La opositora venezolana, María Corina Machado, obtuvo el Premio Nobel de la Paz 2025 el pasado viernes"por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia".
En Libertad y Desarrollo conversamos con Machado, la principal opositora a la dictadura chavista -hoy en clandestinidad- hace cuatro años a propósito de las lecciones que debía aprender Chile de su par venezolano[1]. A días de recibir la noticia del importante galardón, queremos recordar sus palabras.
1. ¿Cuáles crees que fueron los principales hitos de debilitamiento de las instituciones democráticas en su país o cómo fueron siendo cooptadas por el gobierno de Chávez (Maduro)?
Han pasado 23 años desde que Chávez llegó al poder y, aunque hoy tenemos un entendimiento más profundo de lo que este sistema representa, desde el primer día advertimos sobre su vocación totalitaria, su determinación de control y dominación de la sociedad. Chávez llega al poder aprovechando el desgaste de un período democrático que logró importantes avances en derechos y participación política, pero que, a pesar de los ingentes ingresos petroleros, no logró satisfacer las crecientes demandas de una clase media en continua expansión.
Aliado con grupos diversos -de izquierda, guerrilleros, económicos-, que por décadas habían conspirado contra la joven democracia venezolana, crean un movimiento anti-sistema para exacerbar las crecientes tensiones sociales, con anclas en los medios de comunicación, las universidades y las Fuerzas Armadas.
Intenta y fracasa llegar al poder a través de golpes de Estado, pero lo hace por la vía electoral, aglutinando el descontento de muchos sectores que -consciente o inconscientemente- se prestaron al desmontaje de lo que durante décadas y después de muchos años de lucha, había representado un sistema de Estado de Derecho, de justicia y de libertad. Es escalofriante ver en retrospectiva cómo el proceso fue bien planificado y simultáneamente fue abordando seis sectores: el sistema judicial; los medios de comunicación; las Fuerzas Armadas; las universidades; los partidos políticos y el control territorial.
Desde el primer día, el chavismo entendió que para darle legitimidad a su proceso requería tener un control absoluto del sistema judicial. Por ello, impusieron una Asamblea Nacional Constituyente contrariando lo establecido en la Constitución del año 1961, para otorgarle mayor discrecionalidad a la Presidencia de la República en el control de otros órganos del poder público, y también incorporar la reelección presidencial. Sabían que necesitarían tiempo para ejecutar todo el proceso.
En el sistema judicial se inició una razia que en pocos años implicó la sustitución de más del 80% de los jueces a nivel nacional, quienes fueron sustituidos por “jueces temporales” sujetos a destitución en caso de un comportamiento que el régimen considerase desleal.
El control de la opinión pública es crucial para estos modelos. Utilizan todo tipo de instrumentos como la propaganda oficial, la censura, la amenaza, la persecución de periodistas, la compra o cierre de los medios de comunicación independientes, el bloqueo por internet a los medios digitales y la interferencia en las redes sociales.
Otro sector que el régimen necesitaba controlar -uno que Chávez conocía por dentro- fueron las Fuerzas Armadas. Por ello, rápidamente acabaron con la meritocracia, quitándole al Congreso Nacional y asumiendo directamente Chávez el control sobre los ascensos militares. Quedó claro que sólo ascenderían aquellos oficiales leales a “la revolución” y fueron progresivamente eliminando a los más capaces y honestos. La corrupción en la compra de armamento -ahora a Rusia- creció exponencialmente y militares cubanos se infiltraron en las unidades militares asumiendo explícitamente responsabilidades como la formación. En paralelo, crearon inconstitucionalmente, un quinto componente militar, “la Milicia”. De este modo, las Fuerzas Armadas fueron debilitándose progresivamente vis a vis a otras estructuras y grupos armados paramilitares y criminales totalmente sometidas a la línea de Chávez, de Maduro y del Partido Socialista Unido de Venezuela.
El ataque a un cuarto sector, las universidades, ha sido implacable. La academia, como fuente de pensamiento crítico y de resistencia, había que someterla. Para ello comenzaron con la asfixia presupuestaria, ya que las universidades públicas en Venezuela dependen de una asignación del presupuesto nacional. Continuaron con cambios progresivos en las leyes de educación y universidades para restringir su autonomía operativa y la elección independiente de sus autoridades. Hoy la universidad pública venezolana está absolutamente paralizada y arrodillada; la que fue una vanguardia de lucha ha sido prácticamente desahuciada. Los partidos políticos de oposición eran también un objetivo claro. El régimen entendió que la manera más efectiva de doblegarlos, era infiltrándolos. Para ello hizo uso de una herramienta frecuente en los sistemas de mafias: las redes de corrupción y extorsión.
Los partidos comenzaron a evidenciar fracturas en su seno y delaciones a quienes tenían una posición más firme frente al avance de la tiranía. Cientos de presos políticos, torturados y exiliados son el resultado de esta pretensión de imponer la sumisión a cualquier costo.
Finalmente, el avance en el sometimiento a las instituciones y sectores de la sociedad venezolana fue progresivamente acompañado por el control del territorio. Desde el principio, el régimen promovió invasiones en fincas y haciendas productivas, sobre todo en las zonas fronterizas. Usaron distintas figuras: invasiones, expropiaciones, compras forzosas y hasta quema y destrucción de instalaciones privadas. Todo se iba amparando en nuevos instrumentos seudo jurídicos, que violaban los derechos humanos y la propiedad privada, como la “Ley de Tierras”, a través de la cual se “expropiaron” -sin pago, por lo tanto, se confiscaron- más de 5 millones y medio de hectáreas productivas del país. Hoy prácticamente todas están improductivas y son espacios ocupados por la guerrilla, redes del narcotráfico y bandas criminales.
Este proceso siguió avanzando y en los últimos años hemos visto cómo la estructura depredadora que ha ido saqueando y destruyendo al país, y que ya no tiene recursos que ofrecer a los grupos criminales que operan en Venezuela, ha optado por entregarles sectores amplios del territorio venezolano. Se estima que más del 50% del territorio de Venezuela está el bajo el control de grupos criminales diversos: los carteles de la droga, la guerrilla, redes de extracción y comercialización ilícita de minerales, de tráfico y contrabando de combustible, de prostitución infantil y de tráfico de seres humanos. Estos grupos ejercen no sólo el control territorial, sino también el control económico y social. Al menos 6,4 millones de venezolanos viven en estas zonas y todos los aspectos de su vida -movilizarse, acceder a alimentos y salud, operar sus negocios o enviar a sus hijos a la escuela- están supeditados a lo que el respectivo grupo criminal determine.
2. ¿Cuáles son las características del ejercicio del poder o cómo se ejerce el poder en su país? ¿En qué se basan esas características?
Por su carácter autoritario algunos lo califican como una dictadura, pero es un sistema que ha evolucionado a un esquema muy diferente a ella; no tiene una estructura jerárquica del control, por el contrario, es un sistema complejo adaptativo, que en principio tiene tres componentes claros: 1. una fachada ideológica en la cual han convergido en su apoyo todos los movimientos de izquierda global y aquellas organizaciones agrupadas en el Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla. 2. El apoyo geopolítico que representan las relaciones, cada vez más complejas y evidentes, con regímenes como Rusia, China, Irán, Turquía y Cuba. Estas relaciones se dan en diversos planos: en el intercambio de inteligencia, en el comercial, en el financiamiento criminal, en la propaganda e influencia en la opinión pública y en el plano militar. 3. El soporte criminal que representa una estructura muy compleja que involucra actores del crimen organizado y del terrorismo internacional.
Estos grupos criminales han convergido en Venezuela y han recibido numerosos servicios logísticos provistos por el propio régimen, a los efectos de afianzar y expandir su operación en nuestro continente. Estas estructuras incluyen desde el Cartel de Sinaloa, el Cartel del Golfo, grupos terroristas islámicos como Hamás y Hezbollah, megabandas y grupos guerrilleros de origen colombiano como el ELN y la FARC que llevan adelante enormes operaciones de legitimación de capitales y otras actividades financieras, de narcotráfico, contrabando y de reclutamiento de jóvenes en Venezuela. El régimen que a su vez es parte y coordinador de este complejo sistema criminal, busca el control total de la población a través de 3 sistemas: el sistema de represión, el sistema de propaganda y el sistema de financiamiento criminal y de corrupción.
A través del sistema de represión han ido imponiendo el terror en la sociedad; en el empleado público que sabe que su sueldo y su trabajo dependen de manifestar entusiasmo absoluto por los planteamientos del régimen; en el periodista que sabe que cada palabra está vigilada y que puede pagar con su vida; en el policía o militar que sabe que sus cuerpos de seguridad están infiltrados por agentes cubanos con tecnologías de espionaje avanzado; y en el ciudadano común que sabe que si no acata las órdenes del régimen (hasta participar en una farsa disfrazada de proceso electoral) se le dice explícitamente que va a perder el derecho a una bolsa de comida o a una bombona de gas.
El sistema de represión que ha sido brutalmente cruel -y documentado como crímenes de lesa humanidad en los informes de las Naciones Unidas, de la OEA y en la propia Corte Penal Internacional- busca crear y hacer sentir a cada ciudadano, que el régimen sabe todo lo que él hace, dice y piensa. El sistema de propaganda, manipulación y mentira busca el silencio y la consecuente desmoralización de la sociedad. Requieren hacer creer que no hay fuerza interna para la lucha por la Libertad, que el ciudadano se sienta solo y débil y que el mundo perciba una sociedad agotada que se rindió. Ante el reconocimiento internacional de la naturaleza criminal de la tiranía que finalmente logramos, necesitan lavarle la cara al régimen y transmitir una imagen de normalización del país; esconder la miseria del 96% de la población, el éxodo de más de 6 millones de compatriotas, y la violación sistemática y continuada de los derechos humanos.
El tercer sistema de poder y control es el dinero. En estos 23 años, el chavismo ha dispuesto de más de $1.500.000 millones de dólares4 y se estima que sólo por corrupción se han robado entre $300.000 y $500.000 millones de dólares5. Han saqueado el país, destruido PDVSA, repartido dinero a múltiples cómplices internacionales para comprar apoyos o comprar silencio, aportado fortunas para la desestabilización de países vecinos y financiar o extorsionar a actores locales de todos los sectores de la sociedad. Esto incluye a periodistas, académicos, encuestadores, políticos, empresarios, sindicalistas y hasta miembros de las iglesias. El propósito es imponer un esquema de apaciguamiento que, en el nombre de la paz, establece la pax criminal, es decir, la entrega y la sumisión de la sociedad. El objetivo de este esquema de financiamiento criminal es mantener operativo el sistema de represión y el sistema de propaganda.
3. ¿Qué rol pueden asumir los organismos internacionales que permita o ayude a lograr un cambio en su país?
En primer lugar, los organismos internacionales que valoran los derechos humanos y las democracias de Occidente, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la tragedia que vive Venezuela por tres razones: la primera, de índole ética, ya que la catástrofe humanitaria cobra vidas cada día que pasa. En segundo lugar, porque existe un conflicto armado creciente en Venezuela, en el cual la población civil indefensa está en el medio, y que seguirá creciendo, en intensidad y en alcance, más allá de nuestras fronteras. En tercer lugar, porque en Venezuela se ha configurado una amenaza real a la seguridad de Occidente, ante la presencia de grupos criminales que tienen, entre su propósito, socavar las bases institucionales y los valores occidentales.
Dicho esto, ¿qué hay que hacer? En primer lugar, asumir cuál es la naturaleza real del régimen que enfrentamos. Insisto, no es una dictadura convencional, es un sistema criminal complejo y adaptativo que ha declarado una guerra híbrida a los venezolanos, ha entregado nuestro territorio, actualmente ocupado por fuerzas del crimen internacional y que configura una situación de secuestro prolongado con rehenes. Entendiendo esto, debemos abordarlo como se hace cuando hay la intención real de resolver un conflicto de este tipo. En primera instancia, hay que proceder a cortar los mecanismos o canales de insumos estratégicos que mantienen al secuestrador en pie, es decir, los flujos de información, de inteligencia, de recursos ilegales y de armas.
Para aislar al régimen existen múltiples mecanismos disponibles en la justicia internacional, partiendo del reconocimiento de que no estamos tratando con políticos, sino con criminales. Estos mecanismos deben aplicarse en escalada y en coordinación con las fuerzas ciudadanas internas.
Por una parte, es necesario identificar y sancionar a los corruptos y a los culpables de delitos de lesa humanidad, demostrándoles que no habrá impunidad y que la justicia internacional avanza. Adicionalmente, hay que desmontar los mecanismos de financiamiento criminal que pasan por muchos países que se hacen llamar aliados de la democracia venezolana, pero que toleran esa realidad, ya que en sus sistemas financieros hay cuantiosas cantidades de dinero que provienen del robo a los venezolanos. Otros mecanismos, como el embargo de armas, que dificulten al régimen el fortalecimiento del sistema de represión, son igualmente urgentes.
En resumen, al régimen hay que aislarlo, deslegitimarlo y asfixiarlo en cuanto a las líneas de insumos que hoy mantienen a su estructura en pie, y entender que esta operación internacional, no es sólo para salvar a Venezuela del colapso total, sino que se trata también de la propia y legítima defensa de las naciones democráticas de Occidente.
Hoy, frente a la urgencia en Venezuela, se agotaron el tiempo y las excusas.
4. ¿Cuál podría ser el factor de cambio o la estrategia para ir alejándose del sistema actual de gobierno?
Hay que tener muy claro que en el caso de Venezuela estamos hablando de un sistema de mafias, de un sistema criminal. Las mafias hay que desmontarlas, no es posible cohabitar o convivir con ellas, porque de lo contrario, terminan controlando y doblegando a toda la sociedad.
En tal sentido, hay que construir los incentivos para que quienes están hoy en esos nodos críticos de sostenimiento del sistema, cedan y pueda iniciar un proceso de desmontaje del sistema y de transición a la democracia y a la institucionalización del país. Esos incentivos tienen que ver no sólo con mecanismos que faciliten la entrega de información y ceder posiciones de poder de algunos actores, sino también la amenaza real de que la situación que hoy enfrentan se agravará de forma significativa si esos cambios de actitud no tienen lugar.
Por lo tanto, lo que debe existir es una estrategia conjunta de las fuerzas internas y de las democracias fuertes del mundo. Así como el régimen ha tenido el apoyo público y explícito de cinco regímenes -Rusia, China, Irán, Turquía y Cuba-, los venezolanos necesitamos una coalición de las democracias fuertes de Occidente, tanto de América, como de Europa, plantándose con firmeza a la tiranía. La coordinación y sincronización de estas fuerzas es la tarea de una dirección política amplia, representativa de muchos sectores del país que, por encima de todo, no esté infiltrada por los tentáculos corruptores de la tiranía. En retrospectiva, esa ha sido la causa principal que ha hecho que tantos esfuerzos y sacrificios de la sociedad venezolana terminaran entregándose en mesas de falsos diálogos o farsas electorales. Estas tácticas repetidas cíclicamente por el régimen, lo que siempre perseguían y pretenden hoy, nuevamente, es apaciguar el ímpetu y la fuerza ciudadana, dividir a la sociedad y paralizar las presiones externas que sí son efectivas en cuanto al aislamiento de la tiranía.
[1] Extracto de “Nicaragua, Cuba y Venezuela: crónicas del fin de la libertad”. Serie Informe Sociedad y Política 180. Libertad y Desarrollo. Octubre de 2021. Disponible en https://lyd.org/wp-content/uploads/2021/11/SIP-180-1.pdf