Una suerte de ejercicio de realidad hizo el año pasado el economista Juan Andrés Fontaine. Pieza clave en la negociación del acuerdo sobre reforma tributaria -en el que participó como representante de Renovación Nacional-, le tocó moverse -cuenta- entre márgenes estrechos. El contexto era la discusión de los cambios impositivos que ya habían sido aprobados en la Cámara de Diputados, después de una discusión prácticamente nula, y se había abierto un espacio de discusión una vez que el proyecto llegó al Senado.
"El ex ministro (de Hacienda) Alberto Arenas nos dijo que lo máximo que el Gobierno estaba dispuesto a hacer era crear un sistema opcional al de renta atribuida. Nosotros dijimos que la renta atribuida era muy compleja, que no se aplicaba así en ninguna parte del mundo, y que minaría los incentivos al ahorro y la inversión. Fue así como surgió una fórmula alternativa, el sistema semiintegrado", relata el Consejero de Libertad y Desarrollo.
Pero esta apertura a negociar -agrega- tenía dos pies forzados: conseguir el 3% de recaudación y mantener el sistema de renta atribuida de manera opcional.
Instalado en sus nuevas oficinas en el barrio El Golf, agrega que valora que el actual ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, haya reconocido que la convivencia de ambos esquemas es compleja y se haya abierto a cambios legales. Da a entender, eso sí, que nuevamente la oposición deberá hacer un ejercicio de realismo.
-Algunas personas ligadas a la Nueva Mayoría -entre ellos, Michel Jorratt- han dicho que los problemas de la convivencia se generaron en el acuerdo, y que si solo hubiese permanecido la renta atribuida, jamás se habrían dado las dificultades operativas que hoy enfrentan las empresas.
"Solo con la renta atribuida el sistema habría sido mucho más complejo. Muchos de los expertos que fueron al Senado, donde por iniciativa del senador Ricardo Lagos Weber se dio un profundo debate y una discusión democrática de alto nivel, detallaron las consecuencias que tendría la renta atribuida principalmente en la inversión. Pero, además, advirtieron sobre las dificultades para su implementación. Por ende, lo que hicimos en la negociación fue un paso muy importante".
-Pero ahora el acuerdo está en entredicho. A su juicio, ¿se avanzó dentro de los marcos que permitió Hacienda?
"Es importante rebobinar lo que ocurrió. La reforma tributaria, basada en la renta atribuida, fue un aspecto central del programa de Michelle Bachelet. Yo, personalmente, tuve innumerables intervenciones públicas llamando la atención respecto de que esa reforma tributaria me parecía una aberración, y debo reconocer que me quedé con la frustración de no haber podido convencer a la ciudadanía en absoluto. La Presidenta Bachelet tuvo una victoria arrolladora en la elección. Tanto así, que cuando se presenta el proyecto, la opinión generalizada en distintos sectores era que la reforma, en la práctica, era apoyada por la ciudadanía y que no había mucho espacio para la discusión. Luego vino el debate en la Cámara de Diputados, donde el tema pasó por un tubo. Recién en el Senado, y cuando ya se habían generado movimientos en contra de esta reforma, se abrió la opción se hacerle cambios a aspectos críticos de este proyecto".
"Es un gran error afirmar que sin el acuerdo el país estaría mejor"
Juan Andrés Fontaine agrega que durante la discusión del acuerdo tributario se encontraron con una férrea defensa del proyecto original, incluso por parte de la DC. "La Presidenta Bachelet en ese momento registraba altos niveles de popularidad; las condiciones eran muy distintas a las de hoy. Por eso, cuando veo lo que salió de la negociación, no puedo concordar con los críticos al acuerdo tributario", enfatiza.
-¿Fue buen acuerdo o un mal acuerdo el que se logró?
"Es un gran error afirmar que sin el acuerdo el país estaría mejor. La inteligente estrategia de la oposición logró, sin contar con los votos suficientes, frenar la retroexcavadora en el campo tributario, y ese es un logro no menor. Fue lo mejor que se pudo obtener. Y la última confirmación de que paramos la retroexcavadora en materia tributaria es el anuncio del ministro Valdés de circunscribir aún más la renta atribuida".
-Usted recalca que hace un año el Gobierno tenía alta popularidad en el Congreso para pasar la aplanadora, pero el escenario hoy ha cambiado. ¿Hay espacios para correr más el cerco?
"No me parece realista pedirle a un gobierno que tiene un programa, que fue apoyado por la mayoría de la ciudadanía y que enfrenta una situación fiscal estrecha, que rebaje los impuestos. Yo lo desearía, pero no me parece algo que se pueda plantear desde el punto de vista político. En cambio, creo que sí es un avance la iniciativa del ministro Valdés de restringir a la más mínima expresión la renta atribuida, porque eso permite simplificar el sistema. Es una simplificación parcial, porque nuestro sistema tributario ya tiene muchas complicaciones, pero es una medida que en algo ayuda y, por ende, es positiva".
"Quiero rescatar también que el sistema de integración parcial, aunque tiene sus defectos, tiene la ventaja que opera de manera muy similar al sistema actual y tiene tasas de impuestos que son muy semejantes al promedio de la OCDE: tasa de 27% para las empresas, versus el 25% de la OCDE, y la tributación efectiva será de 44,5%, versus el 43% de la OCDE en promedio".
"(El acuerdo) no me parece un mamarracho ni la peor idea tributaria, sino que un sistema muy semejante al que opera, en cuanto a tasas, en la mayoría de los países de la OCDE. La imputación parcial, además, también existe en Reino Unido".
-La OCDE es usada como referente tanto por quienes apoyan el proyecto como por quienes se oponen. ¿Con qué países debe compararse Chile?
"El 27% (de tasa para las empresas) y el 44,5% (de tributación máxima efectiva) son excesivas para Chile. Varios países de la OCDE tienen más espaldas para resistir esos impuestos. Además, varios países de la OCDE con niveles altos en sus tasas, en general los están bajando. Chile, con el 27%, queda por sobre Inglaterra (20%), y Cameron (el Primer Ministro británico) acaba de anunciar que avanzará al 18%; España quiere pasar de 30 al 26%, Corea tiene 24%; Irlanda 12,5%, y Singapur, 17%".
"Pero gracias al acuerdo nosotros podemos bajar esas tasas fácilmente, porque la retroexcavadora no destruyó el sistema tributario que tenemos hoy. Y las tasas, así como se subieron, se pueden bajar. Entonces no es realista pedirle reducir las tasas al Gobierno actual, pero sí debe ser nuestra meta que esta sea la primera medida del próximo gobierno. Y si eso ocurre, la tasa no llegará a 27% en 2018, ya que el incremento es gradual. En concreto, hay que bajar la tasa de 27% y elevar el crédito del 65%".
"Por eso celebro que el ex Presidente Piñera plantee la idea de reformar la reforma tributaria, ya que si la Alianza vuelve al gobierno, esta vez sí bajaremos los impuestos, a diferencia de lo ocurrido en el gobierno anterior".
"En los últimos meses hemos constatado que las alzas de impuestos hacen daño"
-¿Cómo responde frente a quienes plantean que en la administración Piñera se promovieron políticas que no eran propias de un gobierno de centroderecha, sino que más cercanas a la Concertación, e incluso subieron los impuestos?
"Discrepo que en el gobierno anterior se haya gobernado con ideas que no corresponden al ideario de la centroderecha. El gobierno anterior trabajó por la libertad económica y el emprendimiento en distintos campos, incluyendo el educacional. Sin embargo, en el manejo tributario, el gobierno subió los impuestos por el terremoto de manera transitoria, pero después, cuando yo ya había dejado el gabinete, se avanzó en un aumento permanente".
-¿Cómo interpreta ese cambio?
"De alguna manera, el gobierno de Sebastián Piñera se dejó llevar por la argumentación de la oposición en cuanto a que el alza era una forma de transmitir el compromiso del gobierno con la igualación de oportunidades y la protección social. Pero de esa forma se desancló el impuesto a las empresas, porque si el 20% no era suficiente, podía seguir subiendo, y así fue".
"En los últimos meses hemos constatado que las alzas de impuestos hacen daño. Antes era teoría, hoy hay evidencia empírica nacional".
-En un principio los empresarios apuntaban a la implementación. Pero ¿qué es lo que hace daño: la mayor carga o la complejidad del nuevo sistema?
"Toda la teoría económica demuestra que alzas de impuestos a las empresas son dañinas para el crecimiento, la inversión y el ahorro. A eso se le sumó la complejización del sistema tributario, y la mayor prueba es que apenas el ministro Valdés hace el anuncio de un proyecto para simplificar el sistema, los propios empresarios dicen que no es solo la complejidad, sino que también el alza en los impuestos. La realidad es que la carga tributaria depositada en las empresas, debido a la reforma, es excesiva".
-Pero no hubo daño al crecimiento en 1991, cuando se elevaron los impuestos.
"Lo que pasa es que ahí los impuestos eran muy bajos. El tema acá es cuál es el peso de la mochila, si originalmente estaba muy liviana el peso no hace daño, pero llega un minuto en que los impuestos alcanzan niveles similares a los que tienen países mucho más ricos que Chile y que tienen más espaldas".
-¿Ha sido contactado por el Gobierno por las modificaciones legales a la RT?
"No he participado en estas conversaciones, y tengo entendido que el perfeccionamiento a la reforma tributaria abrocha el acuerdo que se logró el año pasado para que el sistema semiintegrado sea el esquema que usen la mayoría de las empresas en Chile".
-¿Considera como "un triunfo de Valdés" el haber instalado y confirmado la necesidad de hacer ajustes legales a la reforma tributaria?
"Muestra una capacidad de influencia sobre la agenda que es relevante, pero es la que uno espera de un ministro de Hacienda".
Fuente: El Mercurio.-