
Este crecimiento no sólo se ha traducido en desarrollo, sino que también en mejoras en la calidad de vida. Por ejemplo, un KW-hora costaba una hora de trabajo en 1900. Hoy cuesta 5 minutos o en 1950 una hamburguesa de McDonald’s costaba 30 minutos de trabajo y hoy cuesta 3 minutos.
¿Cómo conviven el crecimiento, la igualdad y la felicidad? Büchi se refirió a varias tesis, deteniéndose en la más reciente: la del economista frances Thomas Piketty. Según él, las desigualdades de riqueza y de renta en algunos países desarrollados han aumentado desde 1970 y ese aumento es el problema fundamental del capitalismo moderno.
Sin embargo, Büchi hizo hincapié en que la evidencia es abrumadora cuando hay que demostrar que la gran mayoría ha progresado y que en ese progreso sostenido, ningún grupo ha quedado excluido. Y los datos para Chile son claros: en el último cuarto de siglo, el país ha tenido el mejor desempeño de su historia.
Analizando los números del país, se puede ver cómo disminuyó la mortalidad infantil, cómo aumentó la expectativa de vida, cómo cayó la desnutrición, cómo aumentó el acceso al agua potable, y cómo todo ello se traduce en una mayor igualdad. También los índices en educación han mejorado: en los 90, sólo 4 de cada cien niños del quintil más pobre lograba llegar a la educación superior, hoy esa cifra ha evolucionado positivamente.
Büchi continuó, asegurando que en el corazón del progreso está la productividad. ¿Qué hemos hecho para aumentar esa productividad? La especialización, el intercambio, el avance tecnológico y las empresas han sido fundamentales.
El Consejero de LyD terminó su presentación asegurando que la actual discusión política y pública en Chile no es la que vale. Aseguró que hay que estar convencidos de que una sociedad donde los individuos se mueven en base a acuerdos voluntarios y con decisiones individuales, esa libertad, es la que hace progresar a los países.