REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL A 40 HORAS: ELEMENTOS A CONSIDERAR

Ante el anuncio del Presidente Gabriel Boric del envío del proyecto de ley que busca reducir las actuales 45 horas de jornada laboral a 40, acá presentamos algunos elementos que hay que tener en cuenta.

Nuestra jornada laboral es superior a la mayoría de los países miembros de la OECD, que tienen jornadas de 40 horas promedio. En términos de horas efectivas trabajadas, mientras la jornada OECD promedio es de 34 horas semanales, en el caso chileno las horas efectivas trabajadas por trabajador llegan a 37.

Los datos a 2019 permiten concluir que las jornadas laborales menos extensas están vinculadas a mayores niveles de productividad. Mientras Chile tiene una jornada de 1.930 horas efectivas promedios anuales trabajadas y un PIB per cápita de USD $ 26,8 por hora trabajada, el promedio de países OECD alcanza un PIB de USD $ 52,3 y una jornada de 1.743 horas anuales. Es decir, el PIB per cápita por trabajador de los países OECD es el doble del que tiene Chile.

Por ejemplo, Alemania, Dinamarca y Noruega tienen jornadas laborales menos extensas y un mayor PIB por trabajador. Así, Alemania tiene una jornada de 1.383 horas anuales, similar a Noruega, pero ambos difieren la medición del PIB per cápita. Mientras en Alemania es de USD$ 66,7, en Noruega es superior y llega a USD $ 82,3. Irlanda tiene una jornada laboral más extensa que los países recién mencionados, pero tiene un mayor PIB per cápita por trabajador, que se ubica en USD $ 102,39.

Para ajustar por “nivel de riqueza” y comparar con países de un nivel de desarrollo similar, el documento analiza la cantidad de horas efectivas trabajadas de una muestra de los países más representativos (aquellos que se sitúan en una situación peor o muy superior a nuestro país actualmente) cuando tenían un nivel de PIB per cápita similar al de Chile en 2019. Los países fueron agrupados en los bloques A y B de acuerdo al número de horas efectivas trabajadas, en el A los que tienen mayor diferencia en la extensión de jornada y en el B los con una jornada algo levemente inferior. En primer lugar, los datos dan cuenta que la mayoría de los países, salvo México y Colombia alcanzaron el nivel de PIB per cápita de Chile 20 años o más atrás y cuando lo hicieron tenían jornadas laborales menos extensas que la chilena. El bloque A agrupa los países en promedio tenían un 20% de menos horas efectivas trabajadas que Chile cuando alcanzaron un nivel de PIB per cápita similar. Por ejemplo, Noruega alcanzó en 1995 un nivel de PIB per cápita similar al nivel que tiene Chile, con un total de 1.488 horas efectivas trabajadas ese año. Es decir, un trabajador chileno en 2019 tiene un ingreso similar al trabajador de Noruega en 1995, pero trabaja 442 horas más, casi 10 semanas adicionales al año, equivalentes a 1 mes y medio.

El bloque B, que incluye al promedio de países OECD, muestra países con un número de horas trabajadas 6% inferior que la de Chile. Es decir, este grupo de países tenía una jornada laboral semanal promedio de 35 horas semanales, inferior sólo en 2 horas a las horas trabajadas promedio de Chile en 2019. Un trabajador australiano, por ejemplo, trabajó en 1998 alrededor de 1,7 semanas menos que un trabajador chileno hoy. Esta diferencia más que se duplica cuando se comparan las jornadas en 2019, donde un trabajador chileno trabaja 4,6 semanas más que un australiano.

Al corregir por nivel de riqueza, cuando los países OECD revisados alcanzaron el PIB per cápita de Chile, además de jornadas laborales menos extensas tenían niveles de productividad superiores al que Chile tiene actualmente, lo que se ha mantenido a lo largo del tiempo.

Respecto de los niveles de productividad, Chile muestra un nivel de productividad por debajo de los países de ambos bloques. Los países del bloque A, que son los que tenían jornadas menos extensas, registraron niveles de productividad 2,2 veces más altos que el de Chile y los países del bloque B, que son los que tuvieron jornadas similares a la chilena, alcanzaron una productividad 1,5 veces mayor. Cuando todos estos países alcanzaron el PIB per cápita de Chile, tenían niveles de productividad superiores al que Chile tiene actualmente, y con jornadas laborales menos extensas.

IMPACTO DE LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL

El impacto que una reducción de la jornada puede tener en el nivel de empleo y de salarios dependerá de cómo maneja la empresa esta disminución y como se vincula esto con su proceso productivo y su composición de trabajadores, la que sin duda dependerá del sector económico o industria a la que pertenece.

Un ejercicio simple corresponde a considerar que el empleador, para producir al menos lo mismo que producía hasta antes de la reducción de horas, deberá pagar horas extras, las que de acuerdo a la legislación actual tiene un costo de 1,5 veces el valor de la hora normal. Así, para reducir los costos, los empleadores podrían despedir trabajadores y/o disminuir los salarios, lo que podría llevar a un aumento de la informalidad. Es decir, mantener a los trabajadores trabajando las 45 horas semanales -una vez reducida la jornada a 40 horas- incrementaría los costos laborales en 17%, por cuanto las 5 horas reducidas, serán pagadas con el incremento de 1,5 veces las horas normales.

PROPUESTA

Una propuesta en esta línea consiste en terminar con la rigidez que tiene actualmente la jornada laboral, pero cumpliendo el número de horas legales dentro de un periodo de referencia, que no es la semana laboral calendario.

Eso es, permitir una flexibilización de la actual jornada de 45 horas, que considere el sector económico al que el trabajador pertenece y un período de referencia de 16 semanas (4 meses), período sobre el cual se va a calcular la jornada laboral. Este periodo de referencia regirá para la mayoría de los trabajadores, pudiendo existir ciertos grupos de ocupados que se desempeñen en sectores que tienen cierta estacionalidad, como comercio, turismo y agricultura. Para estos grupos, por ejemplo, el periodo de referencia podría extenderse a 24 semanas (6 meses). De esta manera, se reconoce la heterogeneidad de los sectores económicos.

 

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