SEPAMOS SER LIBRES

A continuación, reproducimos el despacho de José Joaquín Fernández, Presidente del Instituto Libertad de Costa Rica.


Las crisis económicas son creaciones humanas; es decir, son consecuencia de malas políticas económicas. Es por eso que en tiempos turbulentos es necesario reflexionar sobre cuáles han sido aquellos principios que han dado gloria material y espiritual al mundo occidental.

Los científicos buscan descubrir la naturaleza de las cosas y todo avance tecnológico ha sido posible gracias al más estricto respeto a las leyes descubiertas. Lo mismo debemos hacer con el ser humano. Desde la antigüedad los grandes pensadores han reflexionado sobre cuál es la naturaleza del ser humano y la conclusión es: La libertad. El argumento es el siguiente, quien no es libre es esclavo de alguien, sea del Estado, del gobierno, o de las mayorías.

Como bien lo estipula la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su primer artículo: “Todo ser humano nace libre….”. Es decir, no somos libres por decisión o voluntad del legislador ni por las leyes o la constitución. Si la Libertad es la naturaleza del ser humano esto quiere decir que se nace libre y la libertad es un derecho anterior a la creación de cualquier Estado o nación. Grandes pensadores y filósofos concluyen que la Constitución solo debe ratificar este derecho fundamental y que un buen gobierno es aquel que respeta la libertad de todo ser humano. Para estos pensadores, el único límite a la libertad es la libertad del otro.

La libertad es una; es decir, la libertad económica, la libertad civil y la libertad política son meras expresiones de una sola libertad. Al violarse una, se violan todas. Si admitimos que un esclavo es aquel que no puede disponer libremente ni de su ingreso ni de su propiedad, entonces debemos aceptar que el respeto por la propiedad privada es la expresión material de la libertad individual. Por tanto, ser libres implica el respeto por la propiedad privada y por la libertad económica.

Quien es libre, es dueño absoluto tanto de su ingreso como de su propiedad honestamente adquirida y, por tanto, tiene el derecho inalienable para comerciar, trabajar, comprar, vender, alquilar, empeñar, asegurar, prestar, producir, importar, exportar, intercambiar, regalar, recibir, heredar sin restricción de ningún tipo (incluyendo permisos, cuotas, licencias o patentes) y realizar todo tipo de transacción con cualquier otro ser humano sin importar nacionalidad, género, credo religioso, etc.

Como economista puedo argumentar que el sano desarrollo económico necesita la desregulación de los mercados, la libre competencia, la privatización de todas las empresas públicas, el libre comercio, un gasto público reducido que no supere el 15% del PIB, bajos y pocos impuestos. Los Índices de Libertad Económica son contundentes al demostrar que aquellos países que enfrentaron la crisis con reducción de gasto público están mucho mejor que aquellos países que aprobaron políticas de salvataje.

Sin embargo, en estos tiempos donde los políticos debaten si se requiere de mayor gasto público y regulación para salir o evitar nuevas crisis, deseo enfatizar que la defensa fundamental de la libertad
económica no es tanto el argumento económico sino algo mucho más importante, a saber, el respeto por la naturaleza misma del ser humano: su libertad.

Sin embargo, en estos tiempos donde los políticos debaten si se requiere de mayor gasto público y regulación para salir o evitar nuevas crisis, deseo enfatizar que la defensa fundamental de la libertad económica no es tanto el argumento económico sino algo mucho más importante, a saber, el respeto por la naturaleza misma del ser humano: su libertad.

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