente un voto rural castigo por la persecución oficial al campo argentino que lo ha llevado a un estado de postración y asfixia.

Todo el espectro rural, incluyendo las cadenas de abastecimiento y los provedores, votó masivamente por Macri y mostró desconfianza por Massa, por su pasado peronista. María Eugenia Vidal obtuvo casi el 40% de los sufragios en la provincia de Buenos Aires, lo que es todo un “batacazo”. Y para Scioli, un inocultable tropezón político que, para peor, nunca vio venir.

La alianza del PRO de Mauricio Macri con el alicaído Partido Radical funcionó bien y el aporte de la estructura nacional del radicalismo fue evidente. El ejemplo más destacado es el de Gerardo Morales, que después de 32 años de gobiernos peronistas se consagró como gobernador de la provincia de Jujuy, provincia norteña en la que actúa el movimiento “Tupac Amarú”, marxista y violento, liderado por la activista Milagro Sala, a quien la administración kirchnerista había apoyado con enormes sumas de dinero que fueron canalizadas a través del ministerio del que es titular Alicia Kirchner. Milagro Sala –con sus matones- tiene amenazado e intimidado a buena parte del liderazgo local y ha tenido duros enfrentamientos judiciales con el propio Gerardo Morales como consecuencia de las agresiones perpetradas físicamente contra el gobernador ahora electo de la provincia.

Como “premio consuelo” el FPV mantuvo el control del feudo de los Kirchner, esto es de la provincia de Santa Cruz, que será gobernada por Alicia Kirchner y representada en la Cámara de Diputados por el recalcitrante y provocador Máximo Kirchner. Alicia Kirchner fue, el día antes de las elecciones, agredida personalmente en las calles de Río Gallegos donde pasó un muy mal rato y fue blanco de huevos y harina.


Se acerca ahora el “ballotage”, por primera vez en la historia política argentina.
El sistema, que es consecuencia de la reforma constitucional de 1994, no ha sido hasta ahora utilizado. En el 2003 Carlos Menem, que había ganado la primera vuelta electoral con apenas el 24% de los votos pero, previendo su derrota en segunda vuelta, desistió cobardemente de competir. De este modo coronó presidente a Néstor Kirchner, a quien tan sólo el 22% del electorado había votado. Para evitar la segunda vuelta, Scioli debió haber obtenido el 45% de los votos, o el 40% de ellos con una diferencia del 10% entre primero y segundo, lo que no ocurrió.

Uno de los errores cruciales del oficialismo fue el de candidatear a Aníbal Fernández como gobernador a la provincia de Buenos Aires. Se trata del actual Jefe de Gabinete ministerial, que ha acumulado oscuras denuncias en su contra que lo vinculan con el tráfico de drogas. Concretamente, con las importaciones de efedrina. Se trata además de un político que en su tránsito de la última década ha acumulado toda suerte de enemigos.

Antes de la segunda vuelta –prevista para el próximo 22 de noviembre- es bueno recordar que la historia argentina muestra que ningún gobernador de la provincia de Buenos Aires pudo luego acceder a la presidencia de la Nación. Scioli parece haber sido finalmente alcanzado por esa verdadera maldición.

Como resultado de la primera vuelta, el oficialismo mantendrá el control del Senado de la Nación. Pero perderá el de la Cámara Baja, donde ni siquiera será capaz de formar quorum, desde que tiene 116 bancas y el quorum requiere 129. Cambiemos ha obtenido 91 bancas y, con el apoyo de los diputados de Massa, podrá lograr allí la aprobación de sus proyectos. Pero estará obligado a negociar, caso a caso, en procura de consensos.

El peronismo –en su conjunto- sale malherido de los recientes comicios. Ha perdido en las provincias más importantes y en la ciudad de Buenos Aires. Me refiero a Mendoza, Córdoba, Santa Fe y a la decisiva provincia de Buenos Aires. En el llamado conurbano de la ciudad de Buenos Aires perdió, además, varios municipios importantes. En Córdoba, Macri aumentó, en comparación con las primarias, un 18,3%. En la provincia de Buenos Aires, un 4,1%; en la provincia de Mendoza, un 4,71%; en la provincia de Santa Fe, un 3,3%; y en la provincia de Tucumán, todavía convulsionada por el descarado fraude cometido en la última elección local, los votos que cosechó Macri, con Cambiemos, aumentaron un 6,9%.

El peronismo personificado en el FPV sólo tuvo elecciones aceptables en el norte y sur del país, salvo el caso paradigmático ya mencionado de Jujuy. En el conurbano y la provincia de Buenos Aires, el peronismo salió derrotado en La Plata, Avellaneda, Bahía Blanca, Azul, Dolores, Lanús, Necochea, Olavarría, 9 de Julio, Pergamino, Pinamar, San Isidro, San Miguel, San Nicolás, San Pedro, Tandil, 3 Arroyos, Villa Gessell, y otras ciudades menores. Por todas partes, entonces.

Macri-ScioliEn las primarias, cabe recordar, Cambiemos había quedado 8,5 puntos detrás del FPV. La distancia quedó reducida ahora a 2,5 puntos, lo que supuso un aumento de 1,6 millones de votos. Scioli aumentó su caudal en apenas 280.000 votos y Massa capturó 600.000 votos. ¿Cómo pudo esto ser así? Primero, porque en las primarias votó el 74% del padrón, y en la primera vuelta, en cambio, lo hizo el 80,88%. Casi 1.200.000 votos adicionales. Además, en las primarias hubo unos 1.200.000 votos en blanco, mientras que en la primera vuelta tan sólo 596.000.

La izquierda dura convocó a votar “en blanco” en la segunda vuelta. El espacio político progresista de Margarita Stolbizer, en cambio, sugirió votar por Mauricio Macri. Lo cierto es que había perdido lo sustancial de su caudal en lo que luce como un conjunto de votantes que la abandonaron por aquello del “voto útil”.

Pese a que nadie puede sostener que tiene en su haber votos “cautivos”, si Macri pudiera obtener el apoyo de los votos que siguieron a Massa, sus posibilidades aumentarían notoriamente y el destino de Scioli estaría decidido, en contra de sus ilusiones.

Para hacer las cosas aún más complejas y demostrar que el peronismo es realmente una “bolsa de gatos”, Aníbal Fernández atribuyó su derrota a un presunto “complot” interno del FPV, en el que incluyó tanto a Daniel Scioli, como a Julián Domínguez, Ricardo Casal y Florencio Randazzo.

Las primeras encuestas publicadas inmediatamente luego de la primera vuelta sugieren que Mauricio Macri le lleva ya 5 puntos a Daniel Scioli, en una tendencia que -si Scioli se mantiene aferrado al kirchnerismo- previsiblemente se confirmará. Nada está nunca asegurado en el peculiar mundo de la política y para consolidar su posible victoria en segunda vuelta Cambiemos necesita hacer un esfuerzo infatigable y ordenado, del que claramente es capaz.

Sergio Massa bien podría ser un próximo líder peronista, más sensato que lo habitual, si el FPV terminara –como es previsible- siendo derrotado el próximo 22 de noviembre.

Las “claves” de la sorpresa generada en la primera vuelta de la elección presidencial pueden resumirse en las siguientes:

  • La enorme mayoría de quienes no habían votado en las primarias y votaron en la primera rueda se inclinó evidentemente por Macri.
  • Algo parecido sucedió con los votantes en blanco;
  • El argumento del “voto útil” funcionó, como algunos preveían, a último momento;
  • Las grotescas contradicciones y tensiones internas del FPV no permitieron el aumento de votos que Daniel Scioli necesitaba;
  • El interior del país jugó un papel decisivo. Como hemos dicho, las provincias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza le dieron la espalda a Daniel Scioli. También las de Tucumán y Jujuy. Catamarca y La Pampa tampoco le fueron favorables, y la batalla por la provincia de Buenos Aires, que aloja prácticamente al 40% de los votos, terminó en la derrota estrepitosa de Daniel Scioli;
  • Massa pudo crecer, pero en ningún modo puso en peligro el crecimiento espectacular de Macri.

En una mirada final, hasta ahora hay “ganadores” y “perdedores” en el mundo de la política argentina. En mi opinión han salido fortalecidos: Mauricio Macri; María Eugenia Vidal; Sergio Massa; el dirigente radical Ernesto Sanz; la intrépida Elisa Carrió; el radical Gerardo Morales, ahora gobernador electo de Jujuy; Carlos Verna, peronista independiente que se impuso en La Pampa; Martiniano Molina, que derrotó al FPV en Quilmes, la tierra de Aníbal Fernández; Julio Garro, en la ciudad de La Plata; y Diego Valenzuela, vencedor en Tres de Febrero.

Por oposición, quedaron desairados: Cristina Fernández de Kirchner; Aníbal Fernández; Daniel Scioli; Eduardo Fellner (Gobernador de Jujuy); Martín Sabbatella y su hermano (enemigos de la libertad de prensa cercanos a Cristina Fernández de Kirchner, del ex feudo peronista de Morón); Hugo Curto, tras 24 años en el sillón municipal de Tres de Febrero; el audaz Vice ministro de Justicia, Julián Alvarez (Lanús); el constantemente desorientado líder peronista disidente, Francisco de Narváez; el Ministro de Justicia Julio Alak; y Francisco Gutiérrez, el hombre de Aníbal Fernández que, pese a ser intendente, no pudo retener Quilmes.

Las antedichas son sólo las primeras reflexiones sobre una sorprendente primera vuelta en las elecciones presidenciales argentinas. Puede, quizás, haber nuevas sorpresas, particularmente a la luz de la evidente falta de apoyo de la presidente al candidato del FPV desde que se conocieran los resultados que pueden derivar en una catástrofe para el FPV, si las relaciones internas no se recomponen y la confusión que se ha apoderado del FPV no se ordena.

Nada, sin embargo, está grabado en la piedra todavía, aunque la sensación de cambio domina el ambiente después del fenómeno del hartazgo que se expresara en las urnas.

 

 

 

 

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