CECILIA CIFUENTES EN EL MOSTRADOR MERCADOS: «QUERIDO VIEJITO PASCUERO»

Querido Viejito Pascuero:

Esta será una carta un poco diferente a las que recibes usualmente, ya que más que mandarte una lista de regalos, quiero ponerte al tanto de una situación que viene pasando en Chile desde hace un tiempo en forma creciente, y que me parece te atañe directamente.

Cada vez más los gobiernos en este país te quieren suplantar, y ser ellos los que hacen los regalos. En los últimos años se han multiplicado los bonos, que se reparten primero frente a eventualidades adversas, y luego se hacen permanentes. Se empiezan a sumar además promesas de gratuidad y derechos universales. Además te hacen competencia desleal, porque a mí siempre me enseñaron que los regalos del Viejo Pascuero se dan a los niños que se portan bien y cumplen con su deber.

Estas promesas del gobierno son de derechos a cambio de nada, el discurso de los deberes se escucha poco o nada.

Pero no sólo por eso los gobiernos te hacen una competencia muy injusta, sino también porque los regalos los hacen con plata ajena, no como tú que debes mantener a un enorme ejército de duendes que fabrican los juguetes con mucho esfuerzo y dedicación. Las campañas políticas terminan siendo así un verdadero listado de regalos de los políticos a sus votantes, y si la plata no alcanza, no importa, se suben los impuestos y paga Moya.

Lo anterior no sería tan grave si no fuera porque con esta idea de reemplazarte, los gobiernos están dejando de cumplir con una de sus funciones esenciales, casi su razón de existir: garantizar la seguridad pública. En este ambiente de derechos, los delincuentes se han empoderado al extremo, y la seguridad pública, la tranquilidad de caminar por la calle o de sentirse protegido dentro de la propia casa son bienes cada vez más escasos. ¿Será que el gobierno espera que te pidamos a ti la seguridad pública? A estas alturas creo que tú lo harías mejor.

Me imagino que ya has empezado a sentirte algo molesto y preocupado, y todavía me falta contarte algo más: los gobiernos quieren además multiplicar por varias veces la clientela, intentando que todos nos sintamos como niños, no en su maravillosa ingenuidad y honestidad, sino en que dejemos de hacernos responsables de nuestros actos. Resulta que ahora si tenemos kilos de más, es culpa de las empresas de alimentos, si estamos endeudados, es culpa de los bancos, si somos muy consumistas, es culpa de la publicidad, y si somos egoístas, individualistas y codiciosos, es culpa del modelo.

Finalmente, no somos responsables de nuestras decisiones, somos eternamente niños. Al menos a mí, esta puerilidad que se quiere lograr me preocupa profundamente, porque una sociedad infantilizada deja de desarrollarse. ¿Podrías tú ayudarme a dejar claro que la niñez sólo dura unos pocos años, y que luego de eso nuestro destino depende de nosotros mismos?

Cecilia Cifuentes
Economista Senior de LyD