El mercado laboral chileno sigue mostrando signos de deterioro. El más reciente fue dado a conocer hoy en la mañana por el INE, el cual reportĂł una tasa de desocupaciĂłn nacional de 9,8%. Dicha tasa equivale a un total de 1.007.000 desocupados en el paĂs, cifra que no se registraba desde mediados del 2020 en la pandemia del COVID-19.
Este número de desocupados representa un aumento de 133.000 personas respecto al mismo trimestre del año anterior. Dos fenómenos contribuyen en la misma dirección a esta alza interanual: una expansión de 0,3 puntos porcentuales en la fuerza de trabajo, y una reducción de 1,1 puntos porcentuales en las personas ocupadas. Con todo, esta alza interanual en el número de desocupados no se registraba desde mediados del 2023 (Gráfico N°1).

A la vez que la desocupación general aumentó también lo hizo la desocupación de los grupos más afectados por la actual emergencia laboral: las mujeres y los jóvenes. Visto en términos interanuales, el deterioro se ubica entre 1,2% y 1,4% para los hombres y las mujeres, mientras que en los jóvenes alcanza 4,7%. Visto respecto al trimestre móvil previo, el deterioro es más acotado (Gráfico N°2).

Por otro lado, la distribución del desempleo en las regiones consolida la tendencia de las últimas mediciones: se observan menores tasas de desocupación en las regiones del extremo norte (en particular, Antofagasta) y extremo sur (en particular, Aysén), mientras que las regiones intermedias presentan tasas de entre 9 y 10% (Gráfico N°3). Al ser estas últimas regiones de mayor población, sus tasas inciden más en la desocupación nacional.

Al analizar el aumento del desempleo interanual por sector econĂłmico se constatan importantes diferencias. El deterioro del mercado laboral estuvo principalmente influido por las caĂdas en el nĂşmero de ocupados de tres sectores: la industria manufacturera (-74.000), informaciĂłn y comunicaciones (-48.800) y las actividades financieras y de seguros (-28.700). En el otro extremo, sectores que registraron aumentos modestos incluyeron la construcciĂłn (+20.000), la enseñanza (+19.200) y las actividades inmobiliarias (+17.000). La recuperaciĂłn simultánea en construcciĂłn y el mercado inmobiliario es, dentro del deterioro general, una buena señal.

SegĂşn el Economista de LyD, Exequiel Cáceres "los datos muestran un deterioro en la tasa de desempleo de dos de los grupos más afectados: las mujeres (10,5%) y los jĂłvenes (24,4%). TambiĂ©n se consolida la desigual distribuciĂłn regional del desempleo, el que es más bajo en el extremo norte y sur del paĂs. A nivel sectorial, se observan signos de modesta recuperaciĂłn en los sectores de la construcciĂłn y actividades inmobiliarias, pero una caĂda mayor en otros sectores, particularmente las manufacturas que perdieron 74.000 puestos de trabajo respecto al 2025”.
Este conjunto de noticias releva la necesidad de reformar estructuralmente el mercado laboral chileno. Para poner en perspectiva la magnitud de este desafĂo, para llegar a una tasa de desempleo del 6,5%, una meta frecuentemente citada, se requerirĂa crear cerca de 340.000 para quienes hoy buscan trabajo y no lo encuentran. Programas como el Subsidio Unificado al Empleo y Chile Despega contribuyen a atenuar la emergencia en el corto plazo, pero los factores decisivos exigen cambios legislativos de mediano y largo plazo.
Muchos de los cambios de mediano plazo se encuentran en trámites legislativos que el Congreso debiese aprobar con celeridad. Entre estos destacan una sala cuna universal para aumentar la tasa de ocupación femenina (hoy en 47,5%, su nivel más bajo desde octubre-diciembre 2024); mayor adaptabilidad laboral para el sector del turismo; contratos por hora; reformas a la ley Karin; entre otros. A su vez, no se deben perder de vista las reformas de largo plazo para disminuir los costos de contratación: fin a la indemnización por años de servicio y a la judicialización por despidos.