En una extensa votación hasta altas horas de la madrugada, finalmente se dio por aprobada la propuesta de cambio al sistema electoral por un sistema estrictamente proporcional.
El Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, Jorge Ramírez, explica que en primer lugar, al mantenerse intacta la propuesta de redistritaje del Ejecutivo, se consolidan las dudas respecto de los criterios a partir de los cuales se realizó la fusión de los actuales zonas electorales. "Situaciones anómalas como distritos con menos electores a los que se asignan más diputados que otros, siendo todos de regiones, son nudos críticos que parecen haber sido pasados por alto por parte de los legisladores", señala. Ejemplo ilustrativo de lo anterior, son el del nuevo distrito 4 (ex distritos 5 y 6) al que con 221.707 electores se le asignan 5 escaños, mientras que los distritos 16, 18, 22 y 25, con más electores, se les asignan menos escaños, siendo todos los distritos mencionados de regiones. "Así las cosas, mientras la experiencia internacional sugiere que sean organismos técnicos quienes se hagan parte del diseño y actualización de los mapas electorales, el proyecto aprobado carece de esta mirada", asegura el cientista político.
Un segundo tema relevante para Ramírez dice relación con el aumento de representantes (155 diputados y 50 senadores). "Si bien se trata de una cuestión instrumental a la reducción de la llamada desigualdad del voto, hay que ser enfáticos en que existían otras propuestas de reforma, que cambiando el sistema binominal y sin incurrir en un aumento tan intenso de representantes (acuerdo RN-DC de enero de 2012), corregían aquel problema de mejor manera. Esto también parece haber sido omitido", acota.
Del proyecto aprobado, también surgen medidas para facilitar la constitución de nuevos partidos a escala regional. "Si bien, a priori parece correcto eliminar algunas barreras de entrada existentes en el juego político, avanzar en la línea de la promoción de partidos regionales que muchas veces no son más que plataformas que hacen eco de liderazgos personales e intereses particulares, sin una visión de carácter nacional, no parece pertinente", indica Ramírez. A futuro, con diseños como el propuesto, la tramitación legislativa obedecerá a la capacidad de veto o chantaje que impongan estas nuevas pequeñas agrupaciones.
En otro ámbito, la propuesta de cambio evidencia una indiscutible colisión con otras legislaciones pro competencia en materia política, tales como, la ley de primarias. "De este modo, con el proyecto aprobado, al instaurarse una cuota de género (los partidos no podrán presentar más allá de un 60% de candidatos del mismo género) los cupos vacantes para ser disputados en elecciones primarias, sólo se acotarán al 40% de los candidatos: estamos hablando entonces de “primarias a medias”. A todas luces se trata de una señal errática, y que no se condice con la necesidad sistémica de otorgar mayor participación y competencia en los procesos de nominación que realizan los partidos políticos", explica Ramírez.

Para el Coordinador del Porgrama Sociedad y Política de LyD, más allá de las cuestiones de fondo, es preciso documentar, que al tenor de la discusión legislativa en sala, las condiciones del debate fueron no del todo propicias dada la relevancia del tema. El Ejecutivo, con poca disposición al diálogo, inclusive se negó a aceptar indicaciones de la oposición, que en ningún caso ponían en duda el “espíritu de la ley” del cambio al sistema electoral, pero sí contribuían a una descripción más parsimoniosa del método de asignación de escaños, posición incluso avalada por el Servicio Electoral como consta en las actas de la Comisión de Constitución del Senado. Entonces, surgen dudas respecto de las auténticas motivaciones de quienes han optado por aprobar un nuevo sistema electoral sin un respaldo transversal del arco político, cuestión compleja a efectos de la legitimidad que adquieren las reglas del juego en el plano temporal. "En lugar de primar una visión global, donde se privilegie la representatividad y pertinencia para nuestro sistema político, pareciera ser que, por el mero ímpetu reformista y transformador -sin desconocer la pertinencia de una modificación al sistema electoral -finalmente sólo se ha impuesto el sentido de oportunidad", acota Ramírez.