Venezuela ha estado en el foco de atención durante las últimas semanas luego de que, el 28 de julio, los ciudadanos acudieran a votar en las elecciones presidenciales. Las dudas sobre la transparencia del proceso electoral no tardaron en hacerse presentes. A las pocas horas, la oposición acusaba un nuevo fraude electoral y desde ese día los venezolanos presionan y se manifiestan en las calles, exigiendo que se respete la voluntad popular que les otorga un triunfo. Por el contrario, el Consejo Nacional Electoral proclamó, sin pruebas, una nueva victoria del chavismo con Nicolás Maduro a la cabeza.
Para analizar el tema y los antecedentes que llevaron a dicho país a esta situación, hablamos con el Subdirector de Faro UDD, Miguel Ángel Fernández.
¿Cuáles han sido las principales consecuencias de la instauración del “socialismo del siglo XXI” -como lo llamaba Chávez- en Venezuela?
La instauración del "socialismo del siglo XXI" en Venezuela ha tenido efectos devastadores en las estructuras políticas, económicas y sociales del país. Este sistema, promovido por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, ha erosionado los pilares de una sociedad libre, comenzando por la economía de mercado y los derechos de propiedad. Las políticas de expropiaciones masivas y el control absoluto sobre la economía llevaron a la destrucción del aparato productivo nacional, con una contracción del PIB de más del 75% entre 2013 y 2020, comparable a una situación de guerra, pero en un contexto de paz.
La hiperinflación, que alcanzó un peak de 1,698,488% en 2018, destruyó el poder adquisitivo de los venezolanos, llevando a la mayoría de la población a una situación de pobreza extrema. Este colapso económico fue acompañado por una sistemática erosión del estado de derecho y las instituciones democráticas, transformando a Venezuela en un régimen autoritario según el Índice de Democracia de The Economist.
Además, la implementación de un aparato represivo sofocó las libertades civiles y políticas, generando una de las crisis humanitarias más graves del hemisferio occidental, con un éxodo masivo de más de 7.1 millones de venezolanos desde 2015. Este proceso no sólo ha devastado a Venezuela, sino que también ha desestabilizado la región, demostrando los peligros de un modelo que concentra el poder y elimina los contrapesos democráticos.
¿Qué se ha profundizado durante el Gobierno de Maduro?
El Gobierno de Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela a una crisis aún más profunda, marcada por la intensificación del autoritarismo y un colapso económico que ha destruido la vida cotidiana de los venezolanos. A diferencia del período de Chávez, donde se implementaron las bases del "socialismo del siglo XXI", bajo Maduro estas políticas se han llevado al extremo, consolidando un régimen donde las libertades civiles y políticas son casi inexistentes. El país ha visto la represión política aumentar drásticamente, con miles de opositores detenidos y un uso sistemático de la violencia estatal para terminar con la disidencia.
La economía, que ya había comenzado a deteriorarse, ha experimentado un colapso sin precedentes. La hiperinflación, que alcanzó niveles astronómicos, ha sido una de las más graves del mundo, destruyendo por completo el poder adquisitivo y sumiendo a la mayoría de los venezolanos en la pobreza extrema. A esto se suma la crisis humanitaria causada por la escasez crónica de alimentos y medicinas, y un sistema de salud pública al borde del colapso.
El impacto de estas políticas ha sido catastrófico no sólo para la economía, sino también para la sociedad venezolana, que enfrenta un éxodo masivo, con millones de ciudadanos buscando refugio en otros países. El legado de Maduro es un país quebrado, donde el tejido social e institucional ha sido destruido, profundizando una crisis que parece no tener fin.
Además de la crisis política, existe otra crisis de la cual se habla menos: la económica y social. ¿Qué nos puede decir de ello? ¿Cuáles son los principales problemas para los venezolanos a raíz de esto?
La crisis económica y social en Venezuela es el resultado de políticas económicas fallidas y de mala gestión gubernamental. Aunque la crisis política es la que ha tenido mayor atención, es la crisis económica la que ha tenido un impacto directo en la vida cotidiana de los venezolanos. Desde 2013, la economía venezolana ha experimentado una contracción histórica, superior al 75%, llevando al país a niveles de pobreza y desigualdad que no se habían visto en décadas. Este colapso no sólo ha eliminado el poder adquisitivo de la población a través de una hiperinflación galopante, sino que también ha destruido las estructuras básicas que sostienen la vida diaria.
La escasez de alimentos y medicinas se ha vuelto crónica, hoy los hospitales operan sin los suministros esenciales y la malnutrición afecta a una gran parte de la población. Estos problemas son agravados por un sistema de servicios públicos en colapso: cortes de electricidad que pueden durar hasta 12 horas diarias y un acceso al agua potable que se ha vuelto intermitente, afectando la salud y la calidad de vida de millones. De hecho, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) reveló que, en 2021, el 94.5% de los venezolanos vivían en pobreza, lo que refleja el retroceso de décadas de progreso.
Además, esta crisis ha provocado un éxodo masivo, con millones de venezolanos buscando refugio en otros países, debilitando aún más la capacidad del país para recuperarse. La crisis económica y social de Venezuela es una advertencia sobre los peligros de políticas económicas irresponsables y la concentración de poder, que deja a una nación próspera en un país que lucha por una desesperada supervivencia.
¿Cuáles han sido los factores que han propiciado el avance del socialismo y el deterioro progresivo del país?
El avance del socialismo en Venezuela y el consecuente deterioro del país se deben a una combinación de factores políticos, económicos y sociales que, juntos, han desmantelado las instituciones democráticas y conllevado la destrucción de una economía libre. Uno de los principales factores ha sido la retórica populista y la construcción de un discurso polarizante por parte de los líderes del régimen. Hugo Chávez capitalizó esto gracias a su carisma populista que prometía una utopía terrenal, pero que se transformaron en políticas clientelistas y nacionalizaciones expropiatorias que debilitaron las bases económicas, democráticas y sociales del país.
Lo anterior tuvo un lugar común: la destrucción del emprendimiento y derechos de propiedad privada y la dependencia excesiva del petróleo. Durante el auge petrolero de principios de los 2000, los altos precios del crudo permitieron a Chávez financiar expansivos programas sociales irresponsables y clientelares. Cuando los precios del petróleo cayeron, las políticas económicas socialistas mostraron su ineficacia, profundizando el deterioro económico.
Otro factor clave fue la erosión de las instituciones democráticas. La cooptación del poder judicial, la manipulación de procesos electorales y la neutralización de la Asamblea Nacional permitieron la concentración del poder en manos del Ejecutivo, debilitando los contrapesos necesarios para una democracia funcional. Además, las políticas de expropiación y el ataque a la propiedad privada destruyeron la confianza de los inversionistas y desmantelaron el aparato productivo nacional, provocando un colapso económico de gran magnitud.
Finalmente, el apoyo internacional de aliados ideológicos como Cuba, Rusia y China, junto con la falta de una oposición unificada y efectiva, permitió al régimen chavista/madurista resistir la presión interna y externa, consolidando su poder a pesar del deterioro económico y social. En conjunto, estos factores explican cómo Venezuela ha pasado de ser una de las naciones más prósperas de América Latina a un país en crisis, atrapado en un ciclo de deterioro político, económico y social.
¿Qué papel juega en todo esto la censura y persecución a los medios de comunicación y a los disidentes políticos?
La censura y la persecución a los medios de comunicación y disidentes políticos han sido herramientas clave para la consolidación y perpetuación del régimen en Venezuela. Desde el ascenso de Hugo Chávez y más intensamente bajo Nicolás Maduro, el Gobierno ha implementado un control férreo sobre la información, lo que ha permitido mantener una narrativa oficial y sofocar cualquier oposición efectiva.
En Venezuela, la libertad de prensa ha sido sistemáticamente atacada. Según Reporteros Sin Fronteras, el país ha caído a los niveles más bajos en su Índice de Libertad de Prensa, reflejando un entorno donde el periodismo independiente es casi inexistente. Más de 100 medios de comunicación han sido cerrados entre 2013 y 2018, utilizando tácticas como la no renovación de licencias, presiones económicas y la escasez inducida de papel periódico. Esta represión no sólo afecta a los medios de comunicación, sino que también tiene un impacto directo en la sociedad venezolana, que se ve privada de acceso a información veraz y confiable.
La persecución de disidentes políticos ha sido igualmente brutal. Organizaciones como el Foro Penal Venezolano han documentado miles de detenciones por motivos políticos, acompañadas de violaciones al debido proceso, torturas y en algunos casos, ejecuciones extrajudiciales. Estas acciones han creado un clima de miedo que desalienta la oposición y fomenta la autocensura, lo que permite al régimen mantener su poder sin enfrentarse a una resistencia significativa.
Además, leyes como la "Ley contra el Odio" de 2017 o la actual ley contra el “Fascismo y el neofascismo” han proporcionado un marco legal para justificar la represión de cualquier forma de disidencia, incluyendo opiniones críticas expresadas en redes sociales. El resultado es una sociedad donde la libertad de expresión es inexistente, y el control estatal sobre la narrativa pública es absoluto. En resumen, la censura y la persecución han sido fundamentales para la supervivencia del régimen en Venezuela. Al silenciar a la prensa y reprimir a los disidentes, el Gobierno ha logrado mantener un control autoritario, debilitando la democracia y perpetuando la crisis política y social del país.
¿Ven alguna opción de recuperar la democracia?
Recuperar la democracia en Venezuela es un desafío monumental, pero no imposible. La restauración de un sistema democrático en el país requerirá una combinación de esfuerzos internos y externos, enfocados en varios frentes clave. En primer lugar, la presión internacional es esencial. Las sanciones económicas y diplomáticas, si bien controvertidas, han ejercido presión sobre el régimen, debilitando su capacidad para operar con normalidad. No obstante, los aliados de Venezuela -otros regímenes dictatoriales- imposibilitan una acción más decidida y demuestran las caretas democráticas que muchos regímenes no libres establecen como su verdadera acción.
El papel de las Fuerzas Armadas es otro elemento crucial. Históricamente, en América Latina, las transiciones hacia la democracia han requerido la cooperación o al menos la neutralidad de los militares. En el caso de Venezuela, cualquier transición exitosa probablemente necesitará garantizar la seguridad de aquellos militares que no estén implicados en violaciones graves de derechos humanos, para incentivar su apoyo o neutralidad en el proceso de cambio.
Además, es fundamental el restablecimiento de instituciones democráticas independientes, incluyendo un poder judicial autónomo y un consejo electoral imparcial. Sin estas reformas estructurales, cualquier intento de celebración de elecciones libres y justas sería insuficiente. Paralelamente, la liberación de presos políticos y el restablecimiento de libertades fundamentales, como la libertad de prensa, son pasos imprescindibles para crear un ambiente en el que la democracia pueda florecer nuevamente.
Aunque el camino es complejo, la historia ha demostrado que regímenes autoritarios pueden ser reemplazados por democracias, siempre que haya una estrategia clara, apoyo internacional, y la movilización efectiva de la sociedad civil.
¿Qué debiera hacer la comunidad internacional al respecto? ¿Considera que este tema también los afecta?
La comunidad internacional debe intensificar sus esfuerzos en varios frentes para abordar la crisis en Venezuela. Primero, es crucial mantener y coordinar la presión diplomática contra el régimen de Maduro. Esto incluye sanciones específicas que apunten a los líderes y estructuras de poder del régimen, poniendo presión en quienes realmente coartan la libertad de los ciudadanos y mantienen capturado el Estado. Las iniciativas internacionales han demostrado tener poco impacto frente a un régimen insensato y populista, pero es necesario mantener una presión constante para que los crímenes y violaciones de la dictadura socialista de Maduro empiecen a caer.
En ese sentido, la crisis venezolana tiene implicaciones más allá de sus fronteras. La inestabilidad en Venezuela afecta la seguridad regional, fomenta el crimen organizado y contribuye a la propagación de enfermedades. La crisis también desafía los principios democráticos en la región, lo que convierte a Venezuela en un foco de atención que debe ser tratado con urgencia por la comunidad internacional.
¿Cuál ha sido el rol en el auge de Chávez y Maduro de la izquierda socialista de Latinoamérica?
La izquierda socialista de Latinoamérica ha jugado un papel crucial en el auge y la consolidación de los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, brindando apoyo ideológico, político y económico. Durante la "marea rosa" que caracterizó a América Latina en la primera década del 2000, líderes como Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, y los Kirchner en Argentina, ofrecieron legitimidad internacional al proyecto bolivariano, presentándolo como parte de un movimiento progresista regional. Ese apoyo es uno de los más grandes pecados del progresismo de la región, apoyando a la instalación de una dictadura brutal y despiadada que ha quebrado la economía, democracia y bienestar de millones de venezolanos.
Por ello se debe recordar que este respaldo se tradujo en apoyo diplomático en foros internacionales, donde países aliados bloquearon resoluciones críticas hacia Venezuela, protegiendo al régimen de sanciones más severas. Además, el establecimiento de organizaciones regionales como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) sirvieron como plataformas para expandir la influencia venezolana y contrarrestar la presión internacional.
En el ámbito económico, acuerdos como Petrocaribe permitieron a Venezuela ganar aliados al suministrar petróleo en condiciones favorables a varios países de la región, consolidando su influencia. Asimismo, la cooperación en seguridad con Cuba, especialmente en inteligencia y represión de disidentes, ha sido fundamental para mantener el control interno.
En resumen, la izquierda socialista latinoamericana proporcionó el respaldo necesario para el auge de Chávez y Maduro y se transforman en cómplices pasivos de una de las historias más cruentas de la región en las últimas décadas.
¿Cuál debiera ser la mayor lección para Chile de esta gran crisis en Venezuela?
Es posible establecer cinco principales lecciones que Chile puede extraer de la crisis en Venezuela.
Primero, la protección de las instituciones democráticas es esencial. La independencia de estas debe mantenerse para evitar la concentración de poder que erosiona la democracia, como ocurrió en Venezuela.
Segundo, el respeto a los derechos de propiedad es crucial para asegurar la confianza de los inversores y mantener un entorno económico estable, evitando los efectos devastadores de las expropiaciones masivas vistas en Venezuela.
Tercero, la responsabilidad fiscal es vital: Chile debe volver a su tradición de prudencia fiscal para evitar crisis económicas como la hiperinflación que afectó a Venezuela debido a políticas populistas y gasto descontrolado.
Cuarto, la necesidad de una oposición unida es evidente. La fragmentación de la oposición en Venezuela permitió la consolidación de un proyecto radical, por lo que en Chile es esencial que las fuerzas democráticas se mantengan coherentes y unidas para enfrentar cualquier amenaza similar.
Quinto, es fundamental evitar la polarización política extrema, que en Venezuela facilitó la consolidación del autoritarismo; en Chile, fomentar el diálogo y la cooperación política es clave para mantener la cohesión social y la estabilidad democrática.
En definitiva, todas estas lecciones subrayan la importancia de proteger activamente la democracia, la economía y los derechos políticos y civiles en Chile, evitando los errores que llevaron a Venezuela a su estado de descomposición terminal.