HOY SE REALIZAN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN COLOMBIA, ES POR ELLO QUE LES DEJAMOS LA COLUMNA DE MARCELA ESCANDÓN VEGA, DEL ICP HERNÁN ECHAVARRÍA OLÓZAGA, COLOMBIA.
En una decisión que aún requiere ajustes institucionales y políticos, el Congreso colombiano aprobó en 2004 una reforma constitucional para permitir la reelección inmediata –por una sola vez- del presidente de la República en ejercicio. Con ello, el mandatario de entonces Álvaro Uribe Vélez consiguió habilitar legalmente su segundo período de Gobierno, aunque cuatro años más tarde la Corte Constitucional pusiera freno a una tercera aspiración. Desde entonces, la reelección es un tema polémico que en lugar de asociarse a la experiencia y continuidad de un programa de gobierno, resulta ser sinónimo de falta de garantías, intereses individuales y exceso de poder.
Diez años después de la reforma, el presidente Juan Manuel Santos pretende mantenerse cuatro años más en su cargo, lo cual ha puesto a prueba por segunda vez la Ley de Garantías (Ley 996 de 2005), norma promovida para asegurar igualdad de oportunidades entre candidatos (en especial de oposición) y regular la participación política de funcionarios, incluyendo al candidato-presidente. Sin embargo, persisten denuncias desde diversos sectores del espectro político por inseguridad y falta de condiciones idóneas para adelantar campañas. En efecto, si bien partidos de izquierda como el Polo Democrático Alternativo y la Unión Patriótica han enfrentado atentados y falta de garantías, movimientos de derecha como el Centro Democrático (plataforma electoral del expresidente Álvaro Uribe) también denuncian amenazas e irregularidades en procesos como inscripción de listas y registro de su logo y nombre. Así, se señala que el diseño institucional y las condiciones de campaña favorecerán la reelección de Santos.
Además de la reelección, un tema fundamental es el de la paz. La postura de los candidatos frente a las conversaciones con la guerrilla de las Farc para la terminación del conflicto ha sido un indudable factor diferenciador. En una cultura política que aún no supera el clientelismo, la desconfianza y apatía ciudadana, la compra de votos y la debilidad partidista, el pronunciamiento frente al proceso de La Habana es uno de los pocos temas que han orientado a los colombianos a la hora de decidir el voto. De hecho, la actual campaña se ha caracterizado por pocos debates y muchas acusaciones. Cuestionar al adversario desatando escándalos en su contra con pocas pruebas ha sido la constante entre las campañas de los dos candidatos que lideran las encuestas: Santos y Zuluaga.
En efecto, la ciudadanía ha manifestado su inconformidad frente al lenguaje agresivo y la “guerra sucia” a través de los medios de comunicación y las redes sociales: por un lado, se acusa a un asesor del candidato Presidente de haber recibido dineros del narcotráfico, y por otro, se filtró un video en el que supuestamente el candidato uribista indaga por información reservada de inteligencia militar para usarla en contra de Santos.
En síntesis, hasta el momento ningún candidato cuenta con ventaja suficiente para ganar en primera vuelta, lo cual aplica también para el Presidente Santos, por lo que si bien resulta probable su reelección, lo que juega a su favor es la división de sus contendores, la inercia del ejercicio del poder y la ausencia de un candidato que lo supere contundentemente en las encuestas, más que la aprobación de su gestión o un respaldo popular generalizado.
