LA IMPORTANCIA DE EVALUAR LOS PROGRAMAS PÚBLICOS

La Dirección De Presupuestos (Dipres) publicó recientemente los resultados de las evaluaciones ex post realizadas a 17 programas sociales, de fomento productivo y de desarrollo institucional con el objeto de generar información relevante para promover la eficiencia y la eficacia en la asignación y uso de los recursos públicos el proceso presupuestario 2021.

Según la Economista Senior de LyD, Macarena García “en el marco actual de una debilitada sostenibilidad fiscal en un contexto de crisis social y económica, la eficiencia en el uso de los recursos públicos pasa a ser una imperiosa necesidad” y por ello las evaluaciones a los programas públicos son una fuente importante de información para la toma de decisiones en el marco del presupuesto 2021.

En la evaluación de programas de 2019 de la Dipres los resultados no son muy alentadores: ninguno de los 17 programas obtuvo un “buen” desempeño, 6 fueron clasificados con desempeño “medio” (16% del monto total), 7 con desempeño “bajo” (20% del monto total) y 4 con “mal” desempeño (63% del monto total).

Sobre dicha evaluación, García explica que, sin desmerecer su importancia, hay elementos en los cuales sería adecuado implementar mejoras.

1. Preocupa que los resultados no vinculantes, ni en el corto ni en el mediano plazo, y que no exista una relación directa y explícita entre recursos y desempeño. Al respecto, una evaluación no satisfactoria debe ser una luz de alerta que genera acciones a implementar (las cuales ya se elaboran) y reevaluar en un plazo establecido de forma de mejorar los resultados (no se lleva a cabo). El proceso de evaluación de una iniciativa se da por finalizado una vez que se incorporan los cambios comprometidos, no habiendo, necesariamente, una nueva evaluación que determine el impacto que la reformulación o cambio tuvo en los beneficiarios o en la forma de ejecutar los programas. De este modo, no existe un mecanismo concreto que permita determinar si las falencias fueron superadas.

2. Los programas evaluados representan un porcentaje menor del gasto total del sector público, limitando aún más el impacto de estas evaluaciones. Puntualmente en la evaluación 2020 estos programas representaron un porcentaje algo mayor al histórico (5% versus 1%) ya que se consideraron dos programas importantes en términos de recursos: Subsidio Nacional al Transporte Público y Fondo Solidario de Elección de Vivienda DS49, los cuales salieron mal evaluados.

3. Se continúan observando dificultades para asignar una calificación a todos los a evaluar de cada programa (diseño, implementación, eficiencia y resultado). Para contar con una calificación final del programa no se requiere evaluar los cuatro aspectos involucrados (diseño, implementación, eficiencia y resultado). Más aún, la calificación puede realizarse incluso cuando se haya evaluado sólo uno de los aspectos, dejando en entredicho la solidez de la calificación final de la evaluación. En particular, de los 17 programas sólo fue posible evaluar los resultados en 7 de los programas y la eficiencia en solo 4. Esto deja de manifiesto la necesidad de vincular ex ante la puesta en operación de un programa con su método de evaluación. Es decir, que en la etapa de diseño de un programa se defina cómo se evaluarán cada uno de sus aspectos, principalmente sus resultados.

4. La antigüedad del programa no es sinónimo de madurez ya que, al igual que años anteriores, los programas con problemas de evaluación (bajo o mal) presentan una elevada antigüedad (17 años).

Para efectos de comparar los resultados de la evaluación 2020 con las realizadas a partir del 2011, producto de cambios metodológicos, fue necesario ajustar las evaluaciones a “bueno” (correspondiente a “buen”), “suficiente” (correspondiente a “medio”) e “insuficiente” (correspondiente a “bajo” y “mal”).

Según explica Macarena García, una mirada temporal de estas evaluaciones muestra que, aun cuando se observan resultados disímiles en prácticamente todos los años, los recursos destinados a los programas calificados como “insuficientes” representan la mayoría.

 

 

 

Otra mirada interesante, especialmente en el contexto de la necesidad urgente de avanzar en la modernización del Estado para gestionar más eficientemente el gasto público, muestra que los programas evaluados bajo esta metodología (EPG) representan un porcentaje reducido del presupuesto fiscal total de cada año.

 

“No hay duda que un sistema de evaluación de programas gubernamentales es una herramienta fundamental para una asignación eficiente y efectiva de los recursos involucrados en el proceso presupuestario. Sin embargo, observamos que el sistema vigente presenta numerosos espacios de mejora como, por ejemplo, vincular el diseño e implementación del programa a indicadores objetivos de medición de los cuatro aspectos a evaluar; implementar algún sistema de vinculación entre las evaluaciones y la continuidad del programa; potenciar la rigurosidad de las evaluaciones; y ampliarlas hacia más programas”, concluye la economista.