HERNÁN BÜCHI EN EL MERCURIO: «LO MÁS PELIGROSO ES CUANDO LOS GOBIERNOS EMPIEZAN A PROMOVER COSAS QUE DEBEN PAGAR OTROS»

Son las tres de la tarde y el termómetro supera los 35°. Está de paso por Buenos Aires, en dirección a Zug, el cantón suizo donde reside desde hace una década. Se aproxima un día doblemente simbólico, este miércoles serán 40 años desde que llegara al Ministerio de Hacienda, “en un tiempo muy complejo”, el mismo día en que sus padres celebraban un nuevo aniversario de matrimonio.

Por lo significativo de la fecha, por lo crucial del momento, Hernán Büchi accede a este encuentro que se extenderá varias horas. Una conversación que va del pasado al presente y toca el futuro del país, que ha visto desfilar estallido, pandemia, retiros, inflación y su economía todavía sufre el impacto en indicadores clave como empleo, inflación, ahorro, inversión, entre otros. Distantes de la expansión sobre 5% alcanzada en los 90, un ritmo pocas veces visto en la historia chilena.

Considerado artífice del proceso de desarrollo chileno, que con ajustes la Concertación continuó y Büchi lo reconoce. No es de los que viven de añoranzas, lo deja claro, y por eso habla poco de esa gestión a la que incluso su sucesor, el exministro Alejandro Foxley, hizo un público reconocimiento. A fines de 1990, en un seminario ante empresarios, el primer ministro de Hacienda de la Concertación lo destacó como impulsor del “círculo virtuoso de la economía chilena”. No ha vuelto nunca y solo ha pasado por fuera de Teatinos 120, cuyas escaleras subió tantas veces —famoso por hacerlo diariamente—, con Sergio de Castro, Pablo Baraona, como subsecretario de Salud, ministro de Desarrollo Social o miembro de la comisión técnica de la reforma previsional que dirigió José Piñera, algunos de los cargos que ocupó durante el régimen militar. “Etapas cumplidas, me tocó tener una participación relevante y me siento honrado de haber tenido esa oportunidad, que hoy florezcan otros”, declara el exalumno del Instituto Nacional, luego ingeniero en Minas de la U. de Chile y MBA en Columbia.

¿Y por qué hablar ahora a 40 años de asumir el Ministerio de Hacienda? Responde sin eufemismos. “La verdad, creo que cuando sean 50 no voy a estar, o estaré pisando los 90…”, dice directo, “los seres humanos tenemos etapas, cada uno tiene su escalón, y uno no sabe cuál será el suyo. Ese momento en que uno ya es un poco distinto y no se dio cuenta”.

Hernán Büchi está a punto de cumplir 76 años bien llevados, más canoso, pero con el mismo corte de pelo que lo hizo conocido, informal y hippiento para una época en extremo formal. La misma camisa blanca, la corbata a rayas y pantalones beige que quizás vieron un trekking o escalaron alguna cumbre, un hábito antiguo y también inusual en un tiempo en que la naturaleza no tenía el protagonismo de hoy.

“Aunque a veces tenga diferencias, aprecio a quienes toman responsabilidades, merecen respeto por el trabajo que hacen; sé lo difícil que es”, dice el exministro en la era Pinochet y hoy director de empresas, consejero del think tank Libertad y Desarrollo y presidente del consejo directivo de la Universidad del Desarrollo, para justificar su renuncia a las entrevistas. Han sido escasas y señaladas luego de cerrar tempranamente su vida pública, con la candidatura presidencial que en 1989 lo empujó a la arena política. La última en estas páginas fue hace más de 10 años —cuando se anticipaba la segunda llegada de Michelle Bachelet a La Moneda— y el título resuena vigente: “La pregunta es cómo progresamos más, ¿tirando por la borda todo lo que nos permitió llegar hasta acá o construyendo sobre eso?”.

Su segundo motivo es de fondo. Progresivamente siente que su visión se ha ido alejando cada vez más del consenso general en Chile. Recuerda la cantidad de veces que en 2013 dijo que la reforma tributaria no sería un nuevo salto de crecimiento para Chile, “y no lo fue”. Ahora, cree que la reforma de pensiones —que el Congreso vota y aprueba en Valparaíso, mientras avanza esta conversación en Argentina— tampoco lo será. “Estamos dando un paso preocupante hacia algo mucho más proclive a ser politizado”, afirma crítico.

Razones para sentirse pesimista del momento que vive el país, pero también para rescatar lo que mantiene su discreto optimismo. “No ha existido en la historia de la humanidad una posibilidad tan grande como hoy para que la gente invente, use el conocimiento que otros crean”. Solo el mapa completo del cerebro de la mosca —con sus ciento y tantas neuronas y 50 millones de conexiones—, revelado por científicos de la norteamericana universidad de Princeton en octubre pasado y que lo impresiona, será un salto enorme en la comprensión del propio cerebro humano. La oportunidad de Chile “sigue vigente”, insiste.

Asumió como ministro de Hacienda un 12 de febrero, lo recuerda con exactitud. Y el 2 de marzo de 1985 hubo un terremoto “nada menor” que presionó aún más las arcas fiscales, tras la recesión económica que en 1982 hizo caer el PIB 14,3%.

“Había un gran desafío, también una gran oportunidad”, dice enfático y vuelve al Chile post-73. “El país había estado hundido en un intento socialista equivocado, un modelo de izquierda radical; no había precios, abastecimiento ni reservas. ¿Solo mala gestión o fue buscado? Altas inflaciones y desorden económico condujeron a los países de Europa del Este hacia gobiernos autoritarios y los puso bajo la Cortina de Hierro.

Lo bueno es que se había hecho un esfuerzo y no estaba terminado, pareció que se había perdido, que estaba todo malo y que había que partir de nuevo. La tarea fue cómo reorganizar de manera de aprovechar la oportunidad de haber ordenado el fisco, sin descuidar los cambios y reformas importantes que se habían hecho”, dice en alusión a las presiones que siguieron al crash financiero, que había vivido como superintendente de Bancos.

“Esa oportunidad todavía existe”, agrega Büchi al volver al presente, “cuando se hace una gran obra pública como el túnel debajo de Américo Vespucio, se ejecuta bien, en tiempo y presupuesto, es por cosas que se hicieron antes que yo llegara a ser ministro”. Y también después, admite, al reconocer el esfuerzo que post Pinochet, continuaron los gobiernos de la Concertación. “Hicieron posible tener empresas de agua potable en manos privadas, que invirtieron para que el río Mapocho o el Zanjón de la Aguada dejaran de ser una alcantarilla a rajo abierto. Sin un sistema previsional que generó un mercado de capitales, tampoco se habría podido hacer esas inversiones o las carreteras que partieron con Lagos como ministro”.

Como hoy, entonces la inflación fue una presión constante. “Fue endémica por mucho tiempo, hasta que bordeó la superinflación en el gobierno de Allende. La decisión en el período en que estuve fue no utilizar el tipo de cambio como una manera de acelerarla e irla controlando con base en un fisco sólido que terminó con superávit fiscal”.

En adelante —señala el exministro— todos los gobiernos, “a excepción del segundo gobierno de Bachelet, trataron de mantener la estabilidad macroeconómica”.

“Chile había vuelto a aranceles del 35%”, responde por su antecesor, el radical Luis Escobar Cerda, “se pensaba que no se podían bajar porque iba a faltar plata; la reforma previsional estaba a medio camino, las cotizaciones previsionales todavía en parte importante iban al fisco y el gobierno se hizo cargo del bono de reconocimiento.

La decisión fue lograr salir sin medidas que impidieran la posibilidad de progreso. ¿Qué es eso? Que el gobierno se limite dentro de lo posible a lo que hace, lo haga bien, ordenado y dé espacio a las personas para que produzcan. La baja del arancel fue en momentos en que las empresas chilenas estaban complicadas, ahora hay un dólar que parece poco competitivo. Se buscaron mecanismos para que pudieran crecer, invertir, en un ambiente competitivo”.

“Me molesta la palabra ‘modelo'”, dice por la pregunta, “es como que viene un iluminado que sabe cómo debe armarse la sociedad. Soy de los que creen que las personas mediante acuerdos voluntarios arman la sociedad”.

“Puede dictar políticas para que a las personas les sea fácil hacer lo que estimen o decirles lo que hagan, es muy distinto. Los gobiernos siempre van a tratar de hacer más allá de lo que realmente deben y no hacer lo que deben. Y deben facilitar el desarrollo de la sociedad, para que invente, cree, y en ese espacio establecer una razonable seguridad que cuide la vida de las personas.

El progreso humano siempre ha nacido de la integración de personas, desde la invención de la rueda, y hoy lo estamos viendo, por ejemplo, con esta empresa china DeepSeek. No ha existido en la historia de la humanidad una posibilidad tan grande como hoy para que la gente invente, use el conocimiento que otros crean. Soy tremendamente optimista”.

“Mi mirada tiene dos elementos de optimismo: el conocimiento que mencioné y que Chile sigue siendo una economía abierta, con instituciones sólidas y competitivas a nivel mundial, con compañías de primera línea y que su población se educó, tiene más capacidades. Lo negativo es la sensación de que a los que están creando hay que sacarles plata y es un error. Cuando sacan plata a una empresa o a los inversionistas, impiden que se produzcan inversiones y se contraten personas que van a generar riquezas.

¿Qué les ha interesado a todos los gobiernos? Subir los impuestos. El progreso no nace de cobrar más impuestos, sino de que las personas sean capaces de desarrollar ideas nuevas. Cuando hay inversión y creación de riqueza, todos se benefician, no solo el empresario o el inversionista. ¿Ha pensado lo que ahorra gracias al Waze? ¿Cuánta plata ganó el que lo inventó, comparado con lo que ganamos los usuarios? Estudios dicen que el que inventa gana un 2% y el resto lo toma toda la sociedad”.

“No lo estamos aprovechando. El Gobierno no cumple, lamento que no se esté pensando en cómo resolver la primera necesidad: la seguridad. Es más fácil y atractivo decir que voy arreglar las pensiones en 40 años más, que enfrentar a la gente que se sale de la ley, porque es desagradable, porque significa aplicar una fuerza y está el riesgo de aplicarla de más. No hemos sido capaces de acordar cosas básicas para que actúe la policía: las reglas del uso de la fuerza (RUF). Viví en Nueva York cuando era un desastre, me asaltaron dos o tres veces y la sociedad estuvo dispuesta a cambiar. Casi no conozco a nadie que no me cuente de un portonazo, un asalto. El país se va acostumbrando a la inseguridad y esta lo va limitando cada vez más”.

“Chile tiene elementos positivos que todavía están, no sé por cuánto tiempo. Hay que cuidar la libertad y si no se mantienen claros ciertos conceptos, se deteriora rápido, porque es muy atractivo tener el poder para hacer cosas que no se pueden hacer, decir que se hacen y pagarlas de una manera que no se ve o se paga más adelante. Es parte de una ‘guerra o discusión' cultural, como se dice en Argentina. Estoy un poco optimista, algo comienza a darse vuelta para el otro lado”.

“Quieren beneficios, pero no sé, basta mirar cuántos pagan las cotizaciones previsionales. Efectivamente, las corrientes culturales importan, en el período (del) que hablamos, el camino era a favor de la izquierda, de gobiernos centralizados. Chile tuvo la capacidad de cambiar, porque realmente llegó al fondo. Sin embargo, a principios de los 90, la caída del muro de Berlín ayudó enormemente a centrar los gobiernos. En 2008 se produjo la crisis de deuda en Estados Unidos, colapsaron bancos grandes y eso le vigorizó las ideas contra la libertad”.

Y entonces va a lo cultural. Reconocidamente liberal, Büchi menciona el caso de un colegio europeo que debió habilitar una caja de cartón en el patio, para que “se guarde en el recreo”, una niña que se siente gato. O el de la autoridad de un banco que sorprende a sus empleados, porque un día va vestida de mujer y otro de hombre. “Tiene todo el derecho de hacer lo que quiera”, sostiene, “pero no pueden obligar a todos a aceptar eso como ‘la regla o lo normal'”.

“La tarea de limitar un gobierno es eterna. Pero hay corrientes intelectuales importantes en Estados Unidos que están hablando de bajar impuestos. ¿Por qué habla tanto de aranceles Trump? Porque Estados Unidos es el mayor y más abierto mercado del mundo. Hay una tendencia de volver a apreciar las cosas básicas”.

“El progreso no nace de cobrar más impuestos, sino de que las personas sean capaces de desarrollar ideas nuevas”.

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