Entre octubre de 2022 y octubre de 2024 (últimos datos disponibles) las Isapres han perdido 567 mil beneficiarios, casi un quinto de su cartera. Sin embargo, el ritmo de pérdida de beneficiarios se ha ido estabilizando. Si a fines de 2022, la caída era de casi 2% al mes, en los últimos meses ha estado por debajo del 0,5% mensual (ver tabla N°1).
De todas formas, lo anterior no significa una buena noticia. Comparado con dos años atrás, los cotizantes menores de 40 años (que son los que típicamente sostienen el sistema) eran el 43% del total y hoy son solo el 37%. Esto da cuenta de una cartera más riesgosa que profundizará las dificultades financieras de las Isapres. Cabe recordar que al tercer trimestre perdieron más de $90 mil millones y que su tasa de siniestralidad, es decir, el porcentaje de ingresos que se usan para financiar prestaciones y licencias médicas, está por sobre el 96%.
Así, es probable que la mayor parte de las personas que quiso abandonar las Isapres ya lo haya hecho y, tal como lo muestran los datos, el número de beneficiarios se debiera estabilizar. Es importante notar que, entre los empleados formales, es decir, quienes realmente pueden elegir entre ambos sistemas, el 28% está en Isapres (en 2022 era 33%). Visto de esta manera, la caída es importante, pero mucho menos dramática y da cuenta del impacto del mercado laboral en la afiliación a Isapres.
La principal razón de que es poco probable que haya un mayor desfonde es que la alternativa estatal es muy pobre. Las listas de espera de Fonasa están en sus récords históricos -con 2,6 millones de personas - y todo quien pueda evitar tener que caer en ellas, lo hará.
Ahora, revertir este escenario será muy complejo. En primer lugar, depende de que se vuelvan a crear con fuerza nuevos empleos formales bien remunerados. Segundo, que las Isapres tengan una regulación más transparente y competitiva que se traduzca en mejores precios y servicios para los usuarios. Lamentablemente, el proyecto del gobierno ingresó al Congreso, que busca instalar un plan comparable y terminar con las preexistencias, no generará esos beneficios mientras no tenga los mecanismos que lo hagan factible de implementar.
Mientras tanto, la gran mayoría de la población deberá seguir en Fonasa con bajas coberturas financieras, si se atienden fuera de la red estatal, y largas listas de espera si acuden a los hospitales del Estado. El gobierno tiene la esperanza que la Modalidad de Cobertura Complementaria (MCC) ayude a lo primero, pero hasta el momento es solo una esperanza. Y para abordar las listas de espera, debe “cruzar los dedos” porque mejore la productividad de los hospitales, un milagro que esperamos hace ya muchos años. En eso hay mucho por hacer, pero el gobierno no ha propuesto una agenda robusta de mejora de productividad en la salud estatal.
