ENTREVISTA A DANIEL REBOLLEDO EN LA SEGUNDA: “ESTAMOS COMENZANDO A SER UN PAÍS PRODUCTOR DE DROGAS”

Nuestro investigador en seguridad del Área Política, Daniel Rebolledo, dice que Chile ha cambiado debido al crimen organizado. Y critica la gestión del gobierno: “En el segundo año no le pueden echar la culpa al gobierno anterior”.

¿Qué libertad vamos a tener si las personas decentes que salen a trabajar y quieren libertad tienen que encerrarse en su casa con rejas y no pueden ocupar las plazas de su barrio porque hay narcotráfico? Se pregunta el sociólogo, Daniel Rebolledo.

Especialista en seguridad pública, sociólogo de la PUC, Rebolledo explica que estudió Comunicación Política en la U. Johns Hopkins porque se interesó en traducir datos y cifras en narrativas comprensibles que expliquen fenómenos complejos y multifactoriales como la crisis de seguridad que padece Chile.

“Sin seguridad, no hay libertad”, dispara el investigador que trabajó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera, respaldando los resultados de la encuesta Criteria del 2022 que indicaron que casi el 70% de los chilenos prefiere tener seguridad que libertad.

A días de que Gabriel Boric cumpla 1 año en el poder, y con el acuerdo por la seguridad en la lona, el autor del estudio “Dos homicidios al día: el triste promedio de la inseguridad del 2022”, sostiene que las violaciones, los robos de vehículos, los portonazos, y los homicidios son pan de cada día, y que el 2023 será crítico. “Estamos en una situación peligrosa. Tenemos una crisis de seguridad, una crisis económica, y una ciudadanía muy desconfiada de las instituciones. El temor en la población es alto y hay delitos que han mostrado que la naturaleza del crimen ha cambiado en Chile”.

Las postulaciones a Carabineros disminuyeron después del estallido social. ¿Cómo analizas la baja de una de las instituciones más respetadas de Chile?

—Hubo una baja en los años del estallido social y la pandemia, pero ahora el gobierno dice que esa situación se revirtió. Carabineros pasó por una etapa muy mala debido a los temas de corrupción. Luego llegó el estallido donde un sector de la izquierda hizo una campaña muy fuerte en contra. Hoy en día, después de 2 años, muchas de estas acusaciones empezaron a tener resultados favorables para los acusados. La nota positiva es que tanto Carabineros como la PDI pudieron revertir esa situación. Producto de la crisis de la seguridad, la gente volvió a valorar el trabajo de Carabineros en las calles y nuevamente es una de las instituciones con mejor evaluación. Me parece positivo porque en Chile damos por sentado cosas que no son usuales en la región. Por ejemplo, si tratas de sobornar a un Carabinero porque te sacó un parte, lo más probable es que te vayas detenido. Eso no sucede en países vecinos.

Después del 18-0 se acusó a Carabineros de atentar contra los derechos humanos. ¿Crees que esa situación los inhibió a ejercer la fuerza policial?

—Si lo analizas en términos sociológicos es muy raro. Pasamos de un momento en que en la opinión pública se acusaba a Carabineros como violadores sistemáticos de los derechos humanos, y hoy en día la gente le celebra a un Carabinero si utiliza su arma de servicio para defenderse. Chile es un país bastante esquizofrénico.

¿Qué otros hechos reforzaron la imagen pública positiva actual de Carabineros?

-La fallida convención constitucional pretendía realizar cambios estructurales a Carabineros y ese fue uno de los grandes argumentos para el rechazo de la propuesta. Y luego está el ejercicio del poder. Las personas que hoy están en el gobierno, en la primera vuelta hablaban de refundar Carabineros. Y después, en la segunda vuelta, eso se fue atenuando. Ahora el presidente dice que la seguridad es su mayor pilar y que respalda a Carabineros, pero hace un año atrás, su discurso, el de la vocera de gobierno, de los ministros, era muy distinto. Podemos discutir si este gobierno lo está haciendo bien o mal pero, a nivel discursivo, esta batalla cultural la izquierda más extrema la perdió. Y la perdieron con ellos en el poder siguiendo una agenda de seguridad que viene de gobiernos anteriores. Lo cual es simbólico habiendo ganado una elección con gran porcentaje.

El informe de LyD sobre seguridad pública 2022 indica que los delitos de mayor connotación social en Chile crecieron un 45% respecto a 2021. Es revelador sobre cómo ha cambiado la naturaleza del crimen en Chile. Es decir, no estamos en una situación muy distinta a otros países latinoamericanos.

—Es positivo que estemos alarmados con lo que está pasando. En países como El Salvador, Nicaragua o México, esta situación está normalizada. Y es normal encontrar gente muerta por tiros en la calle. Eso en Chile todavía no pasa. Pero es cierto, también, que en los últimos años estamos viendo delitos que antes no sucedían. Yo tengo 36 años y recuerdo que cuando chico salía a la calle y el peligro era que me asaltaran con un cortaplumas para robarme el reloj o la billetera. Hoy el peligro es que te asalten con una pistola y te maten para robarte el auto. Eso te indica cómo ha cambiado la delincuencia en Chile.

¿Cómo caracterizarías el crimen organizado en el Chile de hoy?

—El crimen organizado es un negocio y funcionan como empresa. El principal objetivo es ganar plata. Las drogas les dan ganancias a las bandas criminales y les permiten diversificarse utilizando las mismas líneas de distribución para empezar a vender otros productos como la trata de personas, el tráfico ilegal de inmigrantes, el tráfico de armas, o el robo de madera. Hace 20 años Chile era un país de tránsito, después pasó a ser un país de consumo, y hoy estamos comenzando a ser un país productor de drogas. Según informes de Fiscalía se han comenzado a encontrar cada vez más laboratorios de drogas sintéticas para crearlas desde cero, refinarlas o patearlas. Traen una droga desde afuera y la multiplican por 6 porque la mezclan con otras cosas.

Entrevista a Daniel Rebolledo, investigador del Área Política de Libertad y Desarrollo, publicada en La Segunda.-

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