EXTRACTO DE ENTREVISTA DE HERNÁN BÜCHI EN REVISTA LyD: “HOY CORREMOS EL RIESGO DE QUE SE HAGA MUCHO MÁS DIFÍCIL DE REVERTIR ESTE CAMINO DE DECADENCIA”

La pérdida del sentido común. Eso es a juicio de Hernán Büchi, miembro del Consejo Asesor de LyD, lo que prima hoy en día en la sociedad chilena. Algo que no sucede de la noche a la mañana, sino que ha sido fruto de un largo proceso.

“Después de haber tenido un consenso respecto a cuáles son las cosas básicas para poder salir adelante, dar mejores condiciones de vida y resolver los problemas en forma racional y lógica -no en forma mágica-, Chile entró en un declive en el que eso se fue perdiendo. El conjunto de la sociedad olvidó que éramos hasta hace poco un país muy pobre, que había llegado muy abajo y que gracias a esa manera de actuar conjunta y respetuosa del futuro, de los acuerdos, del cumplimiento de las normas salimos adelante. Ese camino, para muchos, dejó de tener tanta validez y de a poco, después de creernos los “jaguares” de Latinoamérica en los ‘90 –con cierta razón porque nunca se había avanzado tanto y a pasos agigantados-, nos estancamos. Hoy corremos el riesgo de que se haga mucho más difícil de revertir este camino de decadencia. La decadencia es un problema en sí, pero cuando ésta se acentúa es mucho más grave. De no salir de ésta, vamos a terminar siendo un caso más entre los países de Latinoamérica que tenían esperanzas, herramientas para salir adelante, pero que finalmente se quedaron atrás”.

¿Comparte la aseveración de que ésta sería la elección más importante de los últimos 30 años en Chile? Obviamente es una elección importante por lo que acabo de mencionar, pero también fueron elecciones importantes aquellas que nos empujaron por este camino de declive. Por ejemplo, cuando fue elegida por segunda vez Bachelet, con una visión mucho más ideologizada y radicalizada, fue una elección muy importante porque precipitó y reforzó lo que vivimos hoy. Entonces, cuando miremos en perspectiva histórica, vamos a decir que ésta sí fue una elección importante -como también lo fueron otras en su momento-, lo que pasa es que la actual todavía no está resuelta. Todo debe verse en perspectiva y no le quito responsabilidad a las decisiones que se tomaron en otros momentos en Chile.

¿Qué elementos han estado ausentes en la campaña?

Hay muchos, pero no es que nadie los haya planteado, sino que el ánimo social todavía sigue siendo el pedir y que los políticos, por medio de una vara mágica, resuelvan todos los problemas. Se ha olvidado que lo que se logró en el pasado no es porque un grupo de políticos se sentó y dijo: “hagamos esto y mejoremos”, sino que fue producto de que la sociedad entera tuvo capacidad de crear y de cooperar de forma constructiva. Y el sistema político debe dejar que eso suceda en todos los ámbitos de la sociedad, en todos los acuerdos voluntarios de las personas en el día a día. Me parece que ese concepto no ha estado suficientemente presente: hay que ser ordenados, pensar en el futuro, trabajar y ser responsables. Eso aún no se destaca en el debate y sin él, no hay país que tenga solución.

¿Por qué hoy ya no se toma en cuenta la opinión de los técnicos? En la discusión del cuarto retiro y en una serie de otros proyectos, tanto el Banco Central, como otros organismos especializados han hecho valer sus reparos, sin lograr convencer a los legisladores.

No sé si la opinión de los técnicos, lo que ya no se toma en cuenta es el sentido común. Hay un porcentaje de personas a las que no les interesa tener en cuenta lo que dicen los técnicos ni el sentido común, sabiendo las consecuencias. Tienen una visión de Chile más confrontacional y creen que no son las personas y los acuerdos voluntarios los que hacen progresar a un país, sino que un grupo de dirigentes sentados imponiendo un camino único. Y es una pena porque se parece mucho a revivir discusiones absolutamente obsoletas de hace 70 años. Otro grupo de políticos toman esta idea de que el sistema político debe resolver por arte de magia todos los problemas y ven en ello la manera de potenciar su imagen ante la opinión pública. Obviamente hay otros que sí entienden que este comportamiento es errado, pero no logran que su visión sea la mayoritaria. ¿Cómo vamos a tener mejores pensiones si sacamos la plata ahorrada para ello? Es casi absurdo. Se entiende que hay gente que necesita recursos, pero no se puede recurrir a las ahorros previsionales para resolver los problemas si reconocemos que las pensiones son insuficientes. Claramente hay otro propósito -y se puede ver en el programa de al menos uno de los candidatos- y es volver al mecanismo en que un grupo de políticos toman decisiones por toda la ciudadanía. Es cosa de mirar a Argentina, que estatizó los fondos con la promesa de darles a todos una pensión, pero -sin querer juzgar a ningún país- la discusión que hay allá es por qué algunos tienen pensiones que son realmente un privilegio y otras que son realmente miserables. Los chilenos debiésemos mirar si ese camino nos gusta o no.

¿Qué esperar de un próximo gobierno -independiente de quién salga- en materia económica?

Espero que haya una diferencia entre quién sale elegido, pero hay un elemento común y es que contamos con ventajas y desventajas. La desventaja es que tenemos una situación en que se ha deteriorado el espíritu básico de que las cosas tienen un tiempo para resolverse y que se requiere actuar constructivamente para tener más, no es un simple acto de magia o de subir impuestos o de expropiar a los ricos. Además, producto de las ayudas que el gobierno ha entregado para apoyar a las familias afectadas por la pandemia mundial, nuestra economía ya no tiene las fortalezas macroeconómicas que tenía 24 meses atrás. La ventaja es que aún seguimos teniendo organizaciones empresariales y de trabajadores fuertes y sectores productivos competitivos a nivel mundial. El gobierno que viene deberá enfrentar los problemas que acabo de mencionar y aprovechar esas ventajas. ¿Qué puede pasar? que en vez de aprovechar las ventajas que quedan, terminen tratando de “estrujar” esas instituciones que crean riqueza a costa de hacer mucho más difícil la recuperación.

¿Se puede decir que los políticos han caído en la trampa del populismo?

No sé si sólo son los políticos los que han caído en eso. Más bien es que la sociedad ha aceptado ese tipo de propuestas que hace un tiempo atrás no habría tolerado. Es cosa de mirar lo que pasó el año 2019. A nadie puede caberle duda de que lo que hubo respecto a los ataques del Metro fue algo que requiere de un tipo de coordinación casi militar, pero fue un catalizador para crear un ambiente de desconcierto e inestabilidad institucional. Algunos, en vez de contrarrestar este ambiente, se han dejado llevar por la marea populista y espero que las personas estén viendo ya, con un poco más de preocupación, que eso no lleva a ninguna parte. El centro de Santiago hoy está destruido y mucha gente que vivía ahí está sumida en la desesperanza. Eso debería generar reacciones y hay que esperar que así sea… a veces las reacciones son más lentas y los oportunistas actúan más rápido porque saben que si no lo hacen, pierden la oportunidad de consolidar su poder.

LOS RIESGOS DE LA CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL

¿Qué riesgos ve en el desempeño visto hasta ahora en la Convención Constitucional?

La Convención Constitucional, en realidad, quiere hacer algo distinto para lo cual fue elegida. Su misión l i b e r t a d y d e s a r r o l l o | ly d . o r g 8 era que un grupo de personas, seriamente, buscara acuerdos amplios y posteriormente los diera a conocer a la ciudadanía para su aprobación, pero lo que vemos es que está llevando a cabo otro tipo de funciones, pretenden convertirse en un poder adicional del sistema político e internamente, en vez de ser una instancia de diálogo, está actuando en forma bastante sectaria. Suponiendo que con el fin de legitimar que escucha a muchos, llama a plebiscitos y asegura que va a recibir propuestas de distintos sectores. Pero, ¿cómo uno puede creer que si se les permite llamar a plebiscitos lo harán con ecuanimidad y sin elegir sólo los temas que a ellos les convienen? Parece una utopía ya que ni siquiera escuchan a los que están dentro de la Convención cuando no les gustan sus opiniones. Es un viejo estilo fascista, que quiere parecer democrático pero sólo busca ratificar la opinión que quieren imponerle a los demás.