El mercado laboral muestra un marcado deterioro, como resultado del bajo crecimiento de la economía y de las leyes laborales que han aumentado los costos para las empresas, con una baja creación de empleos y un aumento importante de la propoción de personas desocupadas, lo que afecta mayoritariamente a las mujeres.
A nivel país, y según los datos a enero de este año, la tasa de participación y la de ocupación han mostrado incrementos desde sus caídas durante la pandemia, pero no han logrado recuperarse totalmente, especialmente porque los hombres no han logrado volver a sus registros previos. Ambas medidas tienen brechas de género que se ubican en torno a los 19 puntos porcentuales, como se observa en los gráficos 1A y 1B. Así, mientras la tasa de participación femenina es de 52,7% la de hombres es de 71,8%. Esta diferencia ha sido permanente y si bien ha disminuido desde 2010, cuando la diferencia era de 28 puntos porcentuales, sigue siendo de una magnitud muy significativa y mayor a la de la gran mayoría de los países de la OCDE[1]. A modo de ejemplo, si la brecha fuese similar a la del promedio de los miembros de esta organización[2] tendríamos cerca de 218.000 mujeres adicionales participando del mercado laboral[3], lo que además contribuiría positivamente al crecimiento del PIB[4].

La tasa de ocupación, en tanto, aún se encuentra por debajo a los registros previos de la pandemia, ubicándose en 57,1%, cifra que es mucho más baja en mujeres, 47,9%, que en en hombres, 66,7%. Es decir, menos de la mitad de las mujeres en edad de trabajar tienen un trabajo. En términos comparados y de acuerdo a cifras de la OCDE, Chile tiene una tasa de ocupación total 6,2 puntos porcentuales menor respecto de ese conjunto de países, diferencia que es de 7,5 puntos porcentuales cuando se compara la situación de las mujeres y de 5 puntos porcentuales si se comparan los hombres[1], lo que posiciona a Chile con la 8va y la 10ma tasas de ocupación más baja entre los países OECD, respectivamente.
En línea con lo anterior, la tasa de crecimiento anual de empleo ha venido disminuyendo considerablemente desde el primer trimestre de 2022, ubicándose en 1,3% en el último dato, con una composición además mayoritariamente informal. Al desagregar esta cifra por género, se observa que la mayoría de los empleos informales que se han generado recaen en mujeres, tal como lo muestra el gráfico 2A. No obstante, en los últimos tres meses se ha visto un cambio en la composición de los puestos de trabajo creados, la informalidad continúa siendo un tema preocupante pues son cerca de 2.450.000 personas que se encuentran en esta categoría. Con todo, la tasa de informalidad en mujeres se encuentra por sobre la tasa agregada, 28,1% vs 26,3% respectivamente, mientras que en hombres llega a 24,9% (ver gráfico 2B).

Este débil panorama del mercado laboral se refleja también en la elevada tasa de desocupación. Desde el primer semestre de 2022, la tasa de desempleo ha venido aumentando considerablemente y aunque desde el último trimestre de 2024 ha venido disminuyendo hasta ubicarse en 8%, son cifras que no se observaban desde 2010, sin considerar la pandemia. En mujeres esta medida es aún más dramática, pues se ubica en 9,1% (ver gráfico 3A).
Después de la fuerte disminución de la brecha de tasas entre hombres y mujeres durante la pandemia, esta comenzó aumentar nuevamente, alcanzando una magnitud de 1,9 puntos porcentuales en el último registro, lo que significa que a pesar de que el número de personas desocupadas hombres y mujeres no es tan distinto (414.000 hombres desocupados vs 405.000 mujeres) como la participación femenina es más baja que la de los hombres, la proporción de desocupados es mayor.
Al mirar con más detalle la estructura etaria de los desocupados, se observa que cerca del 70% de estos, tiene menos de 45 años. Ahora bien, la tasa de desempleo en mujeres es más alta que en hombres, en todos los tramos de edad, excepto en el tramo de los mayores de 65 años. Respecto al nivel educacional, hay más mujeres que hombres con educación universitaria que se encuentran desocupadas (32,3% vs 26%).

Según Ingrid Jones, Economista de LyD, “as cifras no son auspiciosas y no se ven cambios en el corto plazo. Por el contrario, se discuten leyes que debilitan la participación de las mujeres en el mercado laboral, como la extensión del postnatal[1] y otras como la reforma al artículo 203 del Código del Trabajo que no avanzan en el Congreso. A ello se suma una coyuntura donde el aumento del salario mínimo y la reducción paulatina de la jornada laboral, han aumentado los costos laborales, a los que se sumará el aumento de la tasa de cotización para pensiones”.
De esta manera, la economista plantea que, considerando los altos niveles de informalidad que afecta a las mujeres y la baja creación de empleos formales, se hace urgente reactivar el mercado del trabajo. “Para ello se requiere crecer más y elaborar políticas públicas que permitan aumentar la participación y ocupación de las mujeres, entre ellas, las que fortalezcan la conciliación entre trabajo y familia vía mayor flexibilidad laboral”, explica.
[1] En la Cámara de Diputados se tramita una moción parlamentaria que busca ampliar la extensión del postnatal parental (Boletín 17049-13).
[1] Última actualización en enero de 2025, con cifras al tercer trimestre de 2024. Los datos están ajustados por estacionalidad.
[1] Última actualización en enero de 2025, con cifras al tercer trimestre de 2024. Los datos están ajustados por estacionalidad.
[1] Colombia, Costa Rica y Turquía tienen brechas mayores a la que muestra Chile.
[2] Última actualización en enero de 2025, con cifras al tercer trimestre de 2024. Los datos están ajustados por estacionalidad. Se considera la magnitud de la brecha.
[3] La principal razón para excluirse del mercado laboral corresponde a las tareas de cuidado y responsabilidad familiar.
[4] Un estudio de Clapes UC (2024) determinó que 1 punto más de participación femenina implica un aumento de 0,5% del PIB.