ELEMENTOS PARA EL DEBATE DE UN SEGURO DE LONGEVIDAD

El aumento de la longevidad de las personas se ha transformado en un gran desafío para los sistemas de pensiones en el mundo. Esto, por cuanto con el ahorro realizado durante la vida laboral (etapa activa) se debe financiar un mayor número de años desde el momento de pensionarse (etapa pasiva), lo que nos lleva a que, para un mismo nivel de ahorro, las pensiones sean más bajas que hace un par de décadas. El efecto es aún mayor cuando, además, los sistemas de pensiones mantienen las edades legales de jubilación.  En este contexto, lo que busca un seguro de longevidad es gestionar de mejor manera el riesgo de la longevidad entre todos los afiliados.

Para operar, un seguro de longevidad requiere en primer lugar, truncar las tablas de mortalidad en una determinada edad para hombres y mujeres. Así, la pensión es financiada con los ahorros de las personas en sus cuentas de ahorro individual hasta la edad límite en que se truncan las tablas y por sobre esa edad, la pensión es financiada por el seguro, que, en régimen, es financiado por la persona durante su vida laboral.

En Chile se han realizado algunos estudios que han estimado el impacto que tendría la implementación de un seguro de longevidad en el monto de las pensiones. Los resultados dan cuenta que, si bien se producen aumentos, estos son relativamente acotados y dependen de la modalidad de pensión y otros parámetros. Por otro lado, el aumento de pensiones se da en el futuro (el que dependerá de varios factores) y se financia con puntos de cotización de los afiliados. Por lo tanto, para mejorar las pensiones actuales y las de quienes se pensionarán en los años más próximos, se requerirá que el Estado aporte recursos.

A continuación, se presentan los principales resultados de las estimaciones realizadas:

1.Guillermo Larraín et al (2017)[1], realizó estimaciones cuyos resultados mostraban que las pensiones aumentaban en el corto plazo en 24% promedio, cuando se trunca la tabla de mortalidad en 85 años para hombres y mujeres[2] (esta edad es la denominada edad de tránsito). En primer lugar los autores distinguen entre tercera y cuarta edad, donde esta última equivale a la esperanza de vida que se tiene a la edad de jubilación. Por lo tanto, en esta estimación se asume que la esperanza de vida a la edad de jubilación de las mujeres es la misma que la de los hombres, con el objetivo de generar una transferencia intrageneracional explícita hacia la mujer de manera de disminuir la brecha de pensión actual[3]. Para financiar lo anterior, los autores estimaron una cotización adicional (o prima para el caso de la compañía de seguros) calculada entre un 2% y un 4% dependiendo de la institucionalidad del seguro de longevidad[4] . Para ello, el documento propone una reforma al sistema que divide el periodo de jubilación, en la tercera y la cuarta edad, que serían financiadas con instrumentos distintos: ahorro y seguro.

2. Un estudio de CIEDESS encargado por la Subsecretaría de Previsión Social en 2020[1] señala que aplicación de tablas truncadas se traduce en un aumento automático del monto de las pensiones. Si se truncan hasta los 85 años de edad las pensiones de vejez a la edad legal de retiro aumentarían entre un 15,1% y un 14,4% para hombres en retiro programado y renta vitalicia respectivamente, mientras que en mujeres el incremento sería entre un 16,9% y un 17,9%. Cuando se truncan a los 90 años, el incremento promedio es menor y sería de entre 5% y 8%. Este estudio no realiza estimaciones sobre cuantos puntos de cotización se requieren para financiar el seguro, sino que presenta los resultados de los otros estudios que se muestran en esta nota.

3. Bernstein y Morales (2021)[2] concluye que las pensiones podrían aumentar hasta 30% su monto, por cuanto los recursos ahorrados por las personas tienen que financiar pensiones por 20 años (de los 65 a los 85) y después de esa edad, la pensión es financiada con los recursos provenientes del seguro de longevidad, donde la tasa de reemplazo de esta pensión es de un monto determinado respecto de la pensión inicial. Para financiar el seguro, los autores estiman una tasa de cotización adicional destinada a financiar el seguro de 1,62% para mujeres y 1,21% en hombres, si la tasa de reemplazo es del 70%. Si se quiere mantener la pensión inicial, entonces la cotización necesaria es de 2,31% para mujeres y 1,72% para hombres. Si bien este documento es uno de los más reconocidos técnicamente, tiene la debilidad de que requiere cambiar las reglas del juego de las compañías de seguro con los riesgos y presiones que ello implica.

Es importante tener presente que esta política tiene costos alternativos: lo que se destine para financiar este seguro se pierde como ahorro individual. Esto es, si se aumenta la cotización, digamos a un 6%, una parte de esa cotización que debiese ser destinada a ahorro en cuentas individuales sería destinada a un seguro de longevidad, en desmedro de una mejor pensión futura.

Con todo, implementar un seguro de longevidad permitiría, de acuerdo a las estimaciones realizadas, aumentar las pensiones futuras, es un mecanismo regresivo, porque las personas de mayores ingresos, que son las que más contribuyen al financiamiento del seguro (y tienen mayor densidad de cotizaciones), viven más que las de menores ingresos. Esto hace que se genere un mecanismo redistributivo desde los trabajadores de menores ingresos hacia quienes tienen más recursos y viven más.

Además, existe el riesgo de requerir más puntos de cotización para financiar el seguro, pues estos se determinan en función del número de personas que se quiera favorecer, de la edad a la que se gatilla el seguro y de la pensión que se quieran otorgar una vez que el seguro comienza a operar. Por lo tanto, si hay presiones para modificar estas variables, los puntos de cotización destinados a financiar el seguro podrían aumentar considerablemente.

[1] “Estudio de la Comisión de Usuarios de Sistema de Pensiones: Propuestas de Mejoramiento al Método de Cálculo de la pensión de vejez, invalidez y sobrevivencia bajo las distintas modalidades de Pensión”. CIEDESS a Subsecretaría de Previsión Social.

[2] “The Role of a Longevity Insurance for Defined Contribution Pension Systems” (2021).

[1] “Longevidad y Pensiones: una Propuesta de Seguro para la Cuarta Edad” (2017).

[2] Para pensiones por retiro programado y renta vitalicia.

[3] Si se truncan de manera diferenciada (mujeres a los 90 y hombres a los 85, porque las expectativas de las mujeres son mayores), el aumento de pensiones en promedio disminuye a 13% en el caso de las mujeres, mientras que en hombres es de 24,3%. Asimismo, en este caso la propuesta favorecería más a casados que solteros, más a las personas que se jubilen mediante retiro programado que a los que lo hagan por Renta Vitalicia y más a hombres que a mujeres.

[4] Reparto puro, fondo para la cuarta edad o compañía de seguros.

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